Francisco en nuestro infierno

Francisco en nuestro infierno

jul 21, 13 • In Columnas, Política, Tapa

Pocas ideas y mucho insulto personal dominan la campaña electoral. Hasta el Papa quedó enredado en el sainete alrededor de la jubilación de Cobos

El papa Francisco con los niños, Mula, Iglesias, Cleto Cobos, Paco Pérez y Viti Fayad.

El papa Francisco con los niños Mula Iglesias, Cleto Cobos, Paco Pérez y Viti Fayad (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

Si no fuera por la música, no nos salva ni Tarzán. Así cantábamos a principios de los ochenta.

Era una invocación a la esperanza.

El mundo se prometía ancho y ajeno. A conquistar.

Hoy, parafraseando a Miguel Cantilo, da para decir que si no fuera por Francisco, no nos salva ni Iron Man (usted, atento lector, si le agarra un entendible prurito nac & pop, podría reemplazar el superhéroe foráneo por uno criollo; uno de Metegol, por ejemplo, ya que estamos).

Menos mal que está el Papa argentino. Ya que estamos.

Porque aquel escenario prometedor, aquel mundo ancho y ajeno se ha vuelto chata y peliaguda realidad.

Y, con la escasa imaginación que están ofreciendo nuestros políticos en campaña, dan ganas de arrebujarse entre las cobijas y seguir durmiendo el sueño de los justos.

Roída esperanza, la nuestra.

Metiendo al Papa en el infierno
El Papa está llegando a Brasil, en su primera gira importante. Lo envuelven, como tormentas sobrehumanas, las preocupaciones del mundo. Aspira a lo más alto. A ser santo, según especula Noticias.

Ahora bien, entre esa vorágine de cuestiones divinas y mundanas, nunca se habrá imaginado Francisco que iba a quedar en medio de la discusión política mendocina. Que se pone cada vez más picante.

Lo único que le faltaba.

¿Quién lo metió en el baile a Bergoglio? Dos de los principales actores de la campaña electoral, en el debate que se tragó, prácticamente, toda la semana.

Julio Cobos, candidato número uno del radicalismo, apeló a Francisco para defenderse de la estocada que le propinara Víctor Fayad, candidato número tres del Partido Federal (o radicalismo muleto), acusándolo de gestionar una jubilación de privilegio.

Don Cleto arguyó que una suma retroactiva en cuestión iba a ser “donada a entidades para lucha contra el hambre y la pobreza, tal como me lo pidió el papa Francisco, en una carta personal que recibí oportunamente y que nos llenó de alegría”.

“¡No se meta con el papa Francisco, que es una esperanza de más de mil millones de almas!”, le replicó el Viti.

Invocaban los dos al Sumo Pontífice. Pero la payada pueblerina se había vuelto, ya ese lunes, infernal.

La crema de la crema mendocina
El avispero avivado por el intendente capitalino Fayad, al acusar a Cobos de procurarse un generoso retiro por su cargo como vicepresidente, sirvió como parámetro óptimo de la dirigencia pública local.

En la controversia quedó involucrada, en efecto, la elite gubernamental de Mendoza de los últimos cuatro períodos. Porque, además de Fayad, se enredador los exgobernadores Cobos y Roberto Iglesias, más el actual mandatario Francisco Pérez.

Faltó solo Celso Jaque, ausente como embajador en Colombia, donde, dicho sea de paso, se dio el gusto de su vida al recibir a Cristina Fernández en su gira presidencial.

Fue igual. El período estaba representado perfectamente: durante los cuatro años del gobierno de Jaque, Pérez fue ministro de Infraestructura, Cobos fue vicepresidente y Fayad jefe comunal.

Se presagiaba un duelo para alquilar balcones, a nivel de políticas de Estado.

Lo necesitábamos. Nos lo merecíamos

Discutiendo cosas íntimas
Pues bien, lo más granado, lo máximo, el techo de la conducción mendocina de los últimos 14 años se enfrascó en una disputa verbal durante toda la semana.

¿Y qué fue lo más destacado en salir a la luz?

Que Cobos se procuró una jubilación, si bien legal, demasiado ventajosa frente al hombre común (el dardo envenenado de Fayad).

Que Iglesias y Fayad, con su juego sucio, son funcionales a los intereses del oficialismo K (la réplica de Cobos).

Que Cobos no tiene un patrimonio personal demasiado justificable y claro (el toreo de Pérez para un eventual debate).

Que el mandatario es jarabe de pico: “El gobernador Paco Pérez me propone debatir, no tiene entidad para hacerlo. Dedíquese a hacer más por Mendoza y prometer menos” (la respuesta de Cobos en Twitter).

Que Cobos es sospechoso de haber cobrado plata del campo por su voto no positivo (Iglesias subiendo la apuesta).

En ese tono y por ese andarivel se fueron consumiendo los días.

¿Y los grandes temas como Chevron o la inflación?

Quedaron ocultos bajo la humareda.

¿Quién ganó y quién perdió?

En este tipo de trifulcas, gana el que se vayan todos.

Si no fuera por Francisco, no nos salva ni Bordón.

Dentelladas de dinosaurio
La mentada pelea en torno a Cobos tuvo un efecto inmediato sobre la campaña electoral: los involucrados son los “grandes animales”, los dinosaurios políticos que habitan nuestra geografía. Cuando ellos se agitan, tapan a todos los otros.

Por lo tanto, los competidores “pequeños” y los que vienen creciendo quedaron absolutamente desdibujados y al margen. Entre ellos, el primer candidato del peronismo, el guaymallino Alejandro Abraham, cuyo desafío mayúsculo en esta etapa es hacerse conocer. Pero si se le entromete Pérez y polariza con Cobos, eso resulta imposible.

Para los gansos (animales menores si los hay, entre los tiranosaurios rex) es directamente un drama. Necesitan hacerse ver con desesperación porque, hasta ahora, el pronóstico es que Iglesias les va a arrebatar su tercer puesto histórico. Pero ningún debate entre Rosales, Aguinaga y Difonso es tan atractivo ni produce tantas chispas como el de Cobos-Fayad. Y tampoco tienen demasiada entidad como para poner en aprietos a Cristina por sí mismos.

En cuanto a los demás, Daniel Cassia, Alberto Montbrun, Gustavo Gutiérrez, Fernando Armagnague, Nicolás del Caño y Gerardo Uceda, como van por el milagro, tienen un derrotero más lírico. Pueden prescindir del escenario mayor y de los fuegos artificiales. Lo suyo es el esfuerzo minimalista. Lo cual los honra.

Paciencia.

Empieza, desde ahora, formalmente, la campaña en los grandes medios.

¿Expectativas?

De alguito mejor, por supuesto.

“Todo lo que sube rápido baja a la misma velocidad”. Dicen que esta es una de las frases preferidas de Francisco por estos días.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Francisco-en-nuestro-infierno-20130721-0031.html

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