Un círculo rojo y balas de tinta

Un círculo rojo y balas de tinta

sep 8, 13 • In Columnas, Política, Tapa

El peronismo mendocino se resignó a una campaña nacionalizada. Deberá hacerse cargo del malhumor de Cristina. Cobos, encima, arregló con el Viti

Cristina Fernández de Kirchner y Alejandro Abraham, Ilustra Diego Juri para UNO.

Cristina Fernández y Alejandro Abraham (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

Parece el título de una intrincada novela policial: El círculo rojo y las balas de tinta.

Aunque no es un cuento de acción, con crímenes que se van sucediendo en bocacalles oscuras, sino de misterio.

Paranoia y maquinaciones malévolas dominan a los protagonistas desde arriba.

El misterio es para los de abajo.

Arriba se denuncian, ahora, el ominoso círculo rojo de Mauricio Macri con su intención destituyente y las balas de tinta del periodismo no oficialista con idéntico objetivo.

Hay otros blancos de mayor envergadura, pero igual de fregados, como el presidente chileno Piñera por haber sido dueño de LAN o el presidente norteamericano Obama por hacerles el caldo gordo a los fondos buitre.

Es el mundo donde vive -y tuitea- la Presidenta.

Allí todo es amenaza para ella. Para su gesta. Para su revolución permanente.

Por abajo, en las zonas más humildes de la realidad como, por ejemplo, en Mendoza, las cosas están menos claras. Cunden allí el misterio y, de a ratos, la desesperación.

Quien más desespera es el peronismo local. Que viene golpeado por la elección del 11 de agosto. Que depende adictivamente de Cristina. Y que no sabe para dónde agarrar toda vez que la jefa de Estado se sumerge en su relato de conspiraciones infinitas.

Desespera, también, porque tragedias más cercanas, como el asesinato del médico Sebastián Prado, no cuadran con la ciencia ficción del círculo rojo o negro.

Lo de las balas de tinta suena a chiste macabro al lado de las balas de verdad. Las de plomo. Las que sí matan.

Una situación incómoda
El PJ mendocino ha vuelto a quedar en un callejón sin salida, a merced de la Presidenta.

En un primer momento, cuando comenzaba la campaña electoral para las primarias abiertas, imaginó que, dado el clima anti K que cundía en la sociedad, podía cimentarse sobre su fuerza territorial.

Quería hacerse valer a partir de la popularidad de sus intendentes.

No funcionó. Entre otras razones porque el gobernador Francisco Pérez se debe en cuerpo y alma a Cristina. Y nadie en su sano juicio iba a provocar un cortocircuito en esa relación.

El resultado fue una campaña errática, desmañada, sin nervio.

Hoy las cosas no se han revertido.

Quienes fomentaban la postura “provincialista” -la llamada Corriente, que lideran el vicegobernador Carlos Ciurca y los intendentes Alejandro Abraham (principal candidato) y Rubén Miranda-, terminaron aceptando que la nacionalización de la campaña es inevitable.

Elemental: Julio Cobos, el gran rival a vencer, tiene un discurso dirigido al Gobierno nacional.

Cobos apunta directamente a Cristina, no a Paco, no a Abraham ni a sus seguidores.

Allí crece el adalid de los radicales y desde allí se proyecta a 2015.

Esperando el paquete
“¿De qué otra cosa vamos a hablar desde aquí a octubre sino de lo que están generando en Buenos Aires?”, acepta, con realismo, Abraham.

En efecto, tras la acerba derrota en las primarias, el kirchnerismo decidió jugar una suma de cartas fuertes, aunque refute su propia historia de 10 años en el poder.

No importan la ideología ni la coherencia en este tramo, sino recuperar caudal en las urnas.

Fueron anoticiados de esto los cabecillas del peronismo local en la Rosada: irán cayendo, cuando menos, uno o dos anuncios rimbombantes por semana hasta las elecciones del 27 de octubre.

Ya pasó lo de Chevron y Pemex con YPF, pasó lo del impuesto a las ganancias. Ya se aceptó que hay inseguridad (cambiando, de paso, el ministro) e inflación. Ya se pidió bajar la imputabilidad de menores de 16 a 14 años de edad vía el candidato Martín Insaurralde. Ya se trasladaron gendarmes de las provincias a Buenos Aires, solo por unos días, para apuntalar, justamente, a Insaurralde. Etcétera.

Aunque no tienen la letra chica de la nueva agenda, los mendocinos creen que Cristina podrá publicitar medidas flexibilizando el régimen de importaciones o el cepo, permitiendo, por ejemplo, acceder a moneda extranjera para viajar a países limítrofes. Ese guiño “turístico” sería una de las tantas maneras de seducir a la esquiva clase media, donde anida el grueso de los caceroleros.

“Hoy no podemos tirar a Cristina a la basura. Es una cuestión táctica pero también ética”, admiten en el PJ.

Dos piedras en el zapato
Ahora bien, supongamos, por un momento, que a la Presidenta la asista la razón respecto de cada denuncia conspirativa.

Igual, para sus seguidores locales eso no ayuda mucho. Porque el problema no es un asunto de verdades sino de tono.

La virulencia y la aspereza del discurso presidencial le entregan todo el tono amable, pacificador y positivo a Cobos.

Cristina es una permanente usina de mala onda.

Cobos, en cambio, es cada vez más Bambi, está cada vez más dulce, más cómodo en su rol.

“Yo no pienso volverme agresivo. No lo hice en agosto, no lo voy a hacer ahora”, reafirma Abraham.

Es ahí donde la Presidenta implica una piedra en el zapato.

La otra piedra es el gobernador. Pérez ha quedado, por default, como único jefe de campaña. En teoría.

“Paco es ahora el conductor. Pero todavía no ejerce esa función. Estamos esperando que asuma. Necesitamos conducción”, dicen los caciques, mientras ganan en ansiedad.

Cleto y su abrazo con el Viti
Una muestra del estado de confusión que embarga al PJ lo da la insólita discusión en torno a una posible alianza con Daniel Cassia a nivel municipal.

Ese asunto, muy menor, que podría ayudar a algunos intendentes a retener su poder en los concejos deliberantes, generó una protesta pública del segundo candidato, Omar Félix.

Inexplicable. Sobre todo después del abrazo que viene de ocurrir en la UCR.

Lo que parecía imposible finalmente se dio: Julio Cobos y Viti Fayad fumaron la pipa de la paz. Hasta tal punto llegó la concordia que el intendente de la Capital ofreció unificar las elecciones en su municipio con las legislativas de octubre, aunque técnicamente sea inviable.

El armisticio contó con el aval del senador Ernesto Sanz.

O sea, una cumbre de unión radical para terminar de pavimentar el camino de la victoria hacia octubre.

El peronismo debería asimilar este nuevo golpe y procesarlo convenientemente.

De lo contrario se ahogará en sus naderías y egoísmos.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Un-circulo-rojo-y-balas-de-tinta-20130908-0007.html

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