Llegó la hora de poner las cartas sobre la mesa

Llegó la hora de poner las cartas sobre la mesa

dic 15, 13 • In Columnas, Política, Tapa

El panorama es “dificilísimo”: protesta gremial y finanzas agotadas. Pero los partidos y los privados comparten el diagnóstico

El exministro de Seguridad Carlos Aranda, el gobernador Francisco Pérez y el ministro de Hacienda Marcelo Costa.

El exministro de Seguridad Carlos Aranda, el gobernador Francisco Pérez y el ministro de Hacienda Marcelo Costa (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Columnista de Diario UNO

El año que se cierra lo hace bajo una gran amenaza, pero alentando, por lo mismo, una esperanza proporcional.

Obvio: toda crisis representa una oportunidad.

Es un pensamiento clásico, archicitado, de Einstein.

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”, decía el sabio.

Pues bien, la crisis, para el Gobierno (nacional o provincial), es enorme. Cierra el calendario con una contundente doble derrota electoral, con arcas exhaustas bajo una inflación trepidante y con una alta conflictividad gremial, exacerbada por la protesta de los policías.

La oportunidad no es solo para el Gobierno. También para el resto de la desprestigiada dirigencia política. Y para la sociedad civil, que suele sentirse víctima de las circunstancias. Solo eso: víctima pasiva, sin asumir su cuota de responsabilidad.

“Sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes”, protestó no hace mucho Arturo Pérez Reverte.

2014, un punto de inflexión
El incendio que se fue extendiendo por buena parte de la geografía nacional mostró el corazón de la crisis. Un electrocardiograma definitivo.

Antes de las elecciones se sabía que el Gobierno iba a perder por un puñado de razones, entre ellas, la inseguridad y del deterioro económico, íntimamente ligado a la inflación.

La rebelión policial llevó ambos asuntos al extremo tolerable.

El miedo por la inseguridad se transformó en pánico.

Hubo ciudadanos abandonados a su suerte en varios puntos.

Hubo muertos. Que fueron ignorados en los festejos de Plaza de Mayo.

Y hubo plena conciencia del estado desastroso de las cuentas públicas, especialmente en las provincias.

En este contexto, que haya renunciado el ministro de Seguridad de Mendoza, Carlos Aranda, es una anécdota menor, coyuntural.

La pregunta no es por qué se fue Aranda, sino por qué duró tanto en su puesto. En esa picadora de carne.

Tras culminar la negociación con los uniformados, airosamente, sin autoacuartelamientos, Aranda les confesó a sus amigos: “Siento que este es el momento para poder salir”.

Su destino político será pelear por la intendencia de Capital. Algo más bravo, para un peronista, que manejar con éxito el área de Seguridad.

Pero el tema de base es otro: “2014 será un año bisagra, límite. Para poner límites, nosotros, y para que el Gobierno nacional encarrile la economía. Si no lo hacemos, la realidad nos llevará puestos a todos”, dramatizan dos popes del Gobierno local.

Dificilísimo. Pero ahora o nunca
El apriete policial, montado sobre un reclamo justo, aceleró los tiempos paritarios de los gobernadores.

Detrás llegan, recargados, como era de prever, los demás gremios. El escenario perfecto para la cabecilla de los estatales, Raquel Blas, experta en agredir a los gobiernos locales y en torcerles el brazo.

La mesa le quedó tendida.

¿Podrá hacerlo otra vez?

El antecedente es malo para los funcionarios, perdedores seriales.

Lo que se viene será, por ende, “dificilísimo”. El adjetivo superlativo pertenece, también, a un influyente cuadro del Ejecutivo.

Algo, sin embargo, puede cambiar la repetitiva historia: le está llegando el agua al cuello, no solo al Gobierno, sino a la provincia toda.

El mismo funcionario dibuja el tamaño de su esperanza: “Los partidos empezaron a ver que se llegó al límite en las concesiones gremiales por encima de la media nacional. Saben también de la gravedad financiera. Y de que la matriz productiva está agotada. El sector privado expresa una inquietud similar”.

Ha habido, ya, contactos, entre la cumbre del peronismo y del radicalismo. Coinciden en el diagnóstico.

“Advertimos con inmensa preocupación el porcentaje de aumento salarial que se viene gestando para los agentes públicos porque no coincide con la realidad de lo que el presupuesto de la Provincia puede afrontar. Esto nos traería nuevos conflictos a corto plazo porque no se podrá cumplir”, dijo la Unión de Entidades Empresarias de Mendoza.

Aunque “a nadie le gusta pelearse”, como reconocen en el Gobierno, aceptan, a su vez, que, sí o sí, deben poner las cartas sobre la mesa.

Días de conflicto
En el Ejecutivo se han resignado a soportar un comienzo de año conflictivo: sin clases, sin servicio en los hospitales, con protestas varias.

El Gobierno nacional quería que toda la negociación salarial orbitara en torno al 18%. Pero la policía hizo estallar el esquema. El límite razonable, ahora, para los aumentos es del 22%. Los gremios piden -cuando se moderan- alrededor de 35%.

“Todo depende de cuánto podamos aguantar desde la política”, se sincera la primera línea de Pérez. “Pero es imprescindible ordenar y reorganizar el trabajo público, respetando, claro, los derechos”.

Se buscará, entre otras medidas, sacar la ley que garantice la prestación de servicios básicos.

Falta la media sanción del Senado. Y solo tendrá sentido si tiene un apoyo masivo de las fuerzas políticas: “A partir de ahí podremos hablar de un Estado promotor de desarrollo, que les sirva a todos por igual”.

Complicado. Controvertible. Riesgoso panorama.

Y con más cambios en el Gabinete. Entre ellos, en Salud.

Pero el tata Einstein no da chance de recular: “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Llego-la-hora-de-poner-las-cartas-sobre-la-mesa-20131215-0037.html

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