La excepcionalidad mendocina

La excepcionalidad mendocina

oct 7, 12 • In Columnas, Política, Tapa

La amplia reforma institucional propuesta por Pérez es un gran test para medir el nivel de la política local. Tanto para un “sí” como para un “no”.


Paco Pérez. Ilustración de Diego Juri

Por Andrés Gabrielli

Francisco Pérez acaba de dar el paso más trascendente desde que asumió la gobernación.

Al proponerles a la sociedad y a la Legislatura su proyecto de reforma constitucional, que incluye también un remozamiento político, cumplió con lo central de su ideario.

Fue el núcleo de su mensaje a la Asamblea Legislativa, aunque muchos se distrajeron en ese momento con otros asuntos.

¿Por qué renovar, ventilar, las instituciones mendocinas?

Porque, según su sentimiento íntimo, es un imperativo generacional.

Para no pasar por la función pública cual un burócrata gris, sin pena ni gloria, dedicado apenas a pagar los sueldos y a construir un par de puentes y otras tantas alcantarillas.

Paco Pérez quiere dejar una anotación que lo enorgullezca en el libro de la historia provincial, aunque sea pequeña.

En el idealismo de esa mismísima intencionalidad, sin embargo, puede estar el germen de su fracaso.

El radicalismo no está dispuesto a brindarle así como así la posibilidad de ese brillo, por mínimo que sea.

No hay en sus líderes ninguna objeción seria a la mayoría de los puntos básicos de la reforma que propone Pérez. Puede que hasta tengan más coincidencias que disidencias.

Pero no encuentran nada, hoy, en la relación con el Gobierno que los incline a la generosidad y el altruismo.

No es una novedad.

Desde hace años que la política mendocina se mueve dentro de estos parámetros.

Cortoplacismo puro. Cuestiones de piel. El grado cero de las políticas de Estado.

“Paco” y su necesidad de existir

El gobernador eligió una instancia riesgosa para jugarse a fondo en su apuesta.

El telón de fondo de la política nacional le venía ofreciendo un panorama de confusión e incertidumbre.

Cristina Fernández acaba de pasar dos de las peores semanas desde que es presidenta, a partir de las penosas experiencias en Georgetown y Harvard, y culminando con la crisis, aún en ciernes, provocada por el reclamo salarial de prefectos y gendarmes.

Si bien a Pérez estos asuntos no le atañen directamente, Cristina ha sido, hasta hace poco, su razón de ser en la política.

Lo fue al menos hasta que la absoluta dependencia de esa figura sobrehumana empezó a mostrar serias fisuras.

Por eso el gobernador terminó de entender que, sin abandonar su pertenencia a la causa K y sin manchar su extrema lealtad, debía, al mismo tiempo, trazar un camino propio.

Existir por sí mismo.

A costa de desaparecer del mapa.

Una reforma “a la mendocina”

Pérez ya lleva un cierto tiempo llenando prudentemente su mochila individual.

Fue muy sintomático, en este sentido, cuando aceptó la legitimidad del cacerolazo en Mendoza, apartándose del ala talibán del kirchnerismo.

No menos significativo fue su encuentro, esta semana, con un “réprobo” del peronismo disidente, el ex gobernador puntano Alberto Rodríguez Saá, quien –dicho sea de paso– lo avaló en su envión reformista.

A partir, entonces, de asentarse en cimientos propios es que Pérez adquirió ínfulas para lanzar un mensaje cuyo meollo apunta a “encarar una reforma a la mendocina”.

Atento a esto fue que antes de lanzar la convocatoria pública tuviera la deferencia de avisarles a los ex gobernadores, al menos a los de su partido. Lo mismo hizo en el ámbito universitario.

La pared radical

El empeño de Pérez para que el debate sobre la renovación institucional tenga un carácter absolutamente local choca con el clima político de esta hora.

El radicalismo se entusiasma con hacer una buena performance en los próximos comicios provinciales. Por ende, todas sus especulaciones y cálculos tendrán un carácter eminentemente electoral. Alfredo Cornejo, su presidente, es un “tiempista” y un consumado jugador en el tablero chico de la realpolitik (de hecho, posibilitó en la Legislatura que el candidato de Pérez, Héctor Caputto, llegara al Tribunal de Cuentas).

Por otro lado, la UCR nacional, amenazada de extinción, desespera por hallar un referente que la mantenga a flote. El ex vicepresidente Julio Cobos es hoy una de esas esperanzas.

Cobos actúa en consecuencia: le dice que no de manera rotunda a la reforma. Porque se está dirigiendo a Cristina, no a Paco.

Paco y la provincia le interesan poco y nada en esta etapa. Su apuesta mayor es batirse con la Presidenta y convertirse en candidato para el recambio de 2015. Paco la liga de rebote.

Dirigirse a la gente

El peronismo conoce al dedillo este terreno escarpado que le ofrece la UCR.

“Así y todo, fuimos para adelante, avanzamos en todos los temas”, explican.

Era también una cuestión de oportunidad política: “Ahora o nunca. Porque después vienen la discusión del Presupuesto y el receso legislativo”.

Ante la renuencia inicial del radicalismo, el PJ apuesta a que los asuntos calen hondo en la opinión pública.

“Nuestra aliada será la gente. Y que los radicales se hagan cargo de bajar los temas que están en carpeta”, dicen.

En verdad, hay asuntos muy sensibles en el proyecto que atañen al cuidado del medio ambiente y del agua, a la diversidad sexual, a los derechos de los discapacitados, de los pueblos originarios y de los consumidores. Se plantean viejos reclamos, como el desdoblamiento de las elecciones, la boleta única, el financiamiento de los partidos. Se contempla la revocatoria de mandatos y la consulta popular, se aspira a que los jueces revaliden sus pergaminos a los 65 años. Se mejora la representatividad departamental. Etcétera.

¿Cómo cerrar los ojos ante la amplitud de asuntos vitales para la institucionalidad mendocina?

El radicalismo, al objetar, se concentra en la reelección del gobernador.

Como excusa es pueril (para cualquier democracia seria en el mundo), dado el tenor de lo que está en discusión.

El compromiso respecto de lo que sigue es mutuo.

Tanto peronistas como radicales, con el PD como tercero en discordia, deberán esforzarse ya sea para dar el sí como el no.

En sus argumentos quedará grabado a fuego el nivel de la política mendocina de estos días, en medio de un país que no debate sino que ladra, que no intercambia ideas sino que agrede y descalifica, que no escucha al otro sino que lo aborrece y señala.

Viva la diferencia, podría ser el lema. La excepcionalidad mendocina.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/La-excepcionalidad-mendocina-20121007-0018.html

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