Paco apichonado, sin espíritu grande ni plata

Paco apichonado, sin espíritu grande ni plata

jul 6, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Impotencia. La Provincia se encierra en su propio laberinto: sin manejo del Presupuesto, bajo el diálogo de sordos de la política

El gobernador Francisco Pérez condicionado por la Justicia. Ilustra Diego Juri para UNO.

El gobernador Francisco Pérez condicionado por la Justicia (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Mendoza se ha vuelto una provincia de rienda corta. El margen de maniobra se ha estrechado radicalmente. Más que nadie para el gobernador.

¿Para qué sirve el gobernador? Hoy, para tirar la manga, hacia la órbita nacional; y para llorar la carta, hacia abajo, donde los mendocinos chapotean en el fango pegajoso de la cotidianeidad.

Fuera de eso, poco y nada.

La cuádruple Nelson
Es un rumbo cetrino y declinante el de nuestro gobernador, que se ha ido transformando, en estos treinta años de democracia, como en el intendente de un municipio amplio.

Gran parte de los dineros públicos, casi todo, se evapora en sueldos y en gasto corriente. Queda un remanente para la obra pública de mantenimiento elemental, básico. Y a veces ni eso. Basta y sobra con observar el estado de las rutas (de las que ya están) o de la red de agua potable.

Pero hay algo peor. El mandatario ya ni siquiera maneja con cierta libertad el diseño que tiene en mente.

Desde hace un tiempo (desde el gobierno de Julio Cobos, aproximadamente), el núcleo central del presupuesto es digitado por el sindicalismo estatal, con Raquel Blas como mascarón de proa.

Luego, hace poco, se añadió en forma determinante la oposición a ese condicionamiento, pisando el Presupuesto en la Legislatura.

La famosa doble Nelson de Karadagián.

Y a falta de otro torniquete, entró a tallar, a pedido de los radicales, la Suprema Corte, que viene de bloquearle al Gobierno su posibilidad de tomar nuevo crédito, desatando una ola de histeria oficial.

El cuarto condicionamiento (la cuádruple Nelson, vendría siendo) lo conforma el Gobierno nacional, última tabla de salvación de la Provincia, y en donde los funcionarios locales, por ende, acostumbran pedir la escupidera.

Pero se da la maldita casualidad de que Cristina Fernández y equipo tienen la cabeza en otro lado.

Su obsesión, ahora, es conseguir algo de carne (alguna carroña) que calme a los buitres en Nueva York. Y cubrirlo de los cascotazos que le llueven desde todos los rincones al vicepresidente Amado Boudou.

El dramático discurso oficial
Toda esta semana se gastó en emitir, a grandes voces, diagnósticos sobre la situación financiera de la Provincia tras el fallo de la Corte.

Desde el oficialismo se pintó un cuadro cercano a la catástrofe. Desde la oposición se profundizó la crítica sobre la gestión de Paco Pérez.

Más de lo mismo, respecto de lo que ya se sabía.

¿Cuán grave es la situación?

Rolando Baldasso, ministro de Infraestructura, señaló, a través de una página oficial, que se afectará casi el 50% de la obra pública: “Cortar las obras, pararlas y volverlas a arrancar es una medida que indefectiblemente generará recesión”.

José Luis Álvarez, de Irrigación, alertó sobre suspensión de trabajos en Lavalle, dejando sin riego unas 18 mil hectáreas. “Habrá miles de damnificados”, dijo con sobresalto.

Matías Roby, de Salud, el ministro más combativo y deslenguado de Francisco Pérez, detalló una serie de perjuicios como, por ejemplo: “Dado el ajuste, nos veremos obligados a suspender mayores asignaciones y adicionales para garantizar la compra de medicamentos e insumos”.

Les dijo a los radicales: “Los muy necios lo único que lograrán conseguir será recesión”. Y también metió a la Corte en la bolsa.

La férrea vara radical
Desde la vereda opositora se levantó otro vendaval de opiniones destinadas a relativizar ese mensaje.

Enrique Vaquié, diputado y ex ministro de Hacienda, indicó que las obras públicas con financiamiento podían continuar. ”Están usando de rehenes a los trabajadores y a todos los mendocinos para apretar tanto a la Justicia como a quienes tratamos de detener la escalada de endeudamiento ilegítimo del Gobierno de Pérez”, fue su aviso sintetizador.

El intendente Alfredo Cornejo, líder político de la UCR, consciente de la situación, señala hoy: “Debemos llegar a un acuerdo”.

¿Y por qué no se llega? Porque, dice Cornejo, el Gobierno no quiere sentar cabeza y pretende seguir manejando las cuentas públicas con total discrecionalidad e ineficiencia.

Un radical de fuste, en desacuerdo con la conducción oficial de su partido, emitía este fin de semana un diagnóstico amargo: “Estamos manejados por un grupo de loquitos al volante… de los dos lados. Pero llegará el día en que recuperemos la racionalidad y el sentido común”.

Pichoncito que no vuela
La situación ofrece una excelente oportunidad para un debate de fondo sobre la Provincia.

¿Esperanzas de cambio? Muy pocas. Porque la política, según se viene repitiendo, tiene nula predisposición a coordinar políticas de Estado. Su obsesión es el negocio electoral de cortísimo plazo.

Igual el sindicalismo estatal. Solo apunta a engrosar la cantidad de empleados (“pase a planta permanente” es el estribillo de su canción) y a sacarle lo que más pueda a la apichonada clase política, sin atender el desempleo, el trabajo en negro o la pobreza en el resto de la sociedad, pues tiene su vaca atada.

Y el empresariado protesta, fuerte y de mal talante, pero solo puertas adentro, mientras algunas corporaciones sacan comunicados de prensa para tranquilizar su conciencia.

Conclusión: ni espíritu grande ni chico ni nada.

El gobernador (este o el que venga) es un pinchoncito con las alas cortadas.

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