Bailando la música de Néstor

Bailando la música de Néstor

oct 28, 12 • In Columnas, Política, Tapa

A dos años de su muerte, el expresidente continúa ejerciendo una gran influencia en la política de Mendoza. Para bien y para mal de muchos


Omar De Marchi, Néstor Kirchner, Dante González y Cleto Cobos. Ilustración de Diego Juri.

Andrés Gabrielli

En un país donde la oposición política existe poco o, por momentos, ni siquiera existe, los ritos fundacionales del oficialismo suelen alcanzar una dimensión absorbente.
Abducen.
No pueden obviarse ni dejar de verse, aunque se cierren, forzadamente, los ojos.
Tal cual sucedió ayer, a lo largo y a lo ancho del país, con los actos recordatorios del segundo aniversario del “paso a la inmortalidad” de Néstor Kirchner.
A las ceremonias políticas, como la que celebró el PJ mendocino en Maipú, se añadió el alud de mensajes cruzados en las redes sociales.
Para engrandecer y magnificar. También para denigrar. Así somos.
Oscilamos entre los militantes del optimismo sin fisuras, para los cuales somos los indiscutidos del campeones del mundo, y los fanáticos del “todo mal” cuya muletilla suele ser “qué país de mierda”.
Oscilamos, pues, entre la soberbia de unos y el decadentismo de otros, según la calificación que realiza Alejandro Grimson en Mitomanías argentinas, un trabajo que apunta a encontrar un justo medio entre las exageraciones y arbitrariedades a las que somos tan afectos.
“Hay que salir a machetear por la selva argentina de los mitos, para abrirnos una picada”, explica Grimson.

Néstor planea sobre Mendoza
La figura de Kirchner, inevitablemente, se cierne sobre la realidad nacional. Y Cuyo, claro está, no es una excepción.
Los dos gobernadores oficialistas de la región dejaron grabada su impronta en Twitter.
El mendocino Francisco Pérez, que volvió presuroso, para la ocasión, de su viaje de Venezuela, pese a considerar que implicaba “grandes oportunidades para la economía provincial”, señaló: “Recordar a Néstor, honrar su legado: militando la movilidad social ascendente y la constante mejora de la calidad de vida de nuestro pueblo”.
Su par sanjuanino, José Luis Gioja, fue más ampuloso y encomiástico, fiel a su estilo: “A dos años de la partida del enorme Néstor Kirchner, su figura crece y se mantiene inalterable en nuestros recuerdos cada día. ¡¡Viva Néstor!!”.
¿Y la oposición?
La oposición mendocina, aunque no alce la voz, como ayer, nunca deja de pensar en Néstor Kirchner. Parafraseando a Serrat, lleva atado el nombre del expresidente en el bies de su enagua. Por obsesión o sentimiento de culpa.

Argumento sin autoridad moral
Nada define mejor la nubazón conceptual que envuelve a radicales, demócratas y macristas mendocinos que el reciente documento conjunto mediante el cual los senadores de esos partidos rechazaron el proyecto de reforma constitucional propuesto por Paco Pérez.
No hay sorpresa alguna en su negativa. Se sabía, largamente, de antemano, que iba a ser así.
Lo sintomático son las motivaciones para oponerse: “La absoluta alineación de gestión y política del oficialismo Provincial con el Gobierno Nacional daña constante y profundamente a Mendoza (sic)”, dicen los senadores en un documento conjunto.
Rematan un poco más abajo: “Los mendocinos no merecemos correr el riesgo de tener una Constitución modificada por un pensamiento hegemónico”.
Los radicales que firmaron esta proclama tienen hoy como líder de mayor proyección nacional a Julio Cobos, el principal enemigo de la reforma paquista.
Cobos, cuando fue gobernador, mostró, precisamente, “una absoluta alienación de gestión y política” del Ejecutivo provincial respecto de la presidencia de Kirchner. Con un agravante, respecto de sus sucesores, Jaque y Pérez: era radical. El principal gobernador radical del país, en ese momento. Con lo cual ofició de Caballo de Troya para que el virus K invadiera y colonizara su partido. Las secuelas de esa conquista intestina se prolongan hasta hoy.
Luego, fue cuatro años, por decisión propia, vicepresidente de Cristina Fernández. Y muchos de sus generales de entonces, fueron, con entusiasmo, candidatos K en Mendoza, en aquellas elecciones que lo consagraron.
Reconociendo el legítimo derecho que, como oposición controladora, le asiste a la UCR local de tirar por la borda la reforma oficialista, ¿no podría haber hecho un esfuerzo, al menos, para hilvanar una mejor coartada? ¿Algo que le diera autoridad moral?
Hoy la política mendocina adolece de muchas cosas. Entre ellas, de escasa imaginación.

Gansos en apuro
Para los demócratas, vivir en el mundo K tampoco es cómodo.
Lo padecieron esta semana al quedar entre la espada y la pared en el Congreso de la Nación.
Cuando se votó en Diputados el proyecto oficialista sobre las ART, el macrismo ordenó bancarlo en el recinto.
Gran dilema para los gansos mendocinos, Omar De Marchi y Roberto Pradines: ¿seguir la orden de su aliado nacional o ponerse en la vereda de enfrente del kirchnerismo tal como dicta, a rajatabla, su ideario?
Una encrucijada letal.
Solución: se fueron antes de la votación. Pusieron, gallardamente, pies en polvorosa.
Es dura la existencia cuando se pervive políticamente lejos del poder. Tan dura como aceptar la foto del jefe Macri junto al tantas veces denostado camionero Hugo Moyano.

Incomodidad kirchnerista
No es sencillo para nadie habitar la jungla del oficialismo.
Ni siquiera para la tropa propia, incluyendo a los “soldados de Cristina”, como se define la diputada mendocina Anabel Fernández Sagasti.
A la ingrata tarea de justificar, día tras día, la inflación, los variopintos cepos o la “sensación de inseguridad”, se añaden las exigencias tabuladas de la obediencia debida.
El levantamanos en el Congreso es una de ellas.
Por ende, también resultó engorroso para los diputados mendocinos del Frente para la Victoria avalar, calladamente, la norma de accidentes de trabajo, en especial para alguien de extracción sindical como el petrolero Dante González.
Los críticos más agudos del proyecto, con Moyano, De Gennaro, Micheli y Camaño a la cabeza, califican a esa ley de antiobrera, de menemista, de típico cuño neoliberal.
Como decía ayer Martín Caparrós, Kirchner no hizo que volviera la política a la Argentina. Por el contrario: “No hubo nada más político en la Argentina reciente que rechazar a la clase política y tratar de hacer sin ellos. NK recuperó el control”.
Tragar sapos es parte de la religión.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Bailando-la-musica-de-Nestor-20121028-0005.html

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