Buscando racionalidad ante una semana brava

Buscando racionalidad ante una semana brava

mar 23, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Frente al remolino gremial que lleva al Gobierno al borde del acantilado, el peronismo cierra filas “para bancar la parada”

Los ministros de Hacienda y Gobierno, Marcelo Costa y Rodolfo Lafalla.

Los ministros de Hacienda y de Gobierno, Marcelo Costa y Rodolfo Lafalla (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Por unos días le ha vuelto el alma al cuerpo. “Paco está tranquilo”, relatan sus escuderos, agradecidos de ese remanso que les concede su jefe, un hombre que, de tanto en tanto, se vuelve un torbellino.

Extraña que sea precisamente este el momento en que Francisco Pérez se distienda, atendiendo el frente gremial que bulle a su alrededor.

Sin embargo, el gobernador pareciera que ha encontrado, por fin, una veta por donde canalizar su ideario y sus energías creativas. Pérez se está encontrando con la política.

Luego de participar de la cumbre exclusiva de los gobernadores peronistas (con la incómoda excepción del Chino Zannini, un colado de La Cámpora) en el Comando de Remonta y Veterinaria del Ejército de Las Cañitas, ayer continuó integrado a una mesa amplia de su partido.

En El Nudo, ante un paisaje de viñedos de Tupungato, aglutinó, en arreglo con los intendentes, a la plana mayor del PJ mendocino, sin exclusión de ninguna línea interna. Confortados, apenas, los condotieros por una picada y empanadas (todo muy sencillito, “a lo Paco”), tocaron, claro está, los temas acuciantes del momento, como el Presupuesto, y se trazaron proyecciones.

Lo sustancial, no obstante, fue el espíritu de cuerpo. “Estamos todos juntos, unidos, bancando a muerte la parada”, se entusiasmó un miembro del gabinete local.

Una manera de darse fuerzas ante la semana brava que les espera.

Ahora, paguen la cuenta
La discusión con los gremios es hoy, entre las urgencias, el mayor enredo que afronta el oficialismo en buena parte del país.

Mendoza está en situación más manejable que Buenos Aires, el distrito clave. No se ha visto obligado el gobernador Pérez, al igual que Scioli, a denunciar maniobras políticas detrás de los paros ni ha tenido que disponer aumentos por decreto.

Por ahora.

Queda margen para seguir conversando. ¿De cuánto? De una semana a diez días, admiten en el Gobierno. Luego se cruzaría una raya peligrosa; intolerable, incluso, para la población lisa y llana.

“Si se vuelven todos locos, vamos a prender fuego la provincia”, indica un ministro clamando al cielo.

Es una plegaria que se tiende sobre un campo de espinas. Sobre un terreno delicadísimo y sensibilizado.

El economista Roberto Cachanosky, crítico tenaz del modelo kirchnerista, describía ayer la circunstancia con una vara impiadosa: “Cómo no va a haber huelgas si a la gente le dijeron de golpe: la fiesta de consumo artificial se acabó. Es más, ahora paguen ustedes la cuenta“.

Blas, la enemiga de siempre
Las variables de la pulseada van en descontrolado remolino. Todo vale.

¿Cuál sería un parámetro sensato, racional, para moverse?

El Gobierno se asienta en un principio: “Queremos entender la situación de los trabajadores, pero que ellos, a su vez, entiendan la nuestra”.

Al decir “la nuestra” se alude a una cuestión de números. Y ahí entra la figura, siempre irritante y molesta, de Raquel Blas, la cabecilla de ATE. “Que nos exijan un 45% de aumento, es insoportable. Blas siempre pide lo imposible para hacer quilombo. Prioriza el conflicto por sobre la racionalidad de los procesos”, describen en el gabinete.

Una historia repetida.

Hacia un escenario de lo posible
La circunstancia es tensa porque está en juego el poder adquisitivo de los salarios y nadie, en el Gobierno o en las empresas privadas, discute que la inflación, la devaluación y el ajuste golpean con fuerza el bolsillo.

En el caso del Ejecutivo, se mantienen la cabeza fría y la paciencia.

“Vamos a respetar el diálogo y la institución paritaria. Es nuestra convicción”, dicen los negociadores que comanda Rodolfo Lafalla.

Y completan: “Somos respetuosos del derecho a huelga. Aunque, eso sí, se van a descontar los días no trabajados. A cara de perro. Porque también es lo que corresponde”.

Ahora bien, disponer la conciliación obligatoria sería una medida extrema. Y la de “última, última, última instancia”, fijar aumentos por decreto.

Ninguno quiere llegar a ello.

¿Y qué debería ocurrir para que no se le desfonde el tacho al ministro de Hacienda, Marcelo Costa?

El Gobierno tiene un techo muy restrictivo. No está en condiciones de extenderse por encima del 30% de incremento salarial, divido en dos cuotas. Sobre este límite estricto se librarán los combates dialécticos.

Señales débiles de esperanza
Mientras se pilotea la coyuntura, los estrategas de Pérez miran hacia la Legislatura. Allí duerme, desde el año pasado, con media sanción de Diputados, el proyecto para crear la Comisión de Servicios Esenciales de la Provincia. Sería la encargada de regular, bajo parámetros de la OIT, la cabal prestación de servicios de salud, agua potable, gas, energía eléctrica y transporte aéreo.

Aquí metió la púa hace poco el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, pidiendo que la educación se añada a dicha lista.

Por suerte para el Gobierno mendocino, algunas señales, aunque débiles, lo ayudan a empezar la semana bravía con esperanza. Como el arreglo con los choferes de trole.

O como el mensaje que les dejó, al oído, el reemplazante de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio, Augusto Costa, que vino a extender del denodado plan de precios cuidados en la provincia.

“La cosa viene más tranquila. Se están estabilizando las precios. El índice inflación del próximo mes bajará a la mitad. Estará entre 1,5% y 2%”, fue el vaticinio de Costa.

Una tabla adonde aferrarse en medio de la marejada.

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