Cacerolazo para todos y todas

Cacerolazo para todos y todas

nov 11, 12 • In Columnas, Política, Tapa

El 8N fue incómodo para el oficialismo K, nunca bien dispuesto a escuchar al “otro”, pero también para una oposición ajena a estos movimientos.

Por Andrés Gabrielli

Decíamos, en esta misma columna, una semana atrás, que “el hombre común se muestra hoy más calmado y razonable que la dirigencia. Aunque, al mismo tiempo, está expectante, dado el espectáculo un tanto frenético que brindan sus representantes”.

La populosa movilización del 8N, el jueves, confirmó lo dicho.

En contraposición a la evidente incomodidad del oficialismo, pero también de la oposición, ante el fenómeno, la conducta de la ciudadanía fue ejemplar.

Los “protestantes” ejercieron su derecho con la mejor de las conductas posibles en estos acontecimientos masivos. Y los que estaban en la vereda de enfrente, aquellos que mantienen, incólume, su simpatías por el Gobierno, los dejaron hacer, sin interferencia ni aspereza algunas.

Cada uno expuso, alzando la voz o callando, lo suyo.

Incómodos, de uno y otro lado
El Gobierno nacional depende absolutamente de los humores de la Presidenta.

Y Cristina Fernández sufre horrores ante cualquier opinión disidente o crítica, por tibia que ésta sea. No la tolera. Ni siquiera en el aséptico e intelectual ambiente de Harvard.

Por ende, un suceso –repetido– como el del 8N, es una fuente directa, recargada, de cabreo y sinsabor.

El Gobierno no sabe responder de otra manera que no sea la descalificación o el vituperio. Es peyorativo, siempre, con “el otro”.

Sin embargo, a la oposición tampoco le es sencillo ubicarse ante el 8N. Resulta, incluso, patético cuando intenta capitalizarlo, por las obviedades y tilinguerías que destila.

Los partidos oponentes, todos juntos, no tienen, ni remotamente, tal capacidad de movilización. Y mucho menos tienen, hoy, capacidad de respuesta a los principales reclamos que plantea el hombre de las cacerolas, empezando por la inseguridad y la impunidad.

Nada ha cambiado, en ese sentido, respecto del mensaje que dieron las urnas en las presidenciales del año pasado: Cristina obtuvo el 54% de los votos, en parte por méritos propios, pero en parte, también, por la paupérrima oferta de sus contrincantes, atomizados y disgustados entre ellos.

¿Se han convertido en algo distinto estos últimos? ¿Se han reseteado? ¿Han pergeñado novedosas formas de representación? ¿Entendieron cómo anidar en las redes sociales, que pasan de muchos de ellos?

No. Son los mismos. Con parecidos vicios y debilidades.

¿Entonces con qué derecho pueden montarse sobre las interpelaciones del 8N?

El llamado de atención fue para todos.

Y todas.

Resistiendo a La Cámpora
El 8N fue más impactante que el anterior cacerolazo de mediados de setiembre.

No obstante, poco y nada cambió en la cúpula del poder.

El Gobierno de la Nación volvió a invalidar la expresión callejera. Y el Gobierno de la Provincia volvió a reconocer su legitimidad.

Pese a ello, algunas preguntas han comenzado a plantear escenarios originales o mutantes.

Quienes meditan sobre un eventual cambio de paradigma a futuro son los caciques locales del justicialismo, más allá de lo que esté maquinando por estas horas el gobernador Francisco Pérez.

Se mantienen fieles al kirchnerismo. Así será mientras Cristina sostenga las riendas del poder. Eso es la quintaesencia del peronismo. Pero ya no están dispuestos a arrodillarse y recibir quedamente las órdenes que emanen desde la Rosada u Olivos.

“Si el año que vienen nos quieren imponer a algún muchachito o muchachita ignotos de La Cámpora, en segundo término, en las listas de legisladores nacionales, vamos a una derrota segura”, es el pensamiento de estos días.

No quieren, los popes del PJ, que los “vacunen”, de nuevo, con otra Anabel Fernández Sagasti surgida de un repollo, como aconteció en los comicios pasados.

¿Cómo van a lograrlo?

Hay dos caminos: por las buenas o por las malas.

Por las buenas sería convenciendo a los popes kirchneristas que anidan en la Capital.

Por las malas sería ir, sin anestesia, a una interna partidaria.

Ya lo captó la tropa que lideran los intendentes de Guaymallén y Las Heras, Alejandro Abraham y Rubén Miranda, por un lado, y los “azules” de Bermejo y compañía, por otro.

Falta sumar a la tribu sureña de los hermanos Félix.

Y saber cuál será la actitud de Pérez, hoy por hoy un fiel intérprete del ideario cristinista, el cual jamás retrocede un paso ni cede un ápice.

Radicales en la incubadora
Los peronistas locales ajustan, con paciencia y tranquilidad, por ahora, sus estrategias hacia 2013 asentados en una convicción: el futuro le seguirá perteneciendo a su fuerza política.

Si Cristina retiene el poder, seguirán obedeciendo, pero tras haber consolidado su posición en la provincia.

Y si viene una alternancia, esa surgirá, creen, del propio vientre justicialista. “Hoy son más confiables para aquellos que buscan un recambio los dirigentes nuestros, con figuras como Scioli, De la Sota o algún otro gobernador de buena imagen”, afirman.

¿Qué camino le queda a la oposición, entonces?

Visto desde el punto de vista local, el desfiladero es estrecho.

Quienes apuestan a una gesta nacional, como el exvicepresidente Julio Cobos y el senador Ernesto Sanz, otra vez anotados prematuramente en la carrera presidencial, sólo buscan erigir un frontón, oponerse a cualquier propuesta innovadora.

Para ellos, en especial para Cobos, decirle que no a Paco Pérez implica decirle “no” a Cristina, por carácter transitivo.

El presidente de la UCR aquí, el godoicruceño Alfredo Cornejo, está prolijamente alienado con esa línea de acción cobista.

Otros radicales, que no están atados a la repetida –y muy vidriosa– aventura nacional, son más flexibles. Tienen, en consecuencia, un aceptable diálogo con Pérez.

Son los casos, distintos, del capitalino Víctor Fayad y del exgobernador Roberto Iglesias.

También son comprensivos los intendentes de tierra adentro, como el juninense Abed, el rivadaviense Mansur o el paceño Pinto, con perentorias necesidades que atender.

Los demócratas, finalmente, con escaso anclaje territorial y difusas alianzas nacionales, son barridos por los vientos de la circunstancia. Mientras no recuperen identidad y alguna corporeidad, irán dando barquinazos medio a la bartola.

El panorama es complejo, pues. Para todos y todas.

El 8N lo único que hizo fue aumentar el tamaño y los vericuetos del laberinto.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Cacerolazo-para-todos-y-todas-20121111-0008.html

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