Llegando a las fiestas con el agua al cuello

Llegando a las fiestas con el agua al cuello

dic 1, 13 • In Columnas, Política, Tapa

El gobernador alertó sobre la situación financiera. El aguinaldo se pagará igual. Pero quedan pendientes los temas de fondo

El ministro de Hacienda, Marcelo Costa y el gobernador Paco Pérez. Ilustración de Diego Juri para UNO.

El ministro de Hacienda, Marcelo Costa y el gobernador Paco Pérez (Ilustración de Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

Una de las grandes ventajas de ser argentino es que uno se acostumbra a moverse al filo del abismo, a caminar sin red sobre la soga del equilibrista.

Pocas cosas nos sorprenden o nos escandalizan de la agenda pública. Porque cualquier cosa es posible. Y también todo lo contrario.

La palabra oficial ha pasado a valer poco y nada. Menos que el peso.

Y como la realidad se ha vuelto ficticia, vivimos desentrañando, a cada momento, qué es verdad y qué es mentira. O cuándo estamos en su punto medio, en la verdad a medias.

Palabras, palabras, palabras…
Gracias a ese exigente entrenamiento que nos brinda la argentinidad, poco impacto nos causó enterarnos de que no teníamos voluntad de pagarles a los gallegos por la expropiación de YPF. Gallegos turros, delincuentes, que, encima, nos debían plata a nosotros por los pasivos ambientales y por haber vaciado la empresa, bandera nacional.

Por eso tampoco nos impresionó -curados de espanto- cuando el mismo Axel Kicillof, hoy ministro de Economía, dijo, muy poco después, lo opuesto: “Es imposible no pagar una indemnización porque es ilegal. Lo manda la ley de expropiación”.

Tal imperturbabilidad de Kicillof, que lo llevó a negar esta semana que haya inflación-aplicado alumno de la escuelita de Moreno-, refuerza en el país un clima discursivo donde nada de lo dicho se toma muy en serio. Por más relevante que sea.

Importan los hechos. Lo que ejecuten los funcionarios. No lo que digan a cada rato.

Sobre esta base, ¿cómo deben tomarse las declaraciones del gobernador afirmando que, por la delicada situación financiera de la Provincia, peligra el pago de aguinaldos?

Francisco Pérez admitió, de esa manera, que el agua le estaba llegando al cuello sobre el filo del año.

¿Es para creerle a pies juntillas?

¿O se trata de otro capítulo, tal vez menor, de la gran ficción argentina?

Paco no es Axel
Desbrocemos algunas cuestiones.

En primer lugar, Pérez no es Kicillof. Ni Moreno. Ni Aníbal. Ni Pimpi Colombo.

O sea, no es un negador serial. No es un torturador compulsivo de números para, torciéndoles el cuello, hacerles decir, contra su voluntad, lo contrario de lo que expresan.

A Pérez sí se le cae la cara de vergüenza. Lo cual no es poco, dadas las circunstancias.

En segundo lugar, es cierto que la salud de las cuentas provinciales tiene un diagnóstico delicado. La foto es mala. Y la proyección a futuro es aún peor porque, como advierten los voceros opositores mejor informados, Mendoza padece un déficit estructural: el Estado es cada vez más grande respecto del sector privado y la matriz productiva se halla agotada y en retroceso.

En tercer lugar, más allá de los errores y aciertos en los que pueda estar incurriendo la administración local, hay una situación, clara y evidente, que ni Pérez ni ningún funcionario o legislador suyos está en condiciones de admitir o sincerar: la relación Nación-provincias se deteriora progresivamente. Irremediablemente.

La Nación, además de las amplias facultades que posee para cerrarles el grifo a los gobernadores cada vez que lo necesita, puede enjugar su déficit con una serie de herramientas vedadas a las provincias como la emisión monetaria, el Banco Nación, el Banco Central, la Anses y un amplio etcétera.

Pérez (y los demás gobernadores) está habilitado para ir a tirar la manga en Buenos Aires. Solo eso. Pero debe guardar riguroso silencio en caso de que lo manden de regreso con una mano atrás y otra adelante.

A riesgo de ser decapitado ante el menor chillido.

Mejor dicho, puede chillar hacia abajo, hacia el interior de la provincia. Pero no hacia arriba, adonde está el que decide las reglas de juego.

Achaques de un mal negociador
En este punto se arriba a una conclusión: el gobernador no mintió al elevar su voz de alerta, pero el aguinaldo de los estatales se pagará de cualquier forma.

Lo que nos lleva a otra instancia. A separar la foto de la película.

La dificultad central que afronta la Provincia sobre el filo de las fiestas se debe, según un exministro de la talla de Enrique Vaquié, a la letra que vence este mes, colocada a dólar “linked”, por unos 270 millones de pesos, monto similar al que Pérez fue a pedir a Buenos Aires.

“Se metieron en un baile fulero y no saben cómo salir de él”, dice Vaquié, quien, dicho sea de paso, reconoce cierta responsabilidad de la oposición en este esquema de financiamiento.

El ministro de Hacienda, Marcelo Costa, aseguró que tiene previsto cómo afrontar las urgencias de este momento. Hay que creerle.

El tema clave no es coyuntural, sin embargo, sino de fondo. Un ejemplo: el Gobierno tiene a los gremios en pie de guerra y ha demostrado, todos estos años (por lo menos desde Cobos para acá), ser un mal negociador paritario. Por no decir pésimo.

Se negocia siempre al bulto, con incrementos generales de sueldos, nunca por productividad. No se hace en función de la eficiencia ni de la racionalidad del Estado.

El radicalismo, vía Martín Kerchner, visualiza una planta “real” de más de cien mil empleados y una erogación total en salarios, proyectada, que supera los 15 mil millones de pesos.

La presión sobre la sociedad civil, por ende, tiende a incrementarse.

Alguien, en algún momento, tendrá que hacer los deberes.

De lo contrario, el agua que hoy llega al cuello, pronto puede cortarnos la respiración.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Llegando-a-las-Fiestas-con-el-agua-al-cuello-20131201-0035.html

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