El robo de la corona: un colmo

El robo de la corona: un colmo

may 19, 13 • In Columnas, Política, Tapa

La inseguridad es un tema diario, prioritario para la población. Pero el golpe a Vendemmia tocó una fibra aun más íntima. Será un eje de campaña


El ministro de Seguridad Carlos Aranda y el gobernador Francisco Pérez (Ilustración de Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

La inseguridad es asunto de todos los días. Pero se vuelve peor, en la agenda oficial, cuando un hecho toca la fibra íntima del sentir popular.

Fue lo que aconteció en torno a la corona vendimial con el golpe a la joyería Vendemmia.

Mancillar un ícono del folclore de la Fiesta es, para el mendocino, como meterse con la Virgen de la Carrodilla.

“Nadie se atreva/ a tocar a mi vieja”, cantaba Pappo.

Es lo mismo.

Encabrita. Exaspera. Emociona.

No se puede manejar desde el análisis racional.

El atributo de la Reina reapareció, poco después, gracias a la extraña devolución que hizo el abogado Martín Ríos.

Sin embargo, lo policíaco se convirtió, largamente, en la cuestión dominante, porque, a las pocas horas, se produjo el crimen del corredor de seguros Raúl Caicedo, en Guaymallén.

“De pronto, se nos llenó la cocina de humo en una semana que pintaba interesante para nosotros”, se lamentaba ayer un miembro del Gobierno local.

Dos buenas: Lula y Florencio
De no haber sido por la corona vendimial y sus aledaños policiales, el gobernador Francisco Pérez podría haber “vendido” algunos temas que contribuyeran a distender el ánimo desde lo institucional.

La presentación en Buenos Aires del bono mendocino en dólares, para acomodar las cuentas, le dio un poco de aire al gobernador.

No obstante lo cual, uno de los expertos en finanzas del radicalismo, Enrique Vaquié, le aconsejó: “No hay que volver a cometer el error de los 90. No hay que endeudarse otra vez en dólares”.

Discusiones aparte, fueron dos visitas las que más entusiasmaron al mandatario. Una de ellas, la de Lula. Pérez consiguió un mano a mano con él, en donde pudo plantear el problema que hoy le quita el sueño: el de la minera Vale.

El expresidente de Brasil se comprometió a colaborar trasladando la inquietud a las altas esferas de su país.

Luego, se consideró muy positiva la preocupación que evidenció el jefe de Interior, Florencio Randazzo, por la enmarañada problemática del paso internacional a Chile. “Quiero estar presente”, dijo el ministro, aludiendo a la reunión binacional que tendrá lugar en junio.

Para Pérez, que ya cuenta con el firme aval del embajador Ginés González García, el espaldarazo de Randazzo resulta esencial en su denodada y, por ahora, estéril batalla contra las cerriles burocracias de ambos países.

La tenebrosa inseguridad
Ninguna de esas gestiones de Pérez tuvo posibilidad de influir en la consideración general porque la neblina opaca de la inseguridad subsumió el resto.

La cosa se ha puesto seria.

Se palpa en la piel ciudadana. Porque, además de los acontecimientos groseros como el de la corona o el de Caicedo, se suceden hechos menores uno tras otro. Ya no se puede caminar tranquilo, siquiera, un mediodía cualquiera por el microcentro.

Es demasiado.

Para el Gobierno, en el resumen de este semana, se trató de un pico circunstancial, no de una tendencia negativa, de una creciente ola delictiva.

En la oposición, especialmente en el radicalismo, tienen otro diagnóstico. “No hay inteligencia. Se han ido quedando sin personal idóneo. No cuentan con información de las bandas que están operando en la zona”, dicen.

Esgrimen números crudos. De cien mil denuncias penales por delitos que se realizan cada año, solo tres mil terminan en condenas (o sea, el 3%). Y de estas últimas, más del 40% corresponden a delincuentes que fueron sorprendidos in fraganti, con las manos en la masa. “En otras palabras: atrapan solo a los perejiles, no a los peces gordos”.

Por lo que concluyen que hay un “Estado muy débil, que no prevé ni sanciona”.

Ahora bien, en tren de buscar causas profundas, apuntan hacia arriba: “El problema es más grave. Tiene que ver con el Gobierno nacional, que no hace nada al respecto. Utiliza toda la tecnología y la informática disponibles para cruzar datos y perseguir, por ejemplo, a contribuyentes y referentes opositores a través de la AFIP. Pero no van contra el crimen organizado”.

Un tema de campaña
La papa caliente de la inseguridad afecta en dos planos: el inmediato, que es el de la gestión diaria, y el de mediano plazo, con el telón de fondo que significa el proceso electoral.

El primero de ellos es un problema del ministro de Seguridad, Carlos Aranda.

El segundo, tiene que ver con los estrategas políticos y con los jefes de campaña.

“El miedo está en el subconsciente de la gente. No hay cómo escaparle”, señalan en el radicalismo.

En resumidas cuentas: la inseguridad va a ser uno de los puntos fuertes en la campaña electoral. “Es inevitable. Lo van a utilizar”, se resignan en el entorno de trabajo de Pérez.

Lo sabe el Gobierno. También los candidatos del peronismo para octubre.

El intendente de Guaymallén y presidente del PJ, Alejandro Abraham, que se prefigura como cabeza de lista de su partido, ya ha decidido que las propuestas sobre seguridad serán el núcleo férreo de su mensaje. Va a jugar fuerte. Pedirá mano dura. Aunque le cueste algunos roces -previsibles, insoslayables- con el progresismo K.

En la UCR tienen idéntica postura, haciéndose eco del juicio popular.

La planificación, eso sí, incluye un matiz importante. No se instalará el discurso combativo a través de su principal espada, Julio Cobos, porque consideran que el estilo de éste es conciliador, amable y comprometido con los derechos humanos.

El ariete radical, en la materia, será Luis Petri, actual diputado provincial y quien podría aspirar a una banca nacional en tercer término. Es el autor de la llamada “ley Petri”, que endurece el régimen carcelario y que no pudo ser frenada por el justicialismo en la Legislatura.

La batalla, por lo tanto, a campo abierto y de mandíbulas apretadas, será librada por gladiadores de la talla de Abraham, Petri o el peronista disidente Daniel Cassia.

Pinta para ser un debate caliente, pero de gran valor para la ciudadanía, que está exigiendo respuestas más firmes de la clase dirigente.

“Toda vida es un proceso de demolición”, enseñaba, casi un siglo atrás, Scott Fitzgerald, el legendario autor de El gran Gatsby.

Y lanzaba un encomiable desafío: “Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y estar, sin embargo, decidido a intentar que sean de otro modo”.

Para el manual del candidato.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/El-robo-de-la-corona-un-colmo-20130519-0033.html

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