¿Desboblar o no desdoblar?

¿Desboblar o no desdoblar?

nov 18, 12 • In Columnas, Política, Tapa

El gobernador Pérez lleva diez días fascinado con su experiencia china. Mientras, el proyecto reformista hecha luz sobre la pequeñez política local.

Andrés Gabrielli
Columnista de UNO

El tema no está en la agenda inmediata de “la gente”. Ni en la del 8N ni en la de ningún día común y corriente.

Pero para la dirigencia política, la discusión en torno de la eventual reforma político-constitucional se ha vuelto una especie de fuente de la vida.

Le permite, al menos, elevar el nivel del debate y la negociación partidaria, dentro de un panorama de extrema chatura general.

Es cierto que el gobernador Francisco Pérez, queriendo ser fiel con su lema “Espíritu grande”, lanza al ruedo asuntos que trascienden la inmediatez de la coyuntura como, por ejemplo, el desarrollo de un sistema multimodal de transporte, que incluya un tren de pasajeros entre San Martín y Guaymallén, y un teleférico.

Ha dicho este tipo de cosas desde China, absolutamente fascinado, como cualquier gobernante consciente, con la potencia y con las posibilidades que abre el coloso asiático.

A este tipo de anuncios, la oposición, desde la vereda de enfrente, suele responderle frunciendo el ceño o mirando para otro lado, anodina.

En lo nacional, diputados radicales como Enrique Vaquié se dedican a cuestionamientos como la participación de la Provincia en YPF. Está bien. Se trata de un asunto de fondo.

El problema estriba en el temario estrictamente local. El jefe del radicalismo, Alfredo Cornejo, considera que el de Paco Pérez “es un gobierno de cuarta”. Y lo trata en consecuencia.

El Gobierno le devuelve la jugada con algunas triquiñuelas menores que ponen de muy mal humor al godoicruceño.

Es muy complicado, así, que la agenda pública gane en calidad.

Por lo tanto, discutir las reformas, aunque sea para rechazarlas, permite alzar la cabeza, sacarla del barro.

“Paco” nacional & internacional

La reforma constitucional ha sido una máxima aspiración de Pérez desde el inicio.

¿Cuánto le interesa hoy?

En rigor, Pérez hace diez días que no para de asombrarse con su experiencia China.

Y tiene en carpeta un par de encuentros significativos, en lo inmediato, que lo mantendrán con la cabeza en otra cosa.

Mañana, tras una necesaria reunión (por fin) con la prestigiosa directora de la Orquesta provincial, Ligia Amadio, para contenerla y limar asperezas, recibirá en su despacho a Martín Sabbatella, aprovechando la asistencia del funcionario a una fiesta departamental en Luján.

Sabbatella es un personaje clave del escenario nacional como titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación, el organismo que debe darle sentido y cumplimiento al declamado 7D.

Esa fecha, se supone, marca el comienzo de la batalla final contra el Grupo Clarín que tanto preocupa al Gobierno nacional.

A Pérez no se le pidió ningún tipo de gesto o participación especial respecto del 7D. Pero la foto con Sabbatella será una manera de mostrar pertenencia, de figurar dentro del equipo, luego de que el 8N lo encontrara lejos, en viaje por Asia.

Esa misma jornada, se entrevistará también con el que es, dicen, el empresario más importante de Singapur.

Paco se ve decidido a sostener su largo vuelo internacional.

El ramplón oportunismo

Las reformas han quedado en un segundo plano, por el momento, pues el oficialismo y la oposición deberán tratar asuntos urgentes como el Presupuesto.

Sin embargo, se trata de un mar de fondo que agita a toda la fauna política.

Uno de los aspectos reformistas que más se mencionan en estos días es el del desdoblamiento de las elecciones.

Hay tanta ambigüedad en las posturas, que el caso representa una nítida radiografía de cómo se mueven los partidos, a qué estímulos responden.

Y esos estímulos son puramente oportunistas.

Desdoblar elecciones, es decir, separar los comicios provinciales de los nacionales, sería una conquista del federalismo, de autonomía política.

Ni más ni menos.

Pero ni peronistas ni radicales piensan en esos términos. Han adherido o rechazado históricamente el desdoblamiento sólo en función de la especulación electoral de la próxima votación.

Ningún otro interés superior los motiva.

Salvo a los demócratas que, por constituir sólo un partido local, pueden darse un baño sincero de federalismo.

¿Desdoblar o no desdoblar?

Así las cosas, el hecho de desdoblar o no se ha vuelto un enigma shakespereano para los dos principales partidos provinciales. ¿Ser o no ser?
La duda humana de Hamlet, su herida existencial, es perfectamente aplicable a nuestra coyuntura política: “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna, o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin?”.

Podría rubricar estas palabras un jefe peronista. También uno radical.

¿Por qué tantas dudas?

Porque los radicales, que tanto han proclamado la necesidad de acuñar la decisión por ley, hoy cavilan atendiendo al valor de mercado de las candidaturas. En los comicios legislativos del año que viene, Julio Cobos será su carta principal, como aspirante a una diputación nacional.

Desdoblando, Cobos ya no traccionaría las listas locales.

Tampoco están muy contentos con implementar las PASO (elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias). Cuando una conducción partidaria siente el poder concentrado en su mano, no es afecto a abrir el juego en horizontal y hacia abajo.

Al peronismo, hoy, desdoblar le cae simpático, por paradójico que resulte, después de haberse colgado durante cinco años de las polleras de la Presidenta. Pero hoy Cristina Fernández no pasa por su mejor momento.

Desdoblando, el PJ se libera de ese lastre y de paso, saca de la discusión local el espinoso intríngulis de La Cámpora.

El desdoblamiento podría hacerse por un simple decreto del gobernador. No apelarán a esa vía expeditiva. Lo van a usar como moneda de cambio de la reforma constitucional. Y como otro elemento que irrita la siempre irritable interna radical.

¿Y los gansos, finalmente? Adhieren, sin tapujos al desdoblamiento pero, igual que los radicales, son reticentes a las PASO. Prefieren, en un partido que se ha vuelto chico, resolver las cuestiones internas entre cuatro paredes.

¿Ser o no ser, entonces?

Nadie lo sabe. Ni Hamlet. Los muchachos mendocinos están demasiado encerrados en sus pequeñeces, en sus cotilleos de barrio suburbano.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Desdoblar-o-no-desdoblar-20121118-0011.html

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