La obviedad de Cobos y el embrollo peronista

La obviedad de Cobos  y el embrollo peronista

ago 12, 13 • In Política, Tapa

Un triunfo cantado, una refrescante sorpresa y un jeroglífico oficialista

Julio Cobos rodeado de sus candidatos, Luis Petri  y Patricia Giménez, festejando el  holgado triunfo.

Julio Cobos rodeado de sus candidatos, Luis Petri y Patricia Giménez, festejando el holgado triunfo.

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

Una elección muy interesante la de ayer, con sorpresas y obviedades que jalonan el camino hacia octubre.

Lo obvio: el triunfo de Julio Cobos. Se olía. Estaba en el aire… salvo para ciertos encuestadores.

Además de las naturales simpatías que genera el exvicepresidente y del clima de época que encarna, el radicalismo desarrolló una estrategia límpida y conductiva. Concentró todos los haces lumínicos sobre su principal candidato, lo arropó con un eslogan fuerte (Julio en agosto), lo sacó a caminar cada rincón provincial con aire ganador y lo preservó de cualquier entrevero con mal talante.

Por si esto fuera poco, le cayó un regalo del cielo. Fue cuando Viti Fayad, fiel a sí mismo, quemó su cajón de Herminio acusando a Cobos de cobrar una jubilación de privilegio. A ese embate se sumó el gobernador Paco Pérez, desafiándolo a un debate público.

Resultado: Cobos quedó instalado como “el” opositor, como el único rival a vencer.

Allí se terminó de polarizar una elección que el peronismo, de movida, apostó a dispersar.

Lo sorpresa, lo preocupación
Lo sorpresivo de ayer: Nicolás del Caño, el trotskista que, desde la periferia y el fondo de la tabla, logró colarse tercero, desbancando a otros peces de mayor predicamento y tamaño.

Un aliento refrescante para la izquierda frugal (solo $35.000 de campaña) como contracara del actual progresismo de sueldos suculentos y casas millonarias.

Lo bochornoso: como dijimos arriba, las encuestas difundidas por diversos consultores del peronismo (Di Tomaso, Aurelio, Bollati, Córdoba), que ponían a Abraham casi empatando o ganándole a Cobos. Alguno de ellos le dio más de 16% de intención de voto a Iglesias.

La decepción: para Roberto Iglesias, que hizo de su lucha personal contra Cobos el leit motiv de campaña. Aspiraba a entreverarse en el pelotón de vanguardia. Terminó en el tercer pelotón, compitiendo con Montbrun y Cassia en torno a los 4 puntos. Casi fuera de carrera.

La melancolía: la perfomance del PD que, en su puja por reposicionarse en su histórico tercer casillero provincial no pudo lidiar siquiera con el ascetismo franciscano de Del Caño. Le queda intentar, todavía, un utópico, casi imposible renacimiento sobre la base de sus -¿olvidadas?- tradiciones.

El PJ en la gran encrucijada
Lo preocupante de ayer: la gran desorientación que dominó al peronismo desde que entrara en la contienda.
Hizo todo mal.

En primer lugar, nunca logró cohesionar sus fuerzas desde la cúpula. El gobernador, que es tradicionalmente el jefe político del PJ, estuvo ausente de esa tarea. Toda su fascinación se ha dirigido siempre hacia la Presidenta. Solo tiene ojos para ella.

El partido le pertenecen al vice Carlos Ciurca, verdadero gran cacique territorial.
Tal esquema produce ruido.

Porque ambos, Pérez y Ciurca, en estos asuntos, no marchan en tándem, haciendo trencito, sino en paralelo. Y está visto que las paralelas no se tocan… salvo en el infinito.

Resultado: el andar fue ambivalente, difuso, embrollado. No se apostó fuertemente a Cristina ni a la fuerza telúrica. Se quedaron a mitad del río. Se quedaron sin estratega de campaña (Riorda). Se quedaron sin discurso. Y hasta sin plata en algunos distritos, por simple desprolijidad.

Es cierto que se puso como candidato a un intendente del calibre del guaymallino Alejandro Abraham. Pero eso no garantizó el pleno involucramiento de los demás jefes comunales en la gesta, en especial los del sector azul, que se han visto desplazados paulatinamente de los puestos de la administración y de la boleta nacional. ¿Cómo se entiende, si no, la derrota en feudos poco menos que inexpugnables como Maipú o San Martín?

Le queda una esperanza al oficialismo, pese a la paliza: peor no pueden hacer las cosas. Todo lo que venga necesariamente será un salto cualitativo.

¿Lograrán recomponer el ánimo? ¿Entenderán si Cristina es parte de la solución o del problema?

Son una máquina de poder. Están en el poder.

Tendrán que sacar a relucir las garras.

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