¿Cuánto nos quiere Cristina?

¿Cuánto nos quiere Cristina?

sep 22, 13 • In Columnas, Política, Tapa

Peronistas y radicales en campaña discuten acaloradamente sobre el amor o el desamor de la Presidenta. Pero la verdad vendrá después de octubre.

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La presidenta Cristina Fernández y el gobernador Francisco Pérez.

Por Andrés Gabrielli

El tratamiento del Presupuesto en el Congreso de la Nación reavivó, aquí, una discusión que lleva sus años.

Todos los años en que ha gobernado el kirchnerismo. La supuesta década ganada.

¿Qué se discute políticamente? Una cuestión central: ¿fue una década ganada o perdida para la Provincia, en relación al tratamiento que le dispensa la Nación?

Para el arco opositor no existe duda alguna: nos han reventado. Lisa y llanamente. La Nación, hoy con Cristina Fernández a la cabeza, humilla a Mendoza, pese a la devoción almibarada y obsequiosa que le tributaron nuestros gobernadores.

Para los tres últimos oficialismos (los gobiernos de Pérez, de Jaque e incluso de Cobos) esa fidelidad con el poder central tuvo plena justificación y nunca salimos perjudicados. Se extrajo de ella todo lo que sensatamente se podía.

Lo que sí nadie pareciera discutir, a esta altura del partido, es que el federalismo, como alguna vez se entendió en la fundación de la República, se ha vuelto una de las tantas ideas bastardeadas y cuasi extinguidas.

La puñalada de Vaquié
En el debate sobre los recursos, el radicalismo dispone de una gran ventaja: dos de sus legisladores nacionales han sido ministros locales y manejan los temas presupuestarios.
Uno es el diputado Enrique Vaquié, ex titular de Hacienda; otra es la senadora Laura Montero, jefa de Economía.

El elenco peronista en el Congreso tiene menos fuste.

Vaquié fue al hueso esta semana al señalar que “nuestro gobernador está en la primera fila de los aplaudidores y nunca es favorecido, como sí lo son Jorge Capitanich, Eduardo Fellner, Gildo Insfrán, Alberto Wereltilneck y Daniel Peralta”.

Mendoza, argumenta Vaquié, figura en el “quinteto de los olvidados”, junto a las provincias más opositoras, en cuanto al gasto de capital que le aporta la Nación.

La respuesta de Costa
El actual encargado de Hacienda, Marcelo Costa, hay que decirlo, está en el peor lugar del mundo, luego de su par de Seguridad, Carlos Aranda.

Viene de emitir una letra por algo más de 200 millones de dólares para afrontar gasto corriente. Y pese a que el senador radical César Biffi dice que alardear respecto de ese tipo de endeudamientos es como “festejar las derrotas”, lo cierto es que Costa logró un alivio pasajero. Le quedan varios huecos por cubrir de aquí a fin de año.

Señala que la coparticipación representa hoy el 50% de los recursos provinciales y que el aporte “discrecional” de la Nación al que alude Vaquié es de solo unos 600 a 800 millones de pesos, o sea, el 7 u 8% del total. “No mueve demasiado la aguja”, dice.

Pero, justamente, eso es lo que denuncia el diputado radical: que sea tan escaso el “regalo” presidencial comparado con el premio que reciben otras provincias.

El meneado impuesto al cheque
Otro asunto sobre el que se polemiza hasta el hartazgo es el del impuesto a los débitos y créditos bancarios, conocido como “impuesto al cheque”.

Tiene un alto significado simbólico en función del sometimiento provincial.

Vaquié, entre otras cosas más técnicas, propone que dicho tributo sea utilizado progresivamente como pago a cuenta del impuesto a las ganancias. Y pide que su recaudación “se distribuya de acuerdo al sistema general de coparticipación”.

Para Costa, se trata de una propuesta demagógica. “Según Vaquié, la Nación, en vez de quedarse con el 80,4% del impuesto, debería retener solo el 34,2%. Es decir, recaudaría 33.000 millones de pesos menos. Es imposible. La Presidenta tendría que vetarlo”.

¿Para qué lo plantea Vaquié, entonces?, es la pregunta.

“Para acusarnos de levantamanos”, opina Costa.

La verdadera situación
La polémica está al rojo vivo porque dentro de un mes hay elecciones legislativas.

Las chicanas son parte de la campaña electoral.

Lo concreto es que la Provincia atraviesa una delicada situación financiera.

Costa, como dijimos, deberá tener mucha muñeca para llegar sin sobresaltos a fin de año.

Dentro de este esquema, también se ha tomado conciencia en el gabinete provincial de que ya no hay más margen para seguir siendo flexibles y dadivosos en las negociaciones paritarias.

Tienen la soga al cuello.

El momento clave será 2014. No existirá la presión electoral ese año. Y el gobernador Pérez no va a tener más margen para ser manirroto como hasta ahora.

A la Nación le pasa otro tanto.

Después de octubre tendrá que hacer correcciones, inevitablemente.

Las especulaciones abundan. Lo más sensato, por ahora, según se escucha, es que toquen dos variables: una, ir bajando los subsidios a la luz y el gas, con ajustes inteligentes y razonables (y que la provincia y la ciudad de Buenos Aires dejen de tener coronita).

Dos, el dólar. Necesita seguir su camino ascendente para que haya más exportaciones y, por ende, mayor ingreso de divisas. No hay demasiado consenso para un desdoblamiento cambiario, por otra parte.

También será esencial que se trabaje, en serio, para contener la inflación.

¿Cuál es el clima de cambio? ¿El runrún? “Todos hablan en Buenos Aires de que Lorenzino (ministro de Economía) se va después de octubre”, indican en el entorno de Pérez.

También Manzur (Salud) y Yahuar (Agricultura) tendrán que ocupar sus bancas de legisladores.

La gran incógnita es qué margen de versatilidad tiene la Presidenta en su cabeza.

El quinteto imperial ya camina

Abrumados por tantos asuntos que no dominan y por la azotaina que les propinó Julio Cobos en agosto, los peronistas mendocinos decidieron transitar un camino de humildad.

Su actitud, hoy, es franciscana. Como si leyeran el catecismo del Papa.

Han confirmado un equipo todoterreno de elite que conforman el gobernador Pérez y el vice Carlos Ciurca; los dos principales candidatos, Alejandro Abraham y Omar Félix, y el senador maipucino Adolfo Bermejo.

El quinteto va recorriendo ya cada rincón de la provincia. Apelando al vecino. Exponiendo el predicamento de cada intendente propio. Sin invocar, demasiado, a Cristina, mientras otean en el horizonte a Scioli y Massa entre suspiros, mezcla de esperanza y algún alivio.

Ahí van. Masticando el polvo de los caminos. Orando. Porque, suponen, los milagros existen.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Cuanto-nos-quiere-Cristina-20130922-0022.html

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