Encadenados en el país bipolar

Encadenados en el país bipolar

jul 29, 12 • In Columnas, Política, Tapa

Vivimos un eterno Boca-River, yendo de la euforia a la depresión. Hay que hallar un justo medio entre la Cadena del Miedo y la Cadena de la Felicidad.


Paco Pérez y Cristina de Kirchner. Ilustración: Diego Juri

Por Andrés Gabrielli

La Argentina no puede eludir su destino bipolar. Su conformación facciosa. Su eterno pendular entre lo blanco y lo negro, sin matices.

Su nefasto Boca-River, que lo tiñe todo. Y que ensucia cualquier intento, bienintencionado, de unir las partes enfrentadas en pos del bien común.

No logra, el país, sumar, siquiera, a Maradona y a Messi, y disfrutarlos. No. Hay que ponerlos el uno contra del otro. Sufrirlos. Como dos heridas que se echan sal, mutuamente, en vez de fecundarse.

Por eso pasamos de la euforia a la depresión de un solo salto, de la gloria momentánea al foso oscuro.

Son ficciones de la mente. Paraísos artificiales. Que impiden el lento y laborioso trajinar colectivo en la búsqueda de objetivos, serios, de largo plazo.

Uno de los únicos duelos sectarios que cayó en desgracia, el del viejo peronismo-antiperonismo, fue por defecto, no por virtud.

El antiperonismo hoy no funciona, simplemente, porque no hay oposición.

La oposición se ha ido al descenso. Está jugando en la B. Y si quiere volver a la lucha contra el poder real, tendrá que ganárselo en la cancha, como River.

Otro cara y cruz histórico que caducó es el de unitarios y federales. Por demolición. Por rendición incondicional de las provincias.

La Nación, como una enormísima ave ponedora y predadora, empolla sobre toda la geografía política nacional.

Cadena en blanco y negro

Quien menos escapa al peligroso juego del Boca-River es Cristina Fernández de Kirchner.

Adicta, como ningún otro mandatario criollo, a la cadena nacional, la Presidenta viene de quejarse, justamente, por lo que considera “una cadena nacional del miedo y del desánimo”.

Alude a los medios de comunicación que enfatizan, de manera sistemática, noticias críticas sobre su gobierno.

Suponiendo, por un momento, que la Presidenta tuviese razón y que hay una prédica constante en contra de su gestión, dirigida por Clarín, Canal 13, la señal de cable TN y radio Mitre (más el grupo subalterno de La Nación, Perfil, etcétera).

Suponiendo, entonces, que hay una campaña del todo negativo, tampoco se puede caer en el otro extremo, en el del país de las maravillas que venden 6, 7, 8 y el abundante resto de los órganos oficialistas o paraoficialistas.

En esa isla de la fantasía K no existen recesión ni pobreza ni precariedad, no existe la inflación, que es un invento de la Cadena del Miedo; ni existe la inseguridad, que es un fantasma agitado por la derecha para pegarles a los gobiernos nacionales y populares, según enseña el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

Delirio sobre delirio.

Un nefasto pendular entre la Cadena Nacional del Miedo y la Cadena Nacional de la Felicidad.

¿Cómo escapar a esa intoxicación y encontrar un justo medio, algo que se parezca a la realidad? Porque no todo está mal. Ni todo es jauja, Antón Pirulero en el país-jardín-de-infantes.

Una provincia más realista

Tierra adentro, por fortuna, hay poco margen para bandearse entre la Cadena del Miedo y la Cadena de la Felicidad.

Un poco por el tradicional pudor de los mandatarios locales, otro poco por estrecheces propias que impiden farolear con cosas que ni se sueñan tener.

La de Mendoza es una actitud prudente, pese a que el gobernador, igual que sus dos antecesores, es un fiel seguidor de la administración kirchnerista.

Para evitar, por ejemplo, ser funcional a la Cadena del Miedo, la Provincia dejó de medir oficialmente la inflación.

Pero tampoco come vidrio. No esgrime, como argumento, la inflación de la Cadena de la Felicidad que difunde, mes a mes, el Indec. Números, estos, que no pueden sostener ni los jefes sindicales oficialistas, como el metalúrgico Antonio Caló, el elegido, hasta hoy, para desbancar al camionero Hugo Moyano, devenido en sorpresivo compinche de la Cadena del Miedo.

“Nunca le creí al Indec”, dijo Caló, para quien la inflación ronda el 23 o el 24%.

Tampoco Francisco Pérez, al sentarse a negociar con los gremios, vende humo. Sabe que el aumento del costo de la vida ronda los guarismos de Caló. Sólo arguye que no tiene más plata. Y eso hace honor a la verdad, no al delirio.

Las desventuras del pobre Costa

Nadie estaría más chocho que el ministro de Hacienda si las alborozadas alucinaciones propuestas por la Cadena de la Felicidad fueran ciertas.

El pobre Marcelo Costa dedica, hoy, todas las horas de su vida a juntar monedas en el arcón. La recaudación local y los envíos automáticos de la Nación no son suficientes para cubrir el rojo de las cuentas públicas. Y nada hubo, en lo que va del año, que “lloviera de arriba”, por pura bondad de Cristina, tal cual era la esperanza de esta gestión en sus comienzos.

Costa, obviamente, descree de la Cadena del Miedo. Pero tampoco tiene cómo prometer un cacho de ilusión al estilo de la Cadena de la Felicidad.

Es elemental: un ministro de provincia no posee, al alcance de la mano, cajas alternativas donde manotear en un momento dado para salir del paso como, por ejemplo, las de la ANSES, YPF u otras grandes compañías. No puede cortarles el chorro a los municipios, como sí hace la Nación con las provincias.

Hay poco margen para endeudarse.

Tampoco tiene banco propio (es un delicioso chupetín, hoy, el Central para el Gobierno nacional).

Y, sobre todo, no dispone de la supermáquina de la fantasía que es la Casa de la Moneda.

Si Costa, en este momento, pudiera emitir una cuasimoneda, estaría festejando, por ejemplo, un nuevo billete con la imagen de Cipolletti así como Cristina celebró los cien pesos con la estampa de Evita.

Cabalgando en el desierto

Si “la cadena nacional es la biosfera de Cristina”, como dice Darío Gallo, ¿cuál es la de Paco?

El desierto. El gobierno de la Provincia cabalga en el desierto, cual un personaje de Di Benedetto. Como Aballay, alma en pena.

No obstante, hay gotas que caen y dan vida, sin necesidad de vender quimeras.

Las ampliaciones de las fábricas de envases de vidrio Verallia en Guaymallén y de yeso Knauf en Luján, la puesta en marcha de la minera Vale en Malargüe o el lanzamiento de la sanrafaelina Bianchi de la línea de vinos Leo, que, a través de la figura de Messi, proyectará nuestra industria madre al mundo, son indicios de una Mendoza posible y deseable.

Una Mendoza fundada en el trabajo, alta de miras, pero con los pies en la tierra.

Ajena al miedo que paraliza y al fantaseo que escamotea y obnubila.

 

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Encadenados-en-el-pais-bipolar-20120729-0003.html

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