Paco, en medio de su telaraña

Paco, en medio de su telaraña

dic 9, 12 • In Columnas, Política, Tapa

El gobernador debe lograr un delicado equilibrio entre su estilo dialoguista y la belicosidad del kirchnerismo. Aquí no confrontan con la Justicia, allá sí.


El gobernador Paco Pérez. Ilustración de Diego Juri.

Por Andrés Gabrielli

El país se encamina a cerrar el año envuelto en una nube de mala onda. Solo una pequeña parte está motivada por la actual retracción económica.

La mayor cantidad de gente tóxica, que contagia a los demás, habita las cimas del poder.

Es la política, el ejercicio abusivo y empecinado de la política, lo que enrarece, por sobre cualquier otro factor, el clima social.

Sin embargo, no es en las provincias donde hierve el caldo espeso del caraculismo nacional, sino en Buenos Aires.

Allí, en la primera línea del Gobierno central, abundan los ceños fruncidos, las mandíbulas apretadas, los índices alzados de manera amenazante.

También en el diario vivir de los porteños, castigados por inundaciones, por emanaciones venenosas, por paros del transporte y por calles bloqueadas; castigados por el eterna pelea entre la presidenta Cristina Fernández y el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.

Los medios, luego, se encargan de redistribuir esas emanaciones ponzoñosas por el mapa argentino
No es el fin del mundo. Pero sigue la molienda. Después del globo pinchado del 7D viene, pegadito, el 19D de Moyano y compañía.

“El tiempo no para”, canta la Bersuit.

Apriete pocas veces visto

Pocas veces, en la breve historia de la democracia contemporánea, se recuerda un momento de tensión institucional como el que hubo estos días.

Urgido por obtener un pronunciamiento contundente en su puja con el grupo Clarín, frente al publicitado 7D, el Gobierno nacional desató un vendaval de acciones sobre la Justicia.

Hubo presentaciones formales, declaraciones altisonantes de distintos voceros que salpicaron a la Corte Suprema. Hubo, asimismo, según se supone, numerosos “alegatos de oreja”, o sea, sugerencias bajo cuerda a los magistrados, que son, apenas, un “accidente de la profesión”, según lo considera uno de los miembros más conspicuos del alto tribunal, Eugenio Zaffaroni.

La temperatura del conflicto causó estupor. Por su desmesura.

Nada de eso impidió que la Cámara Civil y Comercial Federal extendiera la medida cautelar solicitada por Clarín, aguando la fiesta preparada por el oficialismo para hoy en buena parte del país.

La postura incómoda de Paco

En Mendoza, avezados intelectuales del derecho, con rodaje en la arena pública, reflexionaron: “No se puede apretar desembozadamente a la Justicia, que es un poder corporativo. Los jueces se solidarizan con las desventuras que sufren sus pares. Hay que moverse con tino e inteligencia y no de manera brutal”.

Recordaron, a ese respecto, los agudos problemas que hubo en la provincia por intentar recortarles el sueldo y ciertas conquistas laborales a los magistrados. Fue una batalla desgastadora, tanto para el gobierno de Roberto Iglesias como para el de Julio Cobos.

El nudo recién lo pudo desembrollar Celso Jaque a los pocos meses de asumir.

Francisco Pérez continúa la línea anticonflictiva de su predecesor: “Yo no voy a confrontar con el Poder Judicial para hacer política, como se hizo en algún otro momento”, dice, al efectuar un balance de su primer año de gestión (ver páginas 8 y 9).

Dada esta postura, lo que llama la atención es que Pérez se haya sumado al coro de críticos contra la Cámara que prolongó la cautelar. “Es una decisión muy mala y arbitraria”, consideró.

Dándole cierta trascendencia al asunto, para el gobernador “es un mal ejemplo y mal podemos soñar una provincia con este fallo”.

El delicado equilibrio de Paco

Pérez está en una situación particularmente compleja. El equilibrio que debe hacer entre sus modos, democráticos, dialoguistas, de gestionar la Provincia y el estilo agresivo del Gobierno nacional, al cual adhiere sin objeción alguna, lo obliga a un manejo muy fino, muy delicado.

El Poder Ejecutivo Nacional no negocia nada, al menos dentro del país. Impone. Baja, con ímpetu, su mandato de hierro. Cuando mucho, mastica su bronca, como este fin de semana. Pero no retrocede un paso.

En Mendoza, por el contrario, todo lo importante para el gobernador pasa, hoy, por la negociación, desde la reforma político-constitucional al Presupuesto.

Hasta la propia política partidaria lo obliga a Pérez a escuchar a los demás y a ser contemplativo, por la sencilla razón de que, aun siendo jefe de Estado, no tiene el dominio del PJ.

Por ejemplo, frente al lanzamiento que hizo esta semana el presidente del peronismo local, el guaymallino Alejandro Abraham, como candidato a una diputación nacional, Pérez se limitó a dar el visto bueno y a mediar con los otros sectores internos.

En suma, Pérez se encuentra en medio de la telaraña institucional. Para agilizar el curso de su Espíritu Grande, debe negociar en la Legislatura, en la Justicia, en su partido. Debe dialogar con la oposición y con las voces distintas.

Eso le da calidad institucional a la Provincia. Pero lo convierte en bicho raro dentro del país.

Todo jugado a una ficha

El destino político personal de Paco no está atado, pues, a Abraham, a Miranda, a los Bermejo o a los Félix. Está absolutamente ligado al destino, superior, de Cristina.

Ahí radica, por entero, su fuerza. También su debilidad.

Porque mientras ese cordón umbilical lo nutra, seguirá vivito y coleando, andará con cierto vigor por la vida.

Ahora bien, sin Cristina, ¿cuál es el plan B de Paco?
No se conoce.

Los demás peronistas mendocinos todavía le rinden pleitesías a la Presidenta. Pero ya han abierto el paraguas. Miran de soslayo a Scioli. A De la Sota. A lo que viene.

Una fiesta con gusto a poco

En ese terreno ambiguo por el que discurre el gobernador los gestos deben decidirse en el día a día.

Durante los dos recientes cacerolazos, Pérez pudo mostrarse amplio de espíritu respecto de los manifestantes.

No podía subrayar esa conducta sin correr serios riesgos.

Desde Buenos Aires le pidieron sumarse a los festejos de este domingo. El gobernador dio el sí. Lo hará, sin demasiado entusiasmo, en el Parque Cívico.

Ponerse a cantar junto a los Vergarabat por la democracia parece algo medio soso.

Pero los tiempos tóxicos reclaman estos gestos de distensión, como para ir tirando.

“Si pensás que estoy derrotado, /quiero que sepas que me la sigo jugando /porque el tiempo, el tiempo no para”, canta la Bersuit.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Paco-en-medio-de-su-telaraa-20121209-0006.html

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