Todos bajo el signo de la duda

Todos bajo el signo de la duda

nov 25, 12 • In Columnas, Política, Tapa

El peronismo local oscila entre Cristina y Scioli, la UCR no puede frenar el internismo y los gansos van a la deriva. Gente normal en el país anormal.


El diputado demócrata Omar De Marchi, el gobernador Francisco Pérez y el exvicepresidente Julio Cobos (ilustración de Diego Juri)
Andrés Gabrielli
Columnista de UNO

La política mendocina pasa por un momento de incertidumbre bastante acusado.

Es que se vislumbra una etapa de cambio. Pero los tiempos son difusos. También la dirección que finalmente tomará dicho trueque.

Ahora bien, quien está en mejor posición para navegar en el mar de vacilaciones es el oficialismo.

Por contradictorio que suene, el peronismo, a nivel nacional especialmente, está seguro de que mutando de piel a tiempo habrá todavía más peronismo en el horizonte.

La oposición, por el contrario, no tiene por ahora ningún plan firme, en materia de nombres, para alumbrar lo nuevo.

En el país fuera de quicio

El principal escollo que afecta a la clase dirigente local es de ubicación y adaptabilidad.

Los políticos de estos lares demuestran ser, a grandes rasgos, ciudadanos comunes y corrientes, “gente como uno”.

Personas normales, a fin de cuentas, que deben moverse y gestionar en un país anormal, en muchos aspectos desquiciado.

Un ejemplo patente es el índice del costo de vida.

La Argentina, se supo esta semana, ocupa el cuarto lugar en el ranking mundial de inflación, sólo superada por Sudán, Sudán del Sur y Bielorrusia.

El Gobierno nacional niega sistemáticamente tal realidad a través de los fantasiosos números del Indec, otra rareza, una “perla” única en el planeta.

¿Cómo hace la Provincia para moverse en ese contexto de cháchara engañosa?

Primero, evitándose problemas inútiles, como hizo el gobernador Francisco Pérez al eliminar con premura la medición provincial. Segundo, ajustando sus números en silencio, sin levantar la perdiz, como hizo con la tarifa del agua. El aumento será por encima del 25%, que es el rango verdadero de la inflación, no el ficticio.

Lenguaraces incontinentes

Otro de los aspectos del país anormal que incomoda sobremanera a los gobernadores vernáculos es el de las declaraciones altisonantes, la continua guerrilla verbal que no contempla ningún escrúpulo.

Al kirchnerismo, hoy, le marcan el tono del discurso combativo en la arena pública los Cuervo Larroque, los D’Elía, los Aníbal Fernández. Nadie, desde la cumbre del poder, los desautoriza ni los llama a silencio.

Le tocó esta semana a Fernández encabezar el cuadro de honor del disparate. Para fustigar al líder cegetista Hugo Moyano por el paro del 20N lo llamó “Augusto Timoteo Moyano”. Quiso, con ello, tildarlo de traidor.

El tiro le salió por la culata. Augusto Timoteo Vandor fue asesinado en 1969. El mismo camino seguiría José Ignacio Rucci. Sus enemigos le hicieron esta dedicatoria: “Rucci, traidor, saludos a Vandor”.

El brulote de Aníbal terminó lacerando al cacique de la central obrera oficialista, el metalúrgico Antonio Caló, precisamente el jefe de la Agrupación Augusto Timoteo Vandor en homenaje a el Lobo, a quien rinde continuo homenaje.

En ese mundo de despropósitos verbales zigzaguea Paco Pérez. Y de vez en cuando debe demostrar que no le resulta tan ajeno, para que lo sigan aceptando en la manada.

A los dos recientes cacerolazos, Pérez los consideró con sobriedad, aceptando su legitimidad. Con el paro del 20N no pudo mantener la línea, tras llegar de China.

Utilizó su cuenta en Twitter para hablarle al país. “No implementemos viejas prácticas a las que dirigentes como Moyano pretenden llevarnos”, señaló.

Prácticas que fueron toleradas y hasta celebradas durante los últimos ocho años y medio.

La gran duda peronista

Para el peronismo mendocino, la incógnita actual es menos aguda que la de la oposición.

La Presidenta afronta un momento delicado. Una encuesta que maneja Pérez indica que su imagen positiva es de 55,6%, pero con una negativa alta: 43,1%.

Pero nadie se corta las venas. Entre quienes mejor miden en la provincia está Daniel Scioli, con una opinión favorable del 63,2%, empatado con Cobos (65,45%).

O sea, están preparados para dar el salto rápidamente hacia el bonaerense, si hiciera falta.

Mientras, seguirán batiendo el parche por Cristina. Fue lo que ocurrió un día después del 20N, cuando 12 intendentes (incluyendo al radical Fayad y al demócrata Difonso), junto al gobernador Pérez, fueron recibidos en Buenos Aires por medio Gabinete nacional.

La excusa fue coordinar un plan de obras municipales. Pero la intención de fondo fue montar una ceremonia política para que el ministro de Planificación, Julio De Vido, patrocinara la “re-re” de Cristina Fernández.

Todos los presentes avalaron la maniobra, entre otras cosas porque entienden que sirve para evitar el desgaste prematuro del poder presidencial.

La gran duda radical

La UCR tiene por delante dos considerables jeroglíficos a resolver. Uno es la escasa perspectiva que sigue padeciendo el partido de convertirse en una alternativa de poder nacional.

La otra grieta está en su propia estructura. Los radicales no pueden con sí mismos. El síndrome del internismo los persigue como una maldición.

Pasa lo mismo aquí que en cualquier otro lado. Si hasta estuvieron a punto de eyectar al prestigioso auditor general de la Nación, Leandro Despouy, por sus reyertas fratricidas.

Ni la exangüe coyuntura que atraviesa el partido evitó que se agarraran a trompadas los seguidores de Posse y Moreau en el encuentro que puso a Lilia Puig de Stubrin al frente de la convención nacional.

No tienen paz. Quizá eso ayude a entender por qué hoy se han vuelto más conservadores que los conservadores, profundizando su herida interna.

La gran duda demócrata

Los gansos mendocinos sufren mayores contradicciones.

Su unidad interna es menor aun que la del radicalismo, no logran hallar un referente nacional que convenza a todos (el diputado Omar De Marchi es el que más batalla en este rubro) y a su último bastión territorial, San Carlos, le será complicado perseverar en su fundamentalismo verde.

El enfático intendente antiminero Jorge Difonso, haciendo respetuosamente la cola asistencial frente a De Vido y el gabinete cristinista, simboliza cuán peliagudo resulta mantenerse a flote en el mar de las incertidumbres.

País raro y deslenguado, el nuestro, poco apto para los seres normales y sucintos.

En su picante y original ensayo Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, el biólogo Marcelino Cereijido enmarca una cita de Montaigne. Dice el filósofo: “Nadie está libre de decir estupideces / lo grave es decirlas con énfasis”.

http://www.diariouno.com.ar/mendoza/Todos-bajo-el-signo-de-la-duda-20121125-0003.html

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