Iglesias o el otoño del guerrero

Iglesias o el otoño del guerrero

ago 25, 13 • In Columnas, Política, Tapa

El exgobernador se bajó de la carrera electoral con un pensamiento claro: “No hay que calentarse con la gente”. El exjuez Romano, otro de los caídos

El exgobernador Roberto Iglesias (1999-2003). Ilustra Diego Juri para UNO.

El exgobernador Roberto Iglesias (1999-2003). Ilustra Diego Juri para UNO.

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

Los dos nombres en recuadro de esta semana, en la provincia, ilustran la historia de otros tantos ocasos.

Uno, forzado y a contrapelo, obligado por la Justicia, el del ex juez federal Otilio Romano.

Otro, voluntario, obligado por las circunstancias, el del exgobernador Roberto Iglesias.

El otoño de dos personajes con dilatada vida pública en Mendoza, pero que les llega en circunstancias muy disímiles.

A Romano lo detuvieron en su exilio dorado frente al mar, cerca de Reñaca, el balneario por excelencia de los mendocinos, para ser devuelto a la Argentina. Deberá rendir cuentas sobre su actuación en la dictadura, sospechado de haber encubierto decenas de violaciones a los derechos humanos.

En el atardecer de Iglesias no hay delitos de por medio, sino la realidad del voto. Un hecho político puro, que termina impactando en los otros candidatos, que irán por sus restos.

Tilo y el final de una época
El caso de Otilio Roque Romano, Tilo para los amigos, excede su derrotero personal para marcar, simbólicamente, el fin de una época en la Justicia de la Provincia.

Romano era el núcleo duro de un combo que predominó, durante años, en los tribunales federales y que tuvo su máximo esplendor durante el gobierno peronista de Arturo Lafalla (1995-1999).

Por inspiración directa del gobernador, fue el período de mayor judicialización de la política desde 1983 a la fecha. Sus estrellas doradas fueron el entonces fiscal de Estado, Aldo Giordano, y el juez federal Luis Leiva con su espectacular procesamiento a los exfuncionarios del Banco de Mendoza, una saga de gran repercusión social y mediática que terminó rozando al vice Jorge Coco López.

La historia terminaría demostrando que hubo más fuegos de artificio que otra cosa.

Poco a poco, la elite federal de aquel tiempo de vino y rosas fue cayendo de su pedestal: Leiva y su equipo, más Luis Miret y Julio Petra Fernández, ambos colegas de Romano como camaristas.

Tilo llegará a Mendoza, esposado, como el último mohicano de una poderosa tribu.

Mula hasta el final
La parábola de Iglesias es muy diferente porque obedece a una derrota elegida personalmente.

Nadie lo obligó a colisionar de frente contra esa gran muralla electoral del 11 de agosto que representaron las primarias abiertas (PASO).

Nadie salvo su carácter empecinado. Su condición de Mula.

El rótulo de campaña era de un guapo de arrabal: Se la banca.

Un baño de realidad
Iglesias entró a la contienda de agosto convencido de mantener todavía un predicamento importante sobre los mendocinos.

Solo eso, el creerse valorado y querido en su comunidad, pudo justificar que se presentara enfrentando mediante un sello de goma a su querida Unión Cívica Radical, a la que había presidido nacionalmente en 2005 como heredero del chaqueño Rozas.

Aventuró que podía entreverarse mano a mano con los dos favoritos, su correligionario Julio Cobos y el peronista Alejandro Abraham.

Su expectativa era sumar, cuando menos, el 15% de los votos. No llegó ni al 5%, quedando por debajo, incluso, del trotskista Del Caño y del ganso Rosales.

“Fue una sorpresa. Un golpe duro”, admite hoy, con amargura pero sin dramatizar. “Nadie previó ese resultado tan categórico”.

Conclusión: a mitad de la semana anunció que se bajaba de la competencia final en octubre.

¿Cobardía o lucidez?
En tren de interpretar la decisión del exgobernador, caben dos posibilidades: o huyó del desafío, como un acto de cobardía; o respondió con sensatez al pronunciamiento del soberano.

El arriba firmante elige esta segunda opción.

Iglesias lo explica en sus términos: “Una derrota contundente como esa no se discute. Y nosotros (aludiendo a sus compañeros de fórmula Fayad y Juri) no estamos para sacar un resultado como ese”.

Personaje de una sola pieza, Iglesias, el Mula, no es de andar llorando por los rincones. Nunca lo hizo. No lo iba a hacer ahora.

“Está claro que nuestra propuesta a la sociedad no sirvió. Lo peor hubiera sido no aceptarlo y calentarse con la gente”, se resigna.

No va a admitir, eso sí, que probablemente esa misma gente lo haya visto, en su ataque frontal contra Cobos, como haciéndole el caldo gordo al peronismo. Como jugando para el enemigo.

No a los cuarteles de invierno
Rasgos salientes de Iglesias son su dureza y su tenacidad. Su temple combatiente.

Eso lo convirtió en un confiable pilotos de tormentas cuando le tocó gobernar la Provincia durante los tumultuosos años de la presidencia de De la Rúa.

La misma tenacidad lo impulsó a intentar lo imposible: un retorno a los primeros planos provinciales mediante las urnas, algo que ningún exgobernador ha conseguido, hasta ahora… hasta Cobos. Lo cual, para Iglesias, puede significar un sabor paradójico y hasta cruel.

Se vistió de candidato en 2007, en 2011 y ahora en 2013, con suerte diversa.

Pareciera que, por esa vía, está todo dicho. Que ya fue. Que acometió su último intento.

“No sé si lo mío tendrá alguna validez electoral en el futuro”, reflexiona en el atardecer frío de este fin de semana. “Pero la Argentina es tan cambiante… Fijate lo que pasa con los Kirchner, que han venido ganando y perdiendo alternativamente en estos años”.

No suena a fantasía vana su letanía. Simplemente especula sobre un país que, a Iglesias también, le resulta extraño.

Promete seguir militando. Pero, ¿cómo, si la UCR local no lo contiene ni le genera cariño?

“El partido cruje. Nosotros tuvimos el coraje de decir lo que muchos piensan. Ya voy a encontrar un espacio”, aventura, como al borde de un negro mar.

Después de octubre, se viene la carrera presidencial de 2015.

Se reconoce apoyando al actual senador Ernesto Sanz, nunca a Cobos, al que trata como un hijo bastardo e ingrato; sangre de su sangre, sí, pero fruto de un desliz en la vida.

“Ernesto está caminando el país. Con Cobos no voy a ningún lado. A Cobos no le tengo ningún respeto. Ni confianza”.

Palabra, dolida, de Mula. Retórica otoñal.

Dice Cioran, en su Breviario de los vencidos: “Al igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinúan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, así sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarse en su seno”.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Iglesias-o-el-otoo-del-guerrero-20130825-0035.html

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