Zuccardi, un parque temático de la producción autóctona

Zuccardi, un parque temático de la producción autóctona

ene 2, 13 • In Cocina, Galeria Flickr, Tapa, Vinos

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Entrar a la bodega  Familia Zuccardi es un viaje placentero y enriquecedor para los sentidos, desde el arte de su salón principal, siempre engalanado con una muestra de algún artista mendocino. En esta ocasión, al entrar, nos encontramos con Luis Quesada, uno de los maestros más queridos, quien, con sus 92 años, todavía nos brinda el placer de gozar de sus creaciones, aún en evolución constante (comentario aparte merecerían su talento y su obra).
Pasando a la planta productora propiamente dicha, asombra el desarrollo que ha tenido lugar con los años y el sucesivo trabajo.

Los Zuccardi, en su ya popular paraje de la ruta 33, en Maipú, han montado una especie de Disneylandia o Jurassic Park de la producción autóctona. Para visitar y hacer docencia.

Se juntan allí las barricas de vino, las piletas y los galpones de experimentación, la destilería, la aceitera, los restoranes temáticos, una huerta orgánica, un parque -en evolución- de flora local… y lo que está por venir. Porque la imaginación sigue bullendo.

La bodega experimental es uno de los tantos lugares destinados a la creatividad y al empeñoso trabajo de los jóvenes, quienes tienen la oportunidad de realizar sus primeros pasos por el mundo del vino. “Esta es la guardería de Zuccardi, acá nos permitimos experimentar las cosas que se nos van ocurriendo”, nos cuenta Sebastián, el hijo mayor del Pepe, gran entusiasta al comunicar sus proyectos.
En este sector está la innovación: piletas y tanques de hormigón, algunos con formas redondeadas, piramidales y hasta con forma de huevo, lo cual llamó expresamente la atención de los que estábamos haciendo la visita.

Pasión, muchísima dedicación y trabajo, trabajo, trabajo, constituyen el secreto de este invalorable emprendimiento totalmente mendocino y como si fuera poco, con el formato de empresa familiar. “Cada uno de mis hijos fue encontrando su lugar: Sebastián está a cargo de los vinos, Miguel del aceite de oliva y Julia del turismo”, nos cuenta el Pepe. “Eso es lo mejor, yo los acompaño en los proyectos que ellos me van proponiendo. Espero que, dentro de unos años, me dejen seguir metiendo la cuchara”, bromea quien es hoy el jefe mayor del plantel.

El recorrido tuvo su broche de oro en Pan y Oliva, el recientemente inaugurado restaurante temático del aceite de oliva, que cierra el circuito gourmet y completa el círculo de la premiada La Casa del Visitante (viene de ser considerada, nuevamente, por Cuisine & Vins, como mejor restorán de bodega).

Todo el entorno de Pan y Oliva es una maravilla y mantiene las características de nuestro desierto, respetando la vegetación autóctona y mimetizándose perfectamente con el paisaje. Tiene su propia huerta cultivada con el mayor cuidado, poniendo en valor la cocina de producto, tan en boga entre los chefs en nuestros días.

La comida está elaborada con los productos de la huerta, cuidada como el niño mimado de los cocineros, que ofrece vegetales de los más variados en el tapeo. El principal, unas pastas caseras con distintas opciones de salsas, difícil la elección entre tantas delicias. Por supuesto que la comida estuvo maridada con una selección de vinos hecha por Sebastián de la más diversas expresiones y zonas donde se encuentran los viñedos de la bodega. Probamos vinos como Tito y Emma, en homenaje a los fundadores de la bodega, los abuelos de Sebastián. Hay que destacar que Emma todavía trabaja y es la encargada de recursos humanos de la Bodega. El Z, un blend de la más alta expresión y complejidad; Solería, uno de los vinos encabezados que tiene la bodega en la línea del famoso Malamado. Y, entre otros, uno de los últimos orgullos de la casa, el Aluvional, puro terruño de La Consulta, donde Familia Zuccardi expandirá su producción y elaboración (con bodega, específicamente, en Altamira).

El toque de distinción fue el postre de chocolate amargo, con granos de sal marina y aceite de oliva, una combinación perfecta de sabores y texturas que se fusionan en la boca.

Completan el circuito la fábrica de aceite de oliva, con la última tecnología en la elaboración de aceite, y la destilería, una joyita en medio del desierto, con el alambique de bronce y una cava donde se crían los mejores destilados, obra que tiene la impronta de Pepe, que confiesa ser un arquitecto de alma.

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