Espíritu grande sanmartiniano

Espíritu grande sanmartiniano

ago 28, 12 • In Columnas, Política, Tapa

¿Cómo puede destacarse un gobernador si la Nación condena a las provincias a la insignificancia? El desafío de Pérez es hallar un resquicio.

Ilustración de Diego Juri.

Por Andrés Gabrielli

Cuando Francisco Pérez instauró el “Espíritu grande” como lema de su naciente gestión, estaba expresando una carencia.

El gobernador era consciente de que Mendoza se había venido achicando con los años, tanto en cuerpo como en alma.

Padeció esa capitis diminutio cuando fue ministro de Jaque y hoy apunta a revertirla.

De igual modo, cuando Julio Cobos, al asumir su gobernación, dijo que quería recuperar la cultura del trabajo, estaba reconociendo tácitamente que Mendoza había bajado los brazos, se había achanchado.

O cuando, años antes, Arturo Lafalla quiso instaurar una “isla de la transparencia”, estaba advirtiendo un signo decadente. Eran los tiempos en que florecían los procesos contra los ex directivos de los bancos provinciales. Los justicieros, como el fiscal de Estado Aldo Giordano o el juez federal Luis Leiva, eran las estrellas del momento.

Ser grande siendo pequeño

Nadie aquí puede discutir la aspiración de Paco Pérez: es imperioso que Mendoza reconquiste su histórico rol de liderazgo dentro de Cuyo.

El gran problema es cómo se recupera ese terreno perdido.

Sobre todo teniendo en cuenta que, en general, las provincias han pasado a tener un papel cada vez más secundario en el escenario nacional.

El poder central determina todo lo relevante. Y se ufana de ello, con bombos y platillos, con uso y abuso de la cadena nacional. Las provincias apenas son tímidas figurantes.

¿Cómo se expresa, pues, un espíritu grande desde la pequeñez?

¿Cómo sacan pecho los insignificantes?

¿Cómo transmitir una sensación expansiva si ni siquiera al principal gobernador argentino, el bonaerense Daniel Scioli, se le permite lucir un mínimo de brillo propio?

Éste es el gran desafío de Pérez. Es aquí donde debe poner a prueba su talento, aprovechando los resquicios.

En busca del camino propio

El reto al que se enfrenta el gobernador, si quiere llegar a buen puerto, requiere astucia y una dosis generosa de realismo.

De nada valen las expresiones de deseo vacías, tribuneras.

Cuando la oposición mendocina le exige a Pérez que se pelee con la Nación, que desaire a Cristina, bajo un comprensible anhelo federalista subyace una intencionalidad maliciosa. En el fondo quiere hacerle pisar el palito. Quiere que Paco tropiece.

Mendoza no es Córdoba ni Santa Fe ni Capital Federal. Lejos está, hoy por hoy, en condiciones de desmarcarse de la Nación.

La Provincia está atada al palo mayor. Y las ataduras más gruesas se vienen anudando desde hace varios años. Cobos fue uno de los que se ataron con mayor entusiasmo, cuando el kirchnerismo era una fuerza en ascenso y consolidación.

Pérez, en su afán de hacer la diferencia, va encontrando perfiles propios sin necesidad de renegar del modelo al que adhiere fervorosamente.

Uno de esos hallazgos es la veta sanmartiniana.

Bajo la égida del Gran Capitán

Paco lo comprendió rápidamente: Mendoza no podía seguir declinando sus banderas.

Desde San Juan, un avispado como José Luis Gioja ha venido taladrando la base simbólica sobre la que se asentó históricamente la impronta mendocina.

Elemental. La Fiesta del Sol, en manos de Gioja, es un abierto desafío a la Fiesta de la Vendimia.

Hubo, asimismo, otro golpe al corazón: el gobernador sanjuanino empezó a hacer suya la gesta sanmartiniana. Gioja, en persona, se trepa a la montura y encabeza las cabalgatas por la cordillera emulando el paso a Chile del Ejército Libertador.

Mendoza es la tierra sanmartiniana por excelencia.

Ésa es una marca mundial suya. Como el Aconcagua. Como el ser una de las Capitales del Vino.

¿Se viene quedando dormida, como advirtió Cobos?

Lo que hizo Pérez, en definitiva, como reacción, fue aprovechar iniciativas de gobernadores anteriores.

Quien mejor lo había visto fue Rodolfo Gabrielli, empecinado en tener un Lincoln Memorial criollo, un memorial sanmartiniano.

En esa época no competía con los sanjuaninos, sino con los puntanos. En San Luis aducían que gran parte de los soldados del Ejército Libertador eran de su tierra y por eso les erigieron un monumento a los caídos.

Más cerca, fue Celso Jaque quien finalmente mandó a hacer la obra trunca con la que había soñado Gabrielli.

Paco Pérez hizo suyo este derrotero, encontrando un espíritu grande, genuino, propio, bajo el cual guarecerse.

Mendoza seria for export

Dentro del corsé que impone la Nación, la Mendoza deficitaria encuentra su canal de expresión potenciando y vendiendo sus principales virtudes.

No parecen hechos aislados: la Cumbre del Mercosur, el histórico partido de ayer entre Los Pumas y los Springboks, el próximo duelo de la Selección con Uruguay por las eliminatorias, la excelente calificación como plaza de congresos y turística de primer nivel, la calidad enológica, gastronómica y arquitectónica de los Caminos del Vino, etcétera, dan cuenta de una progresión y de la continuidad de una política.

Pérez, eso sí, está obligado a “hacer los deberes”. Debe concurrir a todos los actos de la Presidenta, aun a los más intrascendentes. Debe aplaudir hasta enrojecer sus manos y sonreír con todos los dientes. Promover la “re-re” de Cristina.

Es el box que eligió para esta carrera.

Sin embargo puede dignificarse dentro del mar de la obsecuencia y los discursos descabellados que él, en el fondo, también sufre.

Hay margen.

El jueves, por ejemplo, hizo la diferencia en la reunión del Consejo de las Américas, en el Alvear de Buenos Aires.

Un empresario mendocino presente en el coqueto hotel, ofuscado por los discursos “militantes” del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y del jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, “como si estuviéramos con Alicia en el País de las Maravillas”, contrastó la participación de Pérez.

“Paco fue el más serio de todos. El único con una presentación. Habló de las ventajas de Mendoza como destino de inversiones. No hizo una exposición política, sino hablando de hechos, que es lo que les interesa a los inversores y los empresarios”, según este testigo privilegiado. Habló de petróleo y minería.

Textual: “Seriedad en el discurso, con realidades, contra palabrería barata”.

No es fácil. Pero hay un sendero posible para subsistir y destacarse en el País de las Maravillas que pinta Cristina.

Espíritu grande aun siendo pequeño.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Espiritu-grande-sanmartiniano-20120826-0009.html

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