Diario UNO “El dilema del hombre que llora”

Diario UNO “El dilema del hombre que llora”

may 7, 12 • In Columnas, Política, Tapa

Pasado el festejo por YPF, a Paco Pérez lo aguarda una dura realidad. En su discurso legislativo perdió la gran chance de comunicárselo a los mendocinos.

Por Andrés Gabrielli

Para Francisco Pérez hay tanto de risa como de llanto en estos días tan particulares que le tocan vivir.

La parte de jolgorio no es de acá. La provincia no le da demasiados motivos para festejar nada, aunque él repita a cada rato que es un orgullo poder gobernar una tierra tan maravillosa.

Se trata de un cotillón heredado.

Le baja por vía lateral desde la Presidencia de la Nación, cuya capacidad para convertir el drama en fiesta, el error grosero en virtud mesiánica, denota un arrojo y una creatividad de la que Paco hasta el momento carece.

Pero la algarada en torno a YPF no durará para siempre. Llegó a su punto culminante el viernes, en ocasión del discurso de la presidenta Cristina Fernández dando a conocer el nombre del nuevo gerente general de la compañía, Miguel Galuccio.

Tras la euforia, el banderazo y el papel picado en Buenos Aires, espera, ahora, aquí, la realidad.

La áspera, despiadada realidad.

El balazo policial que acabó ayer con la vida de Franco Díaz, un joven de 19 años, en el barrio Sardi, de Godoy Cruz, fue un brutal llamado a ocuparse de las prioridades cotidianas.

Las mismas prioridades, de índole social, que hicieron emocionar hasta las lágrimas a Paco en su discurso del martes ante la Asamblea Legislativa.

Una oportunidad perdida
Decíamos hace una semana, en este mismo espacio, anticipándonos al discurso del gobernador, que una de sus opciones era “ponerse una mano en el pecho y reconocer la multitud de desafíos que tiene por delante. Entre ellos, el preocupante rojo en las cuentas públicas”.

Hubiera sido un saludable ejercicio de realismo político.

No lo hizo.

Prefirió arroparse en el mullido cubrecama de sus sueños, lanzando caminos y otras realizaciones al aire como quien marcha libre de equipaje.

Así, Pérez perdió una oportunidad de oro: la de pintarles a los mendocinos, en general, y a los gremios estatales, en particular, un sincero y claro cuadro de situación para que todos supieran cuál es la magnitud del esfuerzo que se les reclama.

Era el momento adecuado.

Porque el actual déficit fiscal es una herencia que le dejó Jaque. El año próximo ya no podrá transferirle dicha responsabilidad a nadie.

Lo importante y lo superfluo
Hay que entender psicológicamente la actitud del gobernador. Quiere presentarse ante la sociedad como un ejecutor, un dirigente positivo, que mira firmemente hacia adelante. Le molesta sobremanera que lo vean como un llorón anclado en el pasado.

Su afán, pues, es hacer anuncios, contagiar optimismo.

Pero, para tener alguna chance de que esas proyecciones elaboradas en su laboratorio de ideas puedan concretarse, Pérez necesita, además, separar lo importante de lo superfluo.

Y es justamente lo que no supo hacer en su larga parrafada del 1º de Mayo, que no tuvo nada que envidiarles a los temibles somníferos de Jaque.

Por ejemplo, un asunto esencial para la provincia –y que es uno de sus berretines– como la necesaria reforma política y constitucional se mencionó como al pasar, quedando sepultado bajo una maraña opaca, como la recuperación de camiones viejos para AYSAM, la plantación de árboles, la compra de duplas o la incorporación de seis micros para el Unimev.

Al estadista que pretende ser Paco lo ahoga el burócrata empecinado en mostrar cada uno de sus cartapacios.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde
Paco Pérez es hoy un hombre escindido. Tiende a proyectarse hacia el escenario trascendente que vislumbra como posible y propio en lo nacional, pero a la hora de los bifes queda atrapado, personalmente, en cada una de las minucias de la gestión cotidiana.

Su carácter es pasional, volcánico, pero efectúa un esfuerzo sobrehumano para lucir ante los micrófonos y la opinión pública como una persona serena, controlada.

El resultado es una impostación permanente. Emite una nota falsa que poco comunica.

La contención lo atormenta.

Por eso mismo, cuando algo superior a él logra emocionarlo (es persona sensible y con altas aspiraciones) y le brotan espontáneamente las lágrimas, es cuando su figura se humaniza y desacartona.

Aparece el mejor Paco.

Algo no menor, en la confrontación, para un ferviente y amantísimo seguidor, al pie de la tribuna, de la Presidenta, una tórrida, notable oradora.

Un líder no un encuestador
¿Por qué, en suma, Paco Pérez necesita subir todos los puntos de su rendimiento individual?
¿Por qué debe mostrarse realista y pragmático, audaz y creativo? ¿Por qué con altura de conductor o caudillo, en vez de actuar como un notario puntilloso y gris? ¿Por qué ser motivante y expansivo, en vez de cohibirse ante las cuestiones complicadas?
Porque lo que tiene en el horizonte es muy complicado.

No cuenta con dinero en sus alforjas y los préstamos para cubrir el bache son cada vez más y más caros debido a la cruzada ypefiana.

La Nación, según lo visto hasta ahora, será cualquier cosa menos magnánima.

YPF, pese a las celebraciones, no será una fuente de lucimiento ni una panacea para las provincias, que volverán a ser furgón de cola del Gobierno nacional.

No tendrá, tampoco, cuatro años de crecimiento a tasas chinas como gozaron Cobos y Jaque, sino todo lo contrario.

Ni se vislumbra en su panorama discursivo un cambio de paradigma que mejore estructuralmente los recursos.

No dispone, como Cristina, de la cancha libre en materia política. En Mendoza todavía hay oposición. Todavía existe el radicalismo, último mohicano.

No tendrá tregua. Ni con la inseguridad ni con la cuestión social.

Es cierto, por otra parte, que nada de lo dicho hasta aquí conforma un cuadro catastrófico ni irreversible.

Pero exigirá una capacidad de gestión superior a la habitual.

Como dijimos al comienzo de su mandato: Pérez, por imperio de las circunstancias, deberá ser mejor gobernador que Cobos y Jaque.

Necesitará, mucho más que ellos, motivar a los mendocinos para que lo sigan. Ser convincente.

Y no, como dijo en el discurso, para saltar el cerco minero, que “la agenda del gobernador es la agenda de los mendocinos y las mendocinas”.

Hace falta un líder, no un encuestador.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/El-dilema-del-hombre-que-llora-20120506-0006.html

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