Un Pérez preocupado y un Bermejo candidato

Un Pérez preocupado y un Bermejo candidato

dic 8, 13 • In Columnas, Política, Tapa

Mientras el Gobierno monitorea los barrios y mantiene la Policía en calma, el senador se anotó en la carrera electoral de 2015

Primereando en la largada el senador Adolfo Bermejo, Omar Félix y el intendente de Las Heras Rubén Miranda.

El senador Adolfo Bermejo delante de Omar Félix y Rubén Miranda (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli

Columnista de Diario UNO

Se acercan las fiestas y el clima social no es de fiesta. Una ola de incertidumbre se derrama por distintos puntos del país. El descontento policial y los saqueos van en su cresta.

De ambos, el reclamo de la policía es el tema más estructural y focalizado. La agitación en torno a los saqueos, en cambio, tiene un carácter volátil. Se mezclan ahí los hechos reales con el temeroso rumor barrial y la ansiedad de los medios electrónicos por darle entidad a una noticia que, a veces, no existe. El vértigo es una mala droga para este tipo de canal informativo.

Por encima de la gravedad (o no) del problema, la clase gobernante se pone a prueba nuevamente.

Lo hace mediante su manera de pararse frente a los sucesos.

Resulta oportuno, entonces, evocar el gran nombre que flota sobre el mundo en estos momentos. El de Nelson Mandela, fallecido el jueves.

John Carlin, escritor y periodista, se pregunta por Mandela: “¿Era genuinamente una buena persona o era simplemente un político muy astuto?”.

Poco le cuesta arribar a una conclusión determinante sobre el expresidente sudafricano: “Su integridad y la coherencia sin costuras entre lo que predicaba y lo que hacía eran como un diamante que brillaba con más intensidad que todos sus contemporáneos, en Sudáfrica y en el resto del mundo”.

Carlin llama a Mandela “la personalidad política y moral más descollante de nuestros tiempos”.

La enseñanza de Mandela

Además de que no se le advertían fisuras, Mandela es un ejemplo humano incomparable porque, viviendo dentro de un intenso mar de odios raciales, predicaba la concordia y la generosidad entre sus connacionales. Llamaba, en las peores circunstancias, a la calma mediante palabras suaves y argumentos razonables. Evitaba dividir su realidad entre vencedores y vencidos.

La Argentina no logra transitar esos caminos. En momentos difíciles como los actuales, el poder central tiende a deslindar responsabilidades en las administraciones provinciales, sobre todo si no son afines.

Ejemplo de clima-país: “Capitanich insiste en que la seguridad es un tema exclusivo de las provincias. Mientras, parece el pulpo Paul mandando gendarmes a todos lados”, ironizaba ayer Leandro Halperin en Twitter.

La provincia espera en calma

Mendoza sigue los acontecimientos con relativa tranquilidad, pese a estar rodeada de conflictos.

El gobernador Francisco Pérez admite tener “mucha preocupación”.

Fue inevitable que ayer circularan versiones ambiguas de todo tipo sobre saqueos. Las redacciones de los medios fueron cajas de resonancia de la lógica preocupación vecinal.

De todos modos, el Gobierno considera que la situación se mantiene bajo control porque los policías mendocinos se hallan entre los que tienen blanqueados más ítems dentro de su bono de sueldo, incluyendo la ropa de trabajo.

Y Pérez viene de firmar el ascenso de 1400 efectivos, lo que garantiza una movilidad ascendente.

Otras dos ventajas operativas: una, que aquí existe un Ministerio de Seguridad; en la mayoría de las provincias solo hay una jefatura de policía.

Dos: a través de la mutual Amuppol, en la voz de su presidente Omar Alcalde se plantean las preocupaciones de los uniformados. Eso no ocurre en otros lados, donde los policías tienen que hacerse oír a través de sus esposas o de personal retirado que los empuja hacia la sindicalización.

Mientras tanto, se ha puesto especial énfasis en el movimiento de cada barrio. Los intendentes son pieza clave en este punto. No había informes graves, ayer, en líneas generales, aunque sí un runrún sordo y permanente. Alarmismo continuo.

El salto sorpresivo del Adolfo

En plena ebullición social sorprendió que el senador Adolfo Bermejo lanzara su candidatura a gobernador para 2015.

El timing de semejante anuncio es sumamente extraño.

El país y la provincia tienen la cabeza en otro lado. En festejar o en irse de vacaciones, los que están despreocupados. En protegerse, los que se sienten amenazados.

¿Por qué Bermejo se tira a la pileta dos años antes, cuando nadie se anotó formalmente en esa carrera, primereando a sus rivales directos, el lasherino Miranda y el sureño Félix?

¿Y por qué luego de una doble derrota, muy dura, del peronismo?

Pareciera obedecer a un cambio en el telón de fondo: Cristina, sin reelección, dejó de ser la sombra torva que se proyecta sobre el horizonte.

Fue precisamente ella, recordemos, la que bochó a Bermejo de la postulación a gobernador en 2011 por desavenencias con su proceder en el recinto. No le perdonó alguna libertad de conciencia en temas espinosos ni un viaje al exterior.

Hoy la obediencia debida ha sufrido un relax. El dedo de la Rosada pesa menos sobre el pecho y la conciencia de cada soldadito de plomo.

Y como todavía no se sabe quién tomará la posta en el peronismo, si Scioli, Capitanich, Uribarri o Massa, se puede elegir con mayor liviandad.

Queda, al menos, un margen para sacar pecho. El peronismo mendocino hoy se jacta de lo que no se podía jactar en 2011: “El próximo candidato a gobernador lo vamos a decidir nosotros”, dicen.

Algo es algo. Pero, ¿sirve?

A Mandela, como dice Carlin, no se le veían fisuras. En paralelo, “era un líder político astuto y deslumbrantemente exitoso”.

Este peronismo, en cambio, parece haber perdido el olfato popular. Como en agosto y en octubre.

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