Mula, ¿el radical antirradical?

Mula, ¿el radical antirradical?

jun 9, 13 • In Columnas, Política, Tapa

Iglesias simboliza mucha cosas en estas elecciones: un referente fuerte de la oposición, un objetor de Cobos, una esperanza del PJ, un verdugo del PD


Julio Cleto Cobos, Roberto Iglesias y Víctor Fayad (Ilustración de Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

La palabra mula proviene del latín y alude a “cualquier animal o vegetal obtenido por cruza entre especies diferentes”.

En materia humana, ya en la España del siglo XV se aplicaba el término a una persona terca.

Las dos acepciones sirven para describir y entender al personaje político de la semana en la provincia, Roberto Iglesias, de mentas el Mula.

El exgobernador es, justamente, en esta fase electoral en curso, un híbrido: radical y antirradical.

Otra hibidrez esencial de Iglesias: es una de las principales figuras de la oposición mendocina y, al mismo tiempo, representa una de las mayores esperanzas del peronismo para derrotar a Julio Cobos en octubre.

La valentía de un terco
Cuando Iglesias presentó en sociedad su candidatura a diputado a nacional, este viernes, en el hotel NH, estaba exhibiendo otro rasgo constitutivo de su carácter: su terquedad. Su tesón y su temple. Su capacidad para la brega.

Iglesias ha hecho -y hace- lo que nunca antes un exgobernador desde 1983 hasta la fecha: luchar por la reconquista del poder en el escarpado e ingrato terreno de las urnas, allí mismo, en ese infierno donde el mendocino medio, por extrañas razones, suele cocinar a fuego lento a todos aquellos que, alguna vez, condujeran la Provincia.

Solo José Octavio Bordón hizo un tibio amago, en un desafío legislativo. Pero fue una aventura fugaz, el sueño de una noche de verano.

Ninguno más, entre los gobernadores, ha querido o ha podido probarse de nuevo como candidato, encabezando una lista del terruño propio.

Nada lo detiene a Iglesias en este empecinamiento. Ni las últimas derrotas ni el ambiente adverso dentro de su propio partido.

Por algo es el Mula.

El que honra su alias.

Problemas en el hogar
Dice un maestro esotérico, experto en símbolos, que “soñarse pateado por una mula de cualquier color, insinúa que pronto habrá malos entendidos y disgustos, tanto en la sociedad que frecuenta como en el hogar”.

Quien hoy se sueña pateado por la mula es el exvicepresidente y exgobernador Julio Cobos, el candidato oficial del radicalismo. Reconoce que Iglesias, al presentarse por afuera, con el sello del Partido Federal, les “está haciendo daño”.

Iglesias no se quiere hacer cargo de ese daño eventual ni, mucho menos, de la supuesta esperanza que genera en el oficialismo.

Es práctico: “El peronismo tiene un 30% de los votos. El 70% restante es para la oposición. Dentro de ese amplio margen vamos a participar nosotros, que aspiramos a ser la tercera fuerza provincial”.

Esto no quiere decir que se conformen con salir terceros, sino que apuntan a ocupar el sitio que, hasta ahora, han tenido los demócratas. “Mendoza no da para tener solo dos partidos”, explica, conocedor, en primera persona, de la historia política local.

Está convencido, por otra parte, de que el 99% de los que lo voten a él nunca votarían a Cobos: “Por lo que hizo. Trabajó para hacerla presidenta a Cristina. ¿Qué más?”.

Un número que todos miran
Una pregunta desvela a la cátedra: ¿cuántos votos puede conseguir Iglesias?

Este hipotético guarismo es el que más interesa a todos por igual: a peronistas, radicales y demócratas. También a socialistas. Cada uno de ellos se verá afectado centralmente por la carga que pueda transportar esta mula.

En el cuartel radical que lidera el godoicruceño Alfredo Cornejo creen que Iglesias y compañía no van a superar los 3 o 5 puntos.

El capitalino Víctor Fayad, el socio más fuerte de Iglesias -va de candidato en tercer término-, ve porcentajes mucho mejores: “Hoy tenemos un piso del 12%. ¡Y eso que aún no largamos! Aspiramos al 20%”, dice, embriagado de espíritu ganador. “Es que nuestra fórmula, con el aporte de Mariana (Juri), es muy potente”.

Iglesias pondera en términos similares: “Nuestra lista es la más sólida de Mendoza”. Aunque no arriesga un resultado numérico: “Recién empezamos. Pero vamos a hacer una muy buena elección. Estoy convencido. Hasta puede haber una fuerte paridad entre tres fuerzas”.

El áspero estilo de un luchador
Desde siempre, incluyendo su doble periodo como intendente de la Ciudad, el estilo de Iglesias ha sido batallador.

La campaña proselitista en ciernes lo verá respetando esa manera de ser: combativo, aunque no confrontativo, para no mimetizarse con los K.

Le apuntará, al igual que el equipo de Cobos, a la Presidenta más que al gobernador Paco Pérez. “Porque eso es lo que se disputa. Se trata de un tema nacional. Y hay que meterles un freno a los atropellos de estos tipos, porque si no el kirchnerismo nos va a llevar a un escenario parecido al de Venezuela, con un títere como Maduro como continuador”.

Baja una clara consigna: “Es vital que elijamos para el Congreso a 130 diputados de fierro que no se den vuelta. Y nosotros, acá en Mendoza, somos los más creíbles dentro de la oposición, porque nunca anduvimos dando tumbos de aquí para allá”.

Accionando el radicalómetro
Todo bien hasta ahora en materia de ideas, pero ¿cómo se siente Roberto Iglesias, que ha sido presidente nacional de la UCR, compitiendo contra su propio emblema?

“Nadie del partido, salvo (Mario) Barletta y (Leandro) Despouy, que tienen una relación importante con Cobos, me ha dicho nada”, aclara.

Solo le han planteado dónde va a ir a parar luego. “Está claro que voy a ir a parar al radicalismo”, asegura. “A menos que no me quieran allí”.

Urge saber, finalmente, cuál es su opinión personal sobre Cobos, su afecto íntimo.

“Ya pasó demasiado tiempo”, señala, en tono reflexivo.

Pareciera que va a aflojar, algo. Pero sigue, con voz firme: “Siento desprecio por los tipos que hacen las cosas que él hizo”.

Respira. Deja pasar unos segundos. Retoma el hilo: “No tengo odio. Ni rencor. Pero no puedo compartir un espacio con él, de ninguna manera. Al menos hoy”.

La relación queda como un jarrón trizado, sin arreglo.

Jarrón que, encima, no sirve para disimular nada detrás.

“Nos atacan, al Viti y a mí, porque tienen que salir a esconder lo que hizo Cobos. Es como esconder un elefante”, les dice a sus correligionarios.

Se lleva, el hombre-mula, como corolario, un pensamiento incanjeable: “La política deber tener aristas y ribetes éticos. Sobre todo para el radicalismo”.

Ese que se rompe. Pero no se dobla.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/agabrielli/Mula-el-radical-antirradical-20130609-0022.html

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