Respuesta de César Biffi a mi columna “Bailando la música de Néstor”

Respuesta de César Biffi a mi columna “Bailando la música de Néstor”

oct 30, 12 • In Política

Estimado Andrés, como casi una costumbre, después de cada domingo, leo tu columna, pienso, luego escribo.

Primer concepto: “La oposición mendocina aunque no alce la voz, como ayer, nunca deja de pensar en Néstor Kirchner. Parafraseando a Serrat, lleva atado el nombre del expresidente en el bies de su enagua. Por obsesión o sentimiento de culpa”.

Mi maestra, tu maestra de primaria, te diría: “Andrés, estás mezclando peras con manzanas”. Que el radicalismo atravesó una experiencia traumática y de ruptura evidente durante el primer gobierno de Kirchner, es una verdad evidente; ahora, de ahí a decir que nuestra posición con respecto a la reforma se vincula con ese episodio es, por lo menos, una idea muy forzada, que supongo intenta justificar tu fervor por la reforma, pero no explica nuestro NO.

Segundo concepto: “Nada define mejor la nubazón conceptual que envuelve a radicales… que el reciente documento conjunto mediante el cual los senadores de esos partidos rechazaron el proyecto de reforma constitucional …”.

No hay ninguna “nubazón” en nuestra posición. Por supuesto que lo hemos explicado largamente en estos días y mucho mejor que en ese escueto comunicado.

Brevemente resumo:

1. Contexto nacional signado por el incalificable intento re-releccionista.
2. Un gobierno empeñoso y empeñado en dividir entre nacional y popular y cipayos.
3. Un justicialismo provincial que, por necesidad o convicción, no ataja una y hasta, a veces, alienta todas y cada una de las tropelías y bravuconadas de los sectores más ultras.
4. Un intento de reforma que, podría asegurar, figura sólo en las necesidades de un gobierno ante la falta de mejores ideas.
5. Una formidable maniobra de distracción que nos pone a discutir, y de hecho lo han logrado, sobre temas que deben figurar, siendo muy optimista, en el número cien de las prioridades de cualquier ciudadano.

Tercer concepto: “Cobos, cuando fue gobernador, mostró precisamente ‘una absoluta alineación de gestión y política’ del Ejecutivo nacional”.
Son innumerables tus intentos por asimilar el patético gobierno de Jaque y, ahora, el de Pérez al gobierno de Julio Cobos. Tenemos percepciones bien distintas, pero doy por perdida esa batalla; creo que has hecho tu propio “relato” y sería más fácil para mí convencerte de que es mejor José Narosky que Umberto Eco o que Braccamonte es mejor que Kempes. Pero sí me parece que debo insistir en la caracterización de “aquel” momento y de “este” momento.

En el medio de la implosión del sistema político, Kirchner invitó a la transversalidad y, como sabés, en las crisis, las lecturas no son homogéneas; no lo fueron en el radicalismo y, es cierto, aquel proyecto fracasó y los que adherimos -o por lo menos quien esto escribe- admitimos
que esa apuesta política osada nunca terminó siendo un proyecto político; y cierta cuota de ingenuidad de nuestra parte nos terminó colocando en un lugar incómodo e inviable.
Pero nunca hubo “absoluta alineación”. De hecho las posiciones de aquel gobierno (de Cobos) contra el cierre de los liceos militares, las políticas sobre el Indec-Deie, la renegociación del Bono Aconcagua (que el Gobierno de la Nación no permitía), la posición sobre el intento re-reeleccionista de Rovira, etc., demuestran la autonomía en términos de gestión. Pero, además, aquello fue un acuerdo político que impulsaba una fórmula compartida y que hacía eje, por lo menos, en la campaña en dos cuestiones: primero, en mejorar la calidad institucional; y, segundo, en convocar al diálogo político.

Este momento es claramente distinto, salvo que hayas decidido mirar otro canal. Hay una formidable búsqueda por bastardear y banalizar todas y cada una de las instituciones de la República, una pretensión hegemónica inocultable y un deseo de perpetuidad que estoy seguro tensionará la convivencia de los argentinos durante mucho tiempo.

Por último, tu frase inicial: “En un país, donde la oposición política existe poco o por momentos ni siquiera existe …”.

Que la oposición tiene serias dificultades es innegable; que en tiempos – desafortunadamente, desde mi concepción política – de democracias de audiencias, donde los candidatos -o los líderes- pesan mucho más que un sistema de ideas y valores y/o que un proyecto político; donde el emisor del mensaje muchas veces es “el mensaje”; la falta de un liderazgo claro en la Unión Cívica Radical, nos muestra diluidos en el espacio político-público.
Pero así como, por concepción política, el oficialismo niega al adversario o lo demoniza, así también el pregón constante de “no hay oposición”, conspira contra uno de los pilares básicos de cualquier sistema democrático que es la alternancia.
La oposición, aunque módicos, ha conseguido algunos triunfos evidentes que deberíamos valorar: Reposo, Despouy, la resistencia en el Consejo de la Magistratura para evitar el nombramiento de jueces adictos y, hasta aquí, la férrea oposición al intento re-reeleccionista, que bien podría reconocerse en un modelo político de constante avasallamiento y prepotencia.

A pesar de que todo claro está, el domingo volveré a leer tu columna y, una vez más, me sentaré a escribir.

Abrazo

CÉSAR BIFFI
Senador Provincial
UCR – Mendoza

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