Políticos entre la jauría humana y el olor a oveja

Políticos entre la jauría humana y el olor a oveja

abr 6, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Aires de cambio. En el país de la inseguridad y los linchamientos, pululan los candidatos a 2015. Es por necesidad de rostros nuevos

Los referentes nacionales: Mauricio Macri y Sergio Massa con sus referentes locales (Gustavo Senetiner y el Intendente Jorge Difonso)

Mauricio Macri y Sergio Massa con sus referentes locales: Gustavo Senetiner  (Pro) y el Intendente Jorge Difonso (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Si el proceso electoral que apunta a 2015 se ha acelerado en forma tan vehemente y explícita, es porque existe, al mismo tiempo, una fuerte necesidad de cambio.

Los problemas se están volviendo endémicos.

De ahí surge la necesidad de sacar la cabeza fuera del agua.

Lo corrobora la cantidad, creciente, de candidatos anotados tan tempranamente (¿tan extemporáneamente?) para las presidenciales e incluso para las gobernaciones.

No es raro, pues, que nuestros políticos hagan cola frente el Vaticano.

Francisco, aun habiendo sufrido estigmas en el pasado cercano, hoy resulta un figura neutral, bondadosa, benéfica.

La sonrisa y el cálido apretón de manos que tributa el Papa a cada uno, lo ayuda a limpiarse de las impurezas, de la mugre con que llega tras haberse arrastrado bajo la pegajosa atmósfera que destila el país.

Venimos, hace muy poco, de muertos por saqueos y rebeliones policiales, para caer, ahora, en otros muertos por linchamiento.

La realidad arde. ¿Es solo un sensación, exacerbada por los medios, como pretende el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en coincidencia con el Nobel Pérez Esquivel? ¿O es una situación “preocupante”, dado que “los hechos delictivos existen”, como señala, en contrapartida, otro alto funcionario, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni?

Respuesta: Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires, la provincia que le marca el pulso al país, declaró ayer la emergencia en seguridad.

“Se está derramando mucha sangre”, admitió Scioli.

Admisión al borde del dramatismo y fin de un relato posible.

El bálsamo papal
El tema del linchamiento ha tenido un serio tratamiento en el cine.

Resulta oportuno el filme de Arthur Penn, La jauría humana (La caza, en el original inglés), que se ve en el cable por estos días. Trata de un reo que escapa de la cárcel y regresa a su pueblo natal, lo cual produce una eclosión masiva con ánimo de ajusticiarlo. Miserias personales, prejuicios, hipocresía pueblerina, estigma, se combinan para alimentar del deseo de vendetta colectiva.

Ficción hecha realidad, la jauría humana también reparte dentelladas a diestra y siniestra en nuestras barriadas, mientras Francisco recibe a sus atribulados connacionales para confortarlos.

Esta semana fue el turno del exgobernador Julio Cobos. En algunos días más llegará al Vaticano el gobernador Francisco Pérez.

Para Cobos fue la continuidad casi natural de una relación cultivada cuando era vicepresidente de la Nación, y tanto él como Bergoglio eran mala palabra para la Casa Rosada.

Le regaló una chalina de vicuña y un libro suyo sobre educación. “Fue uno de los momentos más conmovedores de mi vida”, señaló Cobos.

Pérez, que no tiene la misma familiaridad con Francisco y que recibió su papado con perplejidad inicial, seguramente dirá algo parecido (algo de manual) y, a su vez, le regalará una bandera del Ejército de los Andes y un blend de nuestros vinos.

Deben advertir ambos, Cleto y Paco, que Francisco abogó porque los sacerdotes no sean tristes coleccionistas de antigüedades. Y que tengan olor a oveja. O sea, que anden entre el rebaño y lo interpreten.

Poco olor a oveja
¿Están decodificando los políticos de hoy el balido del rebaño?

Los linchamientos son parte de una brutal respuesta, más allá de lo descalificatorio de tal conducta patotera (embrutecimiento social, lo llama Eduardo Fidanza).

Pero es un síntoma. Severo.

El gobierno provincial efectuó su repudio a los actos de violencia con la firma del subsecretario de Derechos Humanos, Juan Manuel González quien, en un comunicado, hizo propios conceptos del juez de la Corte Eugenio Zaffaroni, indicando que los linchamientos son un grave delito, el de homicidio.

Zaffaroni, en este contexto problemático, es el autor intelectual del anteproyecto de las reformas llamadas “garantistas” al Código Penal. Y, en medio del intenso y necesario debate, viene de calificar al diputado Sergio Massa de “mentiroso”, “personaje lamentable” y “vendepatria”, entre otros epítetos.

La pirotecnia verbal de unos y otros poco contribuye a clarificar las mentes y a serenar los ánimos. Más allá de eso, una encuesta de Polldata de las últimas horas sobre los linchamientos, sí aporta un dato para la reflexión. Ante la pregunta En la lucha del Gobierno contra los delincuentes, ¿quién cree que va ganando?, hubo un 76,7% que optó por “los delincuentes” y sólo un 10,6%, por “el Gobierno”. El 12,7% “no sabe/no contesta”.

Lapidario.

Pero hay un dato más a mano todavía sobre el rebaño y el andar entre ovejas: las elecciones.

El gobierno mendocino viene de una doble derrota en agosto y en octubre. La tendencia se reforzó en las dos municipales del domingo pasado.

De todos estos procesos, surgió un ramillete de rostros nuevos: el de Nicolás del Caño, referente de Altamira, desde la izquierda, en octubre.

Desde el centroderecha, hace una semana, Gustavo Senetiner, apoyado por Macri, y la ratificación del intendente sancarlino Jorge Difonso, hombre de Massa.

Ninguno de estos nombres alcanza para marcar una tendencia definitiva. Son, apenas, esbozos. Brotes nuevos sobre la tierra arada. Indicios. Quizá golondrinas aisladas que no hagan verano.

Pero a los que tienen la manija desde hace tiempo, a los que ya gobiernan, deben servirles, hoy mismo, para revisar su inserción en el rebaño. Para saber si están oliendo a oveja. O a lobo.

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