Ronda el fantasma del ajuste

Ronda el fantasma del ajuste

jul 8, 12 • In Columnas, Política, Tapa

La mayoría de las provincias tiene problemas de caja. La Nación aprovecha para disciplinar políticamente. La situación de Scioli angustia al peronismo.


La Presidenta Cristina Fernández. Ilustración de Diego Juri.

Por Andrés Gabrielli

Un fantasma recorre la Argentina. El antipático fantasma del ajuste en las provincias.

El espectro se presenta, hoy por hoy, en los afiches con el rostro de Daniel Scioli.

Gobernador de Buenos Aires, o sea, de casi medio país en términos electorales y políticos, Scioli representa un síntoma y una advertencia.

El síntoma denota una enfermedad desvelada por la Presidenta y, luego, repetida por el coro de propaladores: los gobernadores administran mal.

La advertencia, siempre en nombre de Scioli, es para todos ellos, para todos los gobernadores: deberán arreglárselas con lo propio.

Es una medida disciplinaria. Ante el escenario electoral que empieza a tomar cuerpo, inexorablemente, la gran caja nacional, frente a las magras cajas provinciales, y en un año de retracción y crisis, sirve para mantener el rebaño en el brete.

El pecado de Daniel

Hasta no hace mucho, Scioli era un modelo de subordinación y paciencia.

De golpe y porrazo pasó al bando de los réprobos de manera más sorpresiva que Hugo Moyano, por haber sido siempre una figura mucho menos irritante y exigente que el líder camionero.

Su gran pecado no es, según se lo acusa ahora, encarnar un proyecto ajeno al “modelo”, esa entelequia retórica que sirve para justificar cualquier degollina.

En los nueve años de kirchnerismo, Scioli ha sido, grosso modo, siempre el mismo.

El verdadero pecado es que viene de sincerar su apetencia, natural en cualquier político de su rango, de competir por la presidencia en 2015.

Congoja peronista por Scioli

Que dentro de las filas cerradas del kirchnerismo salgan, tempranamente, a esmerilarlo a Scioli también parece una reacción natural y comprensible.

En la carpa K se pretende la continuidad de Cristina Fernández en la presidencia, modificando, claro está, la Constitución. En su defecto, el “plan B” es traspasarle el poder de manera límpida a un príncipe (o princesa) heredero.

Lo que sí llama la atención es el grado de virulencia que va adquiriendo, día a día, el embate contra el bonaerense. La consigna parece que es sacarlo de la gobernación al precio que sea.

Ese cualquier precio implica extremar los padecimientos de los bonaerenses en materia de salarios, de seguridad, de actividad económica, de calidad institucional…

El peronismo, mientras tanto, no observa pasivamente este escenario de guerra como si fuera una película ajena a su existencia.

Siente una angustia parecida a la de los bonaerenses. Se compadece de la suerte de Scioli, aunque no sea considerado un “adalid del modelo”.

“No se puede estar tirando todo el día a alguien por la ventana. Menos aún si es de la envergadura de Scioli”, comentaba, ayer mismo, un importante legislador del PJ mendocino en el rito cafetero del sábado a la mañana.

“La pelea con Moyano puede entenderse, pues es una pelea pura y simple por el poder. Pero Moyano, de última, no es popular, alguien querido por el grueso de la opinión pública. Scioli es otra cosa. Y puede fomentar la solidaridad, en las distintas provincias, de otros peronistas como Reutemann, De la Sota, Romero, etcétera”, sigue el razonamiento.

No es ésa la mejor manera de disciplinar por parte de la Presidenta, entienden. Hay que hacerlo mediante la persuasión, el diálogo, no con el garrote vil, como le están aplicando a Scioli.

En resumen: un fantasma recorre, hoy también, al peronismo.

Un personaje ambiguo

No sólo Scioli tiene estrecheces de caja. “La mayoría de las provincias argentinas están atravesando por un serio problema fiscal”, explicaba ayer el colega Rodolfo Cavagnaro, detallando las complejas causas que derivan en esta situación.

Y los gobernadores en apuros dependen del salvavidas que les pueda tirar (o no) la Nación.

El mayor inconveniente del caso es que no se trata sólo de una cuestión económica, sino, principalmente, política.

La caja, hoy, es el espolón que posee el poder nacional y con el que somete a cada uno de los mandatarios provinciales.

Y aquellos que están en peor situación son los más atribulados.

Las tribulaciones aumentan si se mira el campo erizado de espinas por el que atraviesa Scioli.

“¿Puede pasarme lo mismo?”, se pregunta cada uno de ellos.

La respuesta no resulta sencilla, pues Scioli es un personaje raro.

Entre la gran cantidad de mensajes en Twitter que le dedicaron ayer al gobernador bonaerense tras su conferencia de prensa donde relató que la Presidenta le había manifestado su “predisposición para seguir trabajando juntos”, hubo un tuit de Natalia Gómez Platz que lo retrata: “Seguimos sin saber si #Scioli es una ameba, un genio, un estratega o un pelotudo. ¡¡¡De lo que no hay dudas es de que está hecho de amianto!!!”.

Paco está tranquilo

Frente a ese confuso panorama, y teniendo en cuenta las congojas de su colega, ¿cómo está el gobernador mendocino, Francisco Pérez?
Hay una palabra que lo define en este momento: tranquilo.

Paco está “tranquilo”. Lo repite él a cada momento, confiando a rajatabla en que la Presidencia destrabará el dinero que debe girarle el Banco Nación para afrontar las urgencias de caja.

Nada lo lleva a pensar que las idílicas jornadas que vivió en Mendoza junto a Cristina durante la Cumbre del Mercosur lo lleven, a posteriori, por un camino de incertidumbre.

No es el mismo ánimo el que embarga a su ministro de Hacienda, Marcelo Costa, que se devana los sesos tratando de cumplir con los compromisos del Tesoro provincial.

Costa sí siente una angustia real por lo que sucede en Buenos Aires. A fin de cuentas, en ese ámbito se mueve uno de sus mentores intelectuales y guía espiritual, el hoy presidente del Grupo Banco Provincia, Santiago Montoya, quien, al justificar la emergencia económica que pretende declarar Scioli, reconoció que se “está pidiendo un esfuerzo extra a las provincias”.

En estas horas, Costa pudo respirar con algún alivio tras cerrar “los primeros 500 millones de pesos”: 400 del Macro y 100 del Hipotecario.

No obstante, lo que impera es la cautela. Una gran cautela. Por empezar, admitió ayer en radio Nihuil que el déficit provincial se duplicará debido a los aumentos salariales.

“Seguimos en una situación comprometida y delicada, pero controlable”, diagnostica.

Y mientras el Gobierno provincial busca normalizar la cadena de pagos con los proveedores, tiene en claro una cosa: no hay ninguna chance de volver a discutir sueldos.

Lo esgrime con la fuerza de un dogma. Inapelable.

Para mantenerse en esa posición, el gobernador Pérez necesitará afirmar, cada vez más, su fortaleza y su autoridad políticas.

La relación con la Presidenta, por lo tanto, resulta fundamental.

Fundamental hacerle una finta al fantasma que recorre la Argentina y el peronismo.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Ronda-el-fantasma-del-ajuste-20120708-0003.html

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