Un verano caliente para Ciurca

Un verano caliente para Ciurca

ene 20, 13 • In Columnas, Política, Tapa

Nada importante. Son simples toreos de la interna partidaria. Pero el vice de Pérez, con su intensa actividad política, adelantó la pulseada electoral.


El gobernador Paco Pérez y su vice Carlos Ciurca (ilustración de Diego Juri)

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario Uno 

El año electoral no se tomó vacaciones. Ha comenzado rápido a desplegar sus tentáculos. Demasiado rápido.

En Mendoza la actividad interna de los partidos muestra una intensidad particular, quizá porque la incertidumbre política en la provincia es mayor que en otros lados.

Nadie tiene claro nada, por ahora, aquí. Ni el oficialismo ni la oposición.

En el peronismo la agitación envolvió, principalmente, al vicegobernador Carlos Ciurca por meras cuestiones de rencilla interna.

Pero el gobernador Francisco Pérez tampoco transita con placidez sus días, en tanto y en cuanto su principal fuente energética, que es la Presidenta, gira en la estratosfera -muy por encima de los simples mortales- arropada en el misterio.

En el misterio insondable de las divas.

¿Se irá Cristina Fernández a su casa en 2015 o peleará, de una buena vez, por la re-re? Pregunta inconcebible en cualquier país institucionalmente estable, pero por completo pertinente en la Argentina donde pocas cosas se saben con certeza. Ni siquiera el índice de inflación, que debería ser un número puro y duro.

Es natural, entonces, que el PJ mendocino, tan dependiente de Buenos Aires, deba fantasear más de la cuenta cuando proyecta las coordenadas de su futuro cercano.

Metiéndose en campo ajeno

El tole tole que se armó en el PJ por la intensa actividad partidaria emprendida este verano por el vicegobernador Ciurca incluye, cuando menos, un condimento tranquilizador: solo les interesa a los peronistas, en especial a aquellos que se preparan para disputar un cargo en las legislativas de este año.

Para el resto de la población el asunto es irrelevante, pasajero y hasta molesto, si se pone demasiado énfasis en ello.

Tal intrascendencia es la que le lleva a Ciurca a sostener, con tranquilidad: “Nada de esto afecta la gobernabilidad”.

Pensamiento que debe ser compartido seguramente por el gobernador, por cuanto no ha dicho esta boca es mía y le deja suelta la rienda a su vice.

¿Quiénes son los que más se enojaron?

Previsiblemente, los del sector llamado “azul”, quienes, luego de ser barridos de varias reparticiones importantes que detentaban en la época de Jaque, como Irrigación (papelones aparte), sienten que los Gordos del peronismo local, llámese como se llame hoy su agrupación interna, siguen avanzando y van por todo, como diría Cristina.

Los cabecillas “gordos”, recordemos, son Ciurca y tres intendentes, el guaymallino Alejandro Abraham, el lasherino Rubén Miranda y el lujanino Carlos López Puelles (el único delgado, físicamente hablando).

El detonante para el pataleo fue que Ciurca pisó, con malas intenciones proselitistas, tierra tunuyanina, feudo histórico de Patricia Fadel, la Turca, histórica lugarteniente el jefe mayor del clan, Juan Carlos Mazzón, el Chueco. Quién chilló de manera más estentórea fue el intendente del lugar, Martín Aveiro.

Antes, el vice había hecho algo parecido en San Rafael, junto al espinoso Alejandro Cazabán, irritando el cacicazgo de los hermanos Félix.

Otro merodeo incómodo de Ciurca y sus muchachos para el clan azul tuvo lugar en Junín. Ahí el que frunció el ceño, por avistarlos patrullando cerca de su frontera, fue Jorge Giménez, amo y señor de San Martín.

Los feudos no se tocan, pareciera ser una de las inconmovibles leyes internas del peronismo en ejercicio.

Un pataleo previsible

¿Es importante esto que está ocurriendo en el verano político?
No es importante. Son simples escarceos. Se están toreando un poco, nada más.

¿Entonces?

Entonces, pese a todo, conviene ir poniendo las piezas sobre el tablero. Así adquieren visibilidad las principales figuras de la política local… aunque todo, finalmente, termine en un gran arreglo general, como es probable que suceda.

Ciurca, quien no deja de charlar con Mazzón sobre asuntos de importancia general y no sobre la internilla, es quien más claro lo tiene. “Son reacciones lógicas las que ha habido. Lo anormal hubiera sido que nadie dijera nada. El peronismo local está en un proceso de reorganización interna. Son los acomodamientos propios del poder”, señala.

Sin inmutarse, relajado, mientras se deja hechizar en sus minivacaciones por las aguas del lago en la localidad neuquina de Traful, lanza una de esas frases suyas que marcan a fuego la cancha: “Yo nunca voy a criticar a un compañero públicamente, por los medios. Mucho menos si tiene responsabilidades institucionales”.

Quien quiere oír que oiga, pareciera decir, tirando su concepto como quien tira una piedra chata a la superficie tersa del lago: para que haga sapitos.

Entonces, ya que estamos, otro sapito: “Más allá de las declamaciones, yo voy a demostrar en los hechos qué es ser orgánico”.

¿Por qué lo dice Ciurca?

Para reafirmar la autoridad del gobernador Francisco Pérez, su principal sostén y también su principal aliado estratégico.

Está claro el movimiento de pinzas: Paco se dedica, con especial atención, a cultivar, por arriba, la relación con el Gobierno nacional y la devoción por Cristina; Ciurca, por abajo, es el territorio, el todoterreno local.

“Siempre decimos que el gobernador es el conductor político, que él decide. Nos llenamos la boca con eso. Pues bien, es el momento de demostrarlo”, remarca el vice.

Traducido: en él, en Pérez, estará la clave de las grandes decisiones que deberá tomar el peronismo vernáculo de aquí en adelante como, por ejemplo, el desdoblamiento (o no) de las elecciones.

Se escucharán todas las voces, las que bajen de Buenos Aires y las que se alcen, a coro, en Mendoza. Luego, el gobernador dará la palabra santa.

Ciurca va a acatar el dictamen mayoritario. A rajatabla, promete.

Y promete dialogar. Con todos. Con los azules, con los sureños, con el unido y organizado Guillermo Carmona, con el que pinte.

Mejor así.

Y si es en voz baja, mejor aún. Sin reírse mucho, dentro de lo posible.

Para no ofuscar al soberano.

En esa buena novela que inspiró la actual película de Ricardo Darín, Tesis sobre un homicidio, uno de los dos personajes centrales, el prestigioso criminalista Roberto Bermúdez, se descarga: “Todos los políticos tienen esa media sonrisa. Cínicos. Habría que prohibir la política. Habría que erradicar de la faz de la tierra las sonrisas cínicas de los políticos”.

No es para tomárselo tan a pecho. Bermúdez es un desencantado de la vida.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Un-verano-caliente-para-Ciurca-20130120-0021.html

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