De porqué el Dr House lo banca al Caracortada

De porqué el Dr House lo banca al Caracortada

may 18, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Polémica. La decisión del Gobierno de efectuar una cirugía plástica a un delincuente recalienta el debate en una sociedad asediada

El ministro de Salud Matías Roby. Ilustra Diego Juri para UNO.

El ministro de Salud, Matías Roby (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

En el ambiente chato de la política de nuestros días, algunas figuras, de vez en cuando, le introducen un toque distinto. Algo de pimienta al caldillo insípido.

Para bien o para mal.

Pero mueven el avispero.

Es el caso del ministro de Salud que trajo hace poco el gobernador para oxigenar el segundo tramo de su mandato.

Matías Roby llegó a esa cartera, sensible y humana como pocas, precedido por un aura conflictiva y difícil de encasillar, sobre todo para la cofradía política, poco afecta a cobijar a alguien que no es “de los suyos”.

Deportista de alto rango, exitoso en la medicina privada, pendenciero en las refriegas más calientes del fútbol, la vida no lo preparó para el diálogo, la rosca infinita y la paciencia diamantina del burócrata.

Fue a sentarse en su puesto como amigo personal de Francisco Pérez. “Paco es mi hermano”, avisó desde un principio.

Todos estos elementos han estado sobre la mesa durante los últimos tiempos en que Roby jugó fuerte, incluso contra los inconmovibles gremios. A todo o nada.

Y ahí está, en la función pública todavía. Dando que hablar. Siempre.

Como en el caso del Caracortada, que ha encendido el debate popular.

Clamor contra el Caracortada
¿Por qué se vuelve motivo de controversia la decisión del Gobierno de realizarle una cirugía plástica gratuita a Franco, un peligroso delincuente juvenil, para borrarle la cicatriz que lo estigmatiza socialmente y que le vale el mote de Caracortada?

Hay objeciones puramente técnicas, profesionales, que entran en consideración. Pero hoy lo que más pesa es la reacción pública.

Con una comunidad abrumada por el delito, a pocos días del crimen del turista en el Parque, con los motochorros que se siguen floreando por el tejido urbano y con la Provincia deliberando sobre una ley de emergencia en seguridad, el gran impacto del hecho está asegurado.

Cunde el sentimiento de que se está premiando a un malviviente. De que se le brinda un tratamiento diferencial respecto del ciudadano común.

De que, otra vez, el malo de la película tiene coronita.

Esto se lo podría haber ahorrado Roby si hubiera admitido la “misión” sottovoce y hubiera actuado subrepticiamente, entre bambalinas.

No está en su naturaleza.

“No tengo nada que esconder y por eso lo digo en voz alta”, es su concepto. “Lo que estamos haciendo con el Caracortada es lo que corresponde. Es lo que manda la ley”.

Como el “Loco” Dorrego
Si hay algo que no se le puede pedir a Roby es bajo perfil. Nunca lo tuvo en ninguna de sus actividades.

Especie de Dr House por sus chispazos irónicos y su inconformismo, su manera de dar batalla es en la vanguardia y a campo abierto.

Como lo hacía Manuel Dorrego en las luchas de la Revolución, exponiéndose con arrojo casi suicida. Por eso le decían el Loco.

En el proceso que culminará con la cirugía al Caracortada no hay, sin embargo, locura ni valentía algunas.

Por el contrario, la decisión se fundamenta en la obligación que tiene el Estado de darle soluciones a la población más necesitada.

“El Caracortada es uno de los setecientos treinta mil mendocinos que dependen del sistema público de salud y tiene derecho a pedir lo que pidió”, explica Roby. “Cuenta con el visto bueno de la Justicia y nosotros vamos a cumplir”. Punto.

Cada uno de los pasos fue dado con el otro ministro “nuevo” de Pérez, el otro que responde a sus afectos personales, Cristian Bassin, de Acción Social, que tiene a su cargo el exCose, donde está el Caracortada.

Vale subrayar, de paso, según informa Roby, que el joven padeció el accidente del que deriva su cicatriz trabajando con una amoladora y no en circunstancias delictuales.

Detalle que puede aventar otros prejuicios respecto de la atención que recibirá por parte del Estado.

“Me la tienen jurada”
Acostumbrado a la polémica, esta vez no tuvo demasiados cruces.

Alguno, como el senador radical Armando Camerucci, perenne combatiente de trinchera, deslizó que lo del Caracortada era “solo una figuración”, una cortina de humo para tapar otro hecho de la semana: la paciente enferma de cáncer que falleció sin que le llegara un remedio.

Roby recibe este palo también con resignación: “El Ministerio hizo lo que tenía que hacer y estaba a su alcance. El remedio era un paliativo dentro de un proceso irreversible”.

Una escaramuza más dentro del combate de fondo que el ministro libra contra los gremios.

Se plantó casi solo para dar vuelta una tendencia que se agrava con los años: la del uso indiscriminado del derecho a huelga sin costo alguno.

Con gran exposición personal, gana, por ahora, una batalla crucial. No se devolverán los días no trabajados.

El apoyo, firme, sin fisuras, del gobernador, ha sido determinante.

El precio ha sido alto, sin embargo.

“Sé que me la tienen jurada y que me están esperando”, reconoce Roby. “Me van a hacer múltiples operaciones, como la del remedio con la ANMAT. No me importa. Yo no vivo de la política ni estoy aquí por plata sino por convicciones”.

Es un personaje inclasificable para todos aquellos que abrevan en la cosa pública. Hasta tal punto que los sindicalistas han pedido que se le realice un estudio psiquiátrico.

Hacía mucho que no les tocaba un hueso tan duro de roer.

Ahí está. Superviviente temprano de varios incendios.

Sostenido en una consigna misteriosa que le gusta repetir: “Las cenizas no se pueden quemar”.

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