Mad Men, “La gran novela americana”

Mad Men, “La gran novela americana”

may 21, 12 • In Misceláneas

Por: Guillermo Altares | 21 de mayo de 2012

“La gran novela americana”, tituló recientemente en primera página la revista Ñ, el suplemento cultural del diario argentino Clarín.
No se refería a El gran Gatsby, ni siquiera a Libertad; sino a la serie Mad Men, que el domingo por la noche volvió a Canal + con su quinta temporada después de dos años de ausencia. El paralelismo está muy bien traído porque la serie de Matthew Weiner es a la vez la historia de un país –también de una sociedad, la nuestra– y de unos personajes, es un relato colectivo pero también individual como ocurre con las grandes narraciones literarias. Claro, que también podríamos escribir eso de Forrest Gump, de la familia Alcántara o de la Comedia Humana. El primer secreto del éxito de la serie estaba en que describe lo que puede ocurrir en Alcorcón si Sheldon Adelson consigue instalar sus casinos : el mundo más allá de lo políticamente correcto.

Al principio, enganchó a muchos espectadores porque era casi como un capítulo de National Geographic sobre el amanecer de la humanidad: esos tipos que fumaban en los ascensores, trataban a las mujeres como objetos, no conocen el cinturón de seguridad y desayunaban con vodka parecían sacados de la prehistoria de la especie. Aunque ese regreso al pasado, como los documentales de animales, también nos muestra con bastante habilidad lo que, en el fondo, seguimos siendo. “Hay una cierta nostalgia de un mundo un poco más irresponsable, pero un poco menos estricto”, dijo el novelista Javier Marías para explicar su afición a la serie a la vez que mostraba su incomprensión hacia un artículo del historiador Daniel Mendelsohn en The New York Review of Books , que levantó una gran polémica, porque criticaba la serie precisamente por eso. “Era como si condenase ese mundo, como si dijese: ‘Miren que malos eran nuestros padres, como fumaban las embarazadas”, replicaba Marías. Mad Men nos muestra lo que hemos ganado, pero también lo que hemos perdido y, sin duda, nos describe lo que fuimos y lo que somos en cuanto cruzamos las fronteras asépticas de Occidente (o rebuscamos un poco en el subconsciente).
La serie también es un relato de un momento crucial de la historia estadounidense y europea, el paso de los cincuenta a los sesenta y la genialidad de Weiner está en hacerlo a través de una empresa de publicidad: hay pocas cosas que reflejen con tanta precisión y con tanto descaro los cambios sociales como la publicidad. La obsesión competitiva en el trabajo, las puñaladas traperas, aquellos momentos en que no está claro si el enemigo es la competencia o los compañeros le dan mucha fuerza y actualidad a la serie. Como dice Gordon Gekko en Wall Street 2. El dinero nunca duerme. “La avaricia es buena. Ahora además es legal”. De eso también va Mad Men: de la construcción del mundo económico en el que vivimos, del nacimiento de ese inmenso espejismo que ahora se desvanece.

Pero, además de esa mirada al otro lado del espejo, la serie tiene una clave fundamental: sus personajes. Y eso queda más claro que nunca en la quinta temporada. Funciona la trama, funciona el trasfondo histórico –en este caso, el principio del combate contra la discriminación y la lucha por los derechos civiles–, funcionan las cuchilladas en la oficina y las campañas publicitarias, los muebles llenos de botellas en los despachos y los ceniceros rebosantes siguen siendo un atractivo pero, por encima de todo, están los protagonistas. Y no se trata sólo de Don Draper (Jon Hamm). Es verdad sin ese personaje que se mueve entre el Tom Ripley de Patricia Highsmith y el Jay Gatsby de Francis Scott Fiztgerald , que siempre arrastra la sensación de que la fiesta se va a acabar en cualquier momento, de que el éxito puede evaporarse con la llegada de una carta certificada, la serie no sería lo que es. Pero si hay algo sorprendente y acertado en esta última entrega es la evolución de los personajes.


Los grandes artesanos del Hollywood clásico, cineastas como John Ford o Howard Hawks, sabían que sin grandes secundarios no puede haber una gran película, que toda narración tiene que tener algo de coral. Peggy Olson (Elizabeth Moss) sigue tratando de salir adelante en un mundo de hombres, pero es mucho más humana, mucho más compleja; Betty Draper / Francis (January Jones) es demasiado inteligente para no verse desbordada por su vida; Pete Campbell (Vincent Kartheiser) se sale del mapa en la quinta y el espectador tiene más ganas que nunca de partirle la cara, mientras que, a la vez, no puede dejar de sentirse fascinado por el tipo más capullo de Nueva York y suburbios. Megan Draper (Jessica Paré) tiene todavía mucho que contar, aunque su baile del zubi-bizu deja el listón muy alto, mientras que Roger Sterling (John Slattery) parecía que ya lo había dicho todo y, sin embargo, es casi el mejor personaje de la nueva temporada.
Se puede contar poco sin revelar mucho. Han pasado dos años: nosotros tal vez no somos los mismos y, desde la luego, nuestro mundo ya no es el mismo. Pero Mad Men sigue allí para contarnos de donde venimos y, tal vez, a donde vamos, para regresar al pasado mientras nos preguntamos si en cierta medida no estamos viajando al futuro.

Más información:

La quinta de Mad Men en Quinta, por Álvaro P. Ruiz de Élvira

Vídeo 5ª temporada: Regresan los sesenta , por Miriam Lagoa

‘Mad men’ regresa cínica , por Jesús Ruiz Mantilla

Algo tiene Don , por Elvira Lindo

Ser niña en la era ‘Mad Men’ , por Borja Bas

Los anuncios de Mad Men revolucionan Nueva York , por Barbara Celis

Cinco años después, Mad Men sigue imponiendo estilo, por Paloma Abad

Avances de la quinta temporada de Mad Men

http://blogs.elpais.com/quinta-temporada/2012/05/mad-men-regreso-al-pasado.html

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