Diálogo con un amigo radical

Diálogo con un amigo radical

oct 21, 12 • In Columnas, Política, Tapa

Para superar el clima histérico de la política, mejor los argumentos que las invectivas. El proyecto de reforma motiva el siguiente ejercicio “socrático”.


Ilustración de Diego Juri.

Por Andrés Gabrielli

La desazón que suscita la política no es un problema exclusivo de nuestra aldea cordillerana. Se extiende a la aldea global.

Hasta tal punto se encuentran abatidos algunos intelectuales que, en España, por ejemplo, hacen suya una sugerencia del premio Pulitzer Paul Goldbeger, quien aconseja: “Hoy el mejor proyecto es no hacer ninguno”.

Una máxima, la de Goldbeger, que, aquí, podrían tatuarse en la frente los cabecillas de la oposición.

¿A qué obedece esto? ¿No hacemos nada porque estamos demasiado bien? ¿O porque estamos demasiado mal y nos hemos vuelto escépticos? ¿O es por un tenaz conservadurismo que fosiliza las instituciones?
No habrá respuesta valedera a tales interrogantes mientras, en Mendoza, el diálogo de los hombres públicos sea un diálogo de sordos.

Decía, días atrás, una mujer sabia, todo lo sabia que se puede ser en los tiempos que corren, la pensadora estadounidense Martha C. Nussbaum: “Nuestro clima político actual es histérico, dado a las invectivas más que a los argumentos. Necesitamos de la filosofía con la misma urgencia que la Atenas de Sócrates”.

Charla a boca de jarro

¿Se puede dialogar, hoy, en torno a la política, como aconseja Nussbaum?

Se puede. Sobre todo si uno se aleja, por un momento, de los micrófonos y del extenuante show mediático de cada día.

Lo que sigue es una charla, fidedigna –aunque no necesariamente textual–, con un viejo amigo radical sobre un asunto central del momento: el proyecto de reforma constitucional y política.

El amigo de marras es una de las autoridades relevantes del radicalismo local. No se revela su nombre porque el coloquio fue informal y en off.

Suena el teléfono. El hombre tiene confianza de sobra como para no decir “Hola”, ni siquiera “Buen día”. Va al grano, directo:

–¿Hasta cuándo vas a castigarnos, en la mañana, por la radio (Nihuil)?

–Recuerdo que mi prédica no es de ahora, no responde al interés de Paco Pérez. Vengo abogando porque la política se anime, de una buena vez, a hacer ciertas reformas, desde mucho antes del gobierno de Jaque. Aparte, ustedes, los radicales, son reformistas por naturaleza. ¿Qué les pasó? ¿Los atacó un virus conservador?

–¡No es el momento! No hay un interés masivo en eso. Si el clima social llegase a cambiar, podría ser. Hoy no.

–De acuerdo, la gente no está interesada ni en el “sí” ni en el “no” a la reforma. Le afligen otros asuntos como la inseguridad, la inflación, la salud, los distintos cepos, la pérdida de libertades individuales, etcétera.

–¿Entonces, por qué insistir con la reforma? ¿Por qué criticarnos si nos oponemos?

–Porque, justamente, al no tratarse de un asunto popular sino de elites, es la gran oportunidad que tienen ustedes –la clase dirigente– de hacerle un servicio a la provincia a través de una discusión seria, con buenos argumentos, en lugar de florearse para la tribuna.

–Pero las urgencias son otras. La Provincia tiene serios problemas estructurales, las finanzas están cada vez más deterioradas, falta gestión… ¿Por qué distraerse en un debate que no es prioritario para la opinión pública?

–Algún día los políticos deberán hacer lo que es necesario sin guiarse, para todo, por los sondeos. De lo contrario, mejor les damos el gobierno a los encuestadores y listo. ¿Qué impide gestionar mejor mientras se abre el debate constitucional? ¿Por qué una cosa debe excluir a la otra? Pueden ir en paralelo.

El mito de la reelección

-Una de las mayores trabas del asunto constitucional es la reelección del gobernador.

–¿Es un pecado acaso? Todas las democracias respetables del mundo permiten una reelección. Obama está en eso, ahora. Debo recordarte, además, que vos fuiste el primero que me convenció de que la autoridad del gobernador se había deteriorado peligrosamente en Mendoza y de que, por lo tanto, había que reconstruirla dándole más poder. La reelección es parte del proceso.

–La situación es distinta. El proyecto de Pérez puede contribuir a la “re-re” de Cristina.

–La reelección del gobernador se viene frenando en Mendoza desde hace décadas, siempre con excusas distintas. ¿Resultado? Que todas las corporaciones provinciales, incluyendo la judicial, la gremial, la legislativa, la comunal y la empresarial, siempre tienen más poder que el gobernador, que es un ave de paso. Aquellos zorros viejos son intocables y se aferran al statu quo con uñas y dientes.

–¡Pero Paco Pérez es muy malo como gobernador! Incluso ha caído mucho su imagen, no califica entre los cincos dirigentes más importantes de la provincia.

–¡Mejor entonces para ustedes! Denle la reelección a Paco y tendrán asegurada la victoria en 2015. ¿Y por qué no lo hicieron antes? Si Jaque era tan malo como ustedes dicen que era, ¿por qué no le facilitaron a él la reelección? ¡Hoy serían gobierno! Tienen poca vocación de poder, che.

–Convengamos que en el proyecto hay muchos asuntos menores, relleno que distrae.

–¡Pero hay cuestiones esenciales para la provincia, que se vienen reclamando, desde hace años, con espíritu federal, como el desdoblamiento de las elecciones! O la boleta única, el financiamiento de los partidos.

–Se pueden sacar por ley. Hemos propuesto avanzar con esos temas políticos y luego abocarnos a la Constitución.

–La política argentina es un juego de fulleros. Tiene que haber un toma y daca. Ustedes ponen algo que les interesa, igual que los peronistas y demócratas. Así, todos ceden algo y gana el conjunto.

–De todos modos, es muy difícil que las cuestiones esenciales se afronten, como el exceso de empleados públicos, la disfunción de muchos entes públicos o la extrema dependencia de la Nación.

–¿Por qué? ¡Esos son, justamente, los asuntos en los que deben ir a fondo!

–¿Quién lo va a hacer? En la provincia, contando todos los partidos, no hay más de 50 dirigentes con nivel suficiente como para hacer un trabajo medular y que sirva de verdad.

–Entonces, que sea ese grupo selecto el que el lidere el proceso, el que le imponga el tono y la cota al debate.

–¿Con qué sustento? La gente, aquí, no vota a estadistas. Vota a aquellos que le endulzan el oído, a los que le dicen lo que quiere oír.

–Lamento decir que estamos de acuerdo.

Fin del diálogo socrático.

Sergio Sinay, en su último libro, La palabra al desnudo, cita a Camus. Dice: “Un país vale lo que vale su lenguaje”.

La provincia valdrá lo que valga su debate. Si lo hubiese.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Dialogo-con-un-amigo-radical-20121021-0006.html

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