Cuando ser feliz sale muy caro

Cuando ser feliz sale muy caro

abr 7, 13 • In Columnas, Política, Tapa

La Argentina relajada de los feriados extralargos se encontró con buena parte de su dirigencia de vacaciones al llegar la inundación. Cruel destino


El gobernador Paco Pérez con el oftalmólogo Roberto Zardivar (ilustración de Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario Uno

Decíamos, en esta misma página, una semana atrás, que la Argentina parecía haber encontrado, como por arte de la magia, la fórmula de la felicidad.

El secreto consiste en ir hilvanando, graciosamente, uno tras otros, los días feriados -un orgulloso récord planetario-, bajo el tibio sol otoñal.

Para que nada empañe ese idílico estado es menester, al mismo tiempo, negar cualquier problema, borrar de nuestra mente cualquier sombra que amague interferirnos la luz de las excursiones.

El recurso es viejo como el mundo: se trata de barrer la mugre debajo de la alfombra.

Todo paraíso, sin embargo, aunque sea artificial, tiene su precio.

Y el que se pagó esta semana, fue muy caro. Demasiado.

Porque tanto relajamiento colectivo afectó a la sociedad paseandera y también a la dirigencia que, calcando la conducta de sus representados, aprovechó el megaferiado para distraerse un rato.

¿Qué otra cosa hacer con una semana entera de inactividad?

Quiso, entonces, el cruel destino que, justamente, aquellos jefes políticos de los distritos donde se producirían los mayores desastres por las inundaciones bonaerenses, en el corazón nacional, estuvieran en ese preciso y fatal instante de merecido descanso: Mauricio Macri (jefe de gobierno porteño) y Pablo Bruera (intendente de La Plata) vagaban por Brasil, Alicia Kirchner (ministra de Desarrollo Social) por España, Gabriel Mariotto (vicegobernador de Buenos Aires) por el Sur argentino. Entre otros.

El equipo de Macri completó una verdadera fiesta argentina: su jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y su ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, “máximo responsable de las obras hídricas de la ciudad”, no quisieron acortar sus vacaciones en Europa; también el diputado provincial Julio Garro, dos veces candidato a intendente de La Plata por el Pro, se negó a retornar de Miami.

Construyendo al enemigo
Para que tamaña despreocupación domine el ánimo de aquellos responsables de velar por la sociedad, se necesitan dos conductas complementarias. Una, es el famoso “yo no fui”.

Utilizó tal herramienta, de manera ejemplar, el intendente Bruera, tras tuitear que estaba trabajando codo a codo con los inundados, cuando la verdad es que se hallaba, todavía, en Brasil.

Descubierta la grosera mentira, su única manera de sortear el papelón fue echarle la culpa a su equipo de comunicación y anunciar, orondo: “No renuncio”.

La otra estratagema complementaria es echarle la culpa de todos los males al otro, al de enfrente, al enemigo, así se trate de inflación, inseguridad, dólar negro o pobreza estructural.

No es nuevo. Lo utiliza la política desde sus orígenes como describe, a la perfección, Umberto Eco en el escrito que da título a su libro más reciente, Construir al enemigo: “Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo”.

Se cumplió al pie de la letra apenas iniciada la inundación. Desde el poder central bajaron todos los insultos habidos y por haber contra Macri. Iba a ser el gran chivo expiatorio y la hoguera pública había sido acondicionada.

Poco después, las aguas llegaron hasta el domicilio platense de la madre de la Presidenta, en pleno territorio peronista, por lo que hubo que desactivar el cadalso y las inculpaciones electoralistas para ponerse a trabajar en favor de las víctimas con un discurso solidario.

Miserias de la política criolla.

Cómo ser feliz en el país precario
Puede que, pese a los muertos y los damnificados, nos sigamos empeñando en ser felices de la misma manera. Distendidos.

Pero, ¿hay margen razonable?

¿Es razonable ufanarse de los dos millones y medio de personas que pasearon durante el fin de semana extralargo cuando el sistema carretero argentino es obsoleto y precario, al punto de cobrarse una cantidad obscena de víctimas fatales?

Se mueve la marea en un país casi sin trenes. Y los pocos que hay ruedan en estado lamentable, como desnudó la tragedia de Once. Un país con una aerolínea de bandera que acumula un déficit largamente superior a los tres mil millones de dólares.

Parte de ese país falto de inversión en infraestructura y en soluciones para la gente se padeció, intensamente, esta semana, en Mendoza.

La supuesta “felicidad argentina” que muchos buscaron cruzando la cordillera se convirtió en pesadilla al retornar de Chile. Miles de automovilistas, varios con su familia completa, debieron pasar hasta 12 horas en la alta montaña, de noche, con temperaturas bajo cero y sin ningún tipo de servicio, por las demoras en el trámite aduanero.

Denigrante y riesgoso.

El problema, generado por ambas burocracias binacionales, se acentúa con los años.

Es doloroso decirlo, pero sólo tendrá visos de mejorar cuando ocurra una tragedia de proporciones en la cordillera.

Funcionamos a tracción a sangre, dijera el Perro Atienza.

Buscando aire afuera
Desde el gobierno de la Provincia estos asuntos se siguen con angustia.

Hay poco margen para responder desde sí mismo a un sinnúmero de desafíos: no se manejan las variables de Aduana y Migraciones, no hay poder de decisión sobre la minera Vale, el dinero para caminos y otras obras -hasta para endeudarse- depende de la buena (o mala) voluntad presidencial, no hay manera de responderle al sector vitivinícola por el precio del dólar o la inflación, etcétera.

La llave de todas esas puertas pertenece a la Nación.

Tiene, entonces, poco margen para relajarse el primer mandatario mendocino que, encima, debe lidiar con una interna partidaria que le gusta poco y a la que, todavía, no le encuentra la vuelta.

Por lo mismo, puede ser una válvula de escape el viaje a China e India de esta semana.

Mucho habrá de protocolar y pour la galerie, es cierto.

Pero Paco Pérez lleva con él a una de las joyas más preciadas de Mendoza, a un referente que puede ser una luz en el camino.

Se trata de Roberto Zaldivar, oftalmólogo de categoría mundial, que busca instalar la primera planta de lentes intraoculares de la Argentina en Mendoza, a través de la empresa Care Group, ubicada en la India.

Sería un hito. Un ejemplo. Un impulso para levantar la cabeza.

Está visto, después de estos días aciagos, que la felicidad duradera se forja trabajando seriamente y a largo plazo.

Lo enseña la fábula de la cigarra y la hormiga.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Cuando-ser-feliz-sale-muy-caro-20130407-0016.html

Compartir

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Scroll to top