El poder de la música

El poder de la música

oct 24, 12 • In Letras, Música y Letras

La mayor parte de los hallazgos que Cristoph Drösser señala en La seducción de la música permiten rechazar un prejuicio fuertemente arraigado: que la mayoría de las personas no son musicales. La musicalidad, al contrario, es una facultad que prácticamente poseemos todos y cada uno de nosotros. Las explicaciones del autor podrán seguirse, además, a través de una páginaque Ariel ha preparado especialmente donde los lectores podrán escuchar diversos ejemplos sobre cada una de las tesis expuestas en el libro.
Como he señalado, la idea central de Drösser es que la musicalidad supone una capacidad básica humana que todos tenemos. Nacemos con una inclinación universal hacia la música que en nuestros primeros años de vida se consolida y se convierte en una sensibilidad y un gusto admirables por la música de nuestra correspondiente cultura. Incluso el aficionado, que no practica música, alberga igualmente unas asombrosas capacidades que él mismo desconoce. Nuestro cerebro es el auténtico instrumento musical que todos poseemos.

La música y el ritmo se abren camino hasta los lugares más recónditos del alma (Platón).

Y es que el culto a la genialidad y la entronización del concepto de talento no solo se limitan a encomiar la capacidad de unos pocos, sino que además pone en duda que el resto podamos tener “madera” de artistas. Hay que tener en cuenta que las grandes empresas discográficas tienen que construir la ilusión de que sus productos artísticos entran en las listas de los más vendidos gracias al extraordinario “talento” de los artistas, y no a las sutiles estrategias de marketing.
Toda experiencia musical modifica el órgano con el que pensamos, interiorizamos las reglas que rigen y dictan cómo debe sonar la música, y desarrollamos expectativas sobre sonidos nuevos y desconocidos. No es distinto, por ejemplo, a lo que hacemos cuando aprendemos a hablar. No se conoce aún ninguna cultura humana que no tenga o haya tenido música.

La música es la taquigrafía de la emoción (Tolstoi).

Por otro lado, la música es una ventana a través de la cual podemos ver el alma de las personas (o, al menos, creer que la vemos), porque acorta el hilo con el que están unidos los mundos de las emociones humanas. Es más: da la impresión de que, mediante su voz o gracias a la práctica de un instrumento, el músico es capaz de conseguir que comiencen a fluir las emociones entre otras personas. Por eso la música es, en un sentido primitivo, una actividad comunitaria.
A diferencia del arte plástico, el espectador de un concierto de música conecta emocionalmente con la orquesta y con el resto del público hasta el aplauso final. En este sentido, compartir la experiencia es algo que se añade a la mera escucha (que nunca es pasiva), lo que conduce a pensar en la finalidad de los cantos y danzas colectivos de nuestros antepasados, que tendían a mantener unido al grupo y prevenían las rivalidades internas.

Toda enfermedad es un problema musical; su curación, una solución musical (Novalis).

Pero si es verdad que el cerebro se modifica de alguna manera al practicar música, ¿es posible que, además de placer pasivo, produzca algún otro efecto sobre las capacidades cognitivas? ¿Podría potenciarse la competencia lingüística o matemática como efecto secundario positivo de una clase de música, o a través de la escucha de una sinfonía? ¿Cómo logra influir en tan gran medida la música en nuestro estado de ánimo? ¿Por qué concebimos el acto de cantar como algo bochornoso que solo nos atrevemos a hacer en la ducha o bajo los efectos del alcohol? Y en definitiva, ¿por qué nos gusta la música y acompañamos nuestras actividades más cotidianas (paseos, practicar sexo, comer, etc.) de nuestras canciones y piezas favoritas?

La música es un mundo en sí mismo, con un lenguaje que todos entendemos (Stevie Wonder).

A estas y a otras preguntas intenta dar respuesta Cristoph Drösser a través de un libro de muy amena lectura al alcance de todo tipo de público. Hoy todo el mundo es experto en escuchar música. Cuantitativamente, pero también cualitativamente: nuestro oído está más o menos familiarizado con los sonidos musicales de los últimos cinco siglos. Si quieres saber algo más sobre nuestro sentido musical, no dudes en hacerte con este volumen…

http://apuntesdelechuza.wordpress.com/2012/10/24/el-poder-de-la-musica/

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