Todos miran a Mauricio, en especial el peronismo

Todos miran a Mauricio, en especial el peronismo

jul 27, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Árbitro político. Lo mentan como el candidato de Cristina. Y, en Mendoza, arrastra a parte del PD, tienta a la UCR y preocupa al PJ

Cristina Fernández y Mauricio Macri entre Alfredo Cornejo y Carlos Difonso. Ilustra Diego Juri para UNO.

Cristina Fernández y Mauricio Macri entre Alfredo Cornejo y Jorge Difonso (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Un gran signo de interrogación se dibuja en el escenario político nacional, más allá de cómo termine la historia seriada con los fondos buitre.

La negociación sobre la deuda y su eventual resultado atañen solamente al gobierno de Cristina Fernández. Por eso el desvelo puramente político se concentra en lo que viene. En la herencia de la Presidenta. En el fin de ciclo, mal que les pese a los fanáticos y a los incondicionales.

Y en tren de imaginar el escenario desde ahora y hasta las sucesivas votaciones del año próximo, hay un nombre que se ha instalado en el centro de las especulaciones: el de Mauricio Macri. Para bien o para mal. Como posible socio o como adversario a derribar.

Tres que se parecen y no
Las distintas encuestas que se van haciendo trascender a través de los medios en permanente goteo repiten que los tres precandidatos presidenciales que marchan al frente son Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Más atrás se ubican, sin acercarse demasiado al pelotón puntero, Julio Cobos y Hermes Binner, individualmente considerados.

Sobre Scioli no hay demasiadas dudas. Es la continuación del oficialismo nacional, pero en su forma moderada y dialoguista. Es el kirchnerismo blanco, drenado de su carga ofídica.

Massa es el que probó y se fue. Un macho comprobado, dirían los pícaros del barrio. Como Cobos. Pero desafiando al kirchnerismo desde adentro mismo, robándole tropa justicialista. Un enemigo de lo peor: astilla del mismo palo.

Macri, en cambio, está completamente afuera, en la vereda de enfrente. Luce ajeno, por más que se entrevean en su maleable perfil algunos rasgos neoperonistas.

Y el hecho de ser sapo de otro pozo lo vuelve atractivo para muchos… incluyendo al kirchnerismo, aunque suene, en primera instancia, descabellado o insólito.

Macri es Piñera
Las suposiciones acerca de un posible pacto entre Macri y Cristina vienen desde hace un tiempo largo. Algunas fotos juntos y ciertos acompañamientos del kirchnerismo en la Legislatura porteña dan pábulo a dichas hipótesis.

“Macri, el nuevo niño mimado de los K”, titulaba ayer su nota en La Nación Pablo Mendelevich.

Ahora bien, ¿por qué Macri podría transformarse, de buenas a primeras, tras siete años de desavenencias, en el candidato preferido de Cristina para las presidenciales?

La explicación guarda una lógica peronista. Cuando alguien, en ese partido, baja al llano y transfiere el poder, no lo recupera nunca más. Peor: pasa a convertirse en el villano dominante del nuevo cacique.

Menem y Duhalde, dos de los padres políticos del kirchnerismo, son el mejor ejemplo. Néstor y Cristina, desde que llegaron a la presidencia, no han parado de escupir sobre sus respectivas figuras y sobre su memoria. Nadie ha sido más feroz ni más inclemente con ambos.

Cristina, por lo tanto, no quiere beber del mismo cáliz envenenado. No le da tranquilidad un heredero peronista. Aunque se trate de Scioli, cuya mansedumbre a toda prueba, cuya paciencia, cuya ilimitada capacidad para absorber humillaciones, son uno de los enigmas mayores del género humano.

¿Qué ventajas podría ofrecer, a cambio, un triunfo de Macri?

En el imaginario kirchnerista, en sus sueños de permanencia, se aferran a un retorno a la chilena: Macri sería “la” derecha, cumpliendo el rol de Sebastián Piñera en el país vecino, y Cristina sería Michelle Bachelet, que pudo recuperar el mando cuatro años después.

Es atractivo el razonamiento. Salvo por un detalle, que esboza un peronista local: “La gran diferencia con el proceso chileno es que acá en la Argentina, si dejás el poder, no te vas a ir tranquilito a casa a esperar tu momento. Te la vas a pasar transitando por Comodoro Py”.

Mauricio, incógnita mendocina
La complejidad del fenómeno Macri es mucho mayor en Mendoza. Las dudas respecto de su influencia en las próximas elecciones afectan a todos los partidos. Incluyendo al PJ.

¿Por qué preocupa al peronismo? Porque luego de la seguidilla de derrotas electorales, sabe que tendrá un desafío extremo en las urnas el año próximo.

Se aferra al 25% de base electoral que posee. Pero necesita que el arco electoral de la oposición se abra lo más posible. Mientras más antiperonistas haya enfrente, más crecerán sus posibilidades.

Entonces, la competencia entre Cobos (u otro candidato de UNEN), Massa y Macri al tope de la boleta sábana reparte las preferencias en la primera vuelta, que es donde se define el gobernador. En cambio, si el radicalismo mendocino sella una alianza con Macri, se convierte en una bomba neutrónica.

Es lo que desvela a la UCR, justamente. Más que nada a un hombre práctico como el jefe político del partido, Alfredo Cornejo. Este intuye que con Cobos solo no alcanza.

Está pasando lo mismo en Córdoba, donde, según una encuesta de NovoSur, Macri ganaría la elección presidencial. De ahí que Ramón Mestre y Oscar Aguad se tienten de firmar un acuerdo con el PRO.

La mejor manera de encontrarle la vuelta, para este grupo, sería una fórmula presidencial con Macri arriba y Ernesto Sanz como vice.

Por el último, el Partido Demócrata, cercano a la extinción, ha escindido su personalidad. Cual Dr Jekyll y Mr Hyde. Una parte irá detrás de Macri. Son los que impactaron con Senetiner en la Capital. Otros están jugados con Massa. Son los de Jorge Difonso, que ganaron en San Carlos.

¿Es una divisoria suicida o renacentista? El tiempo dirá. Por ahora pinta inexorable.

Lo único concreto es que Macri, después de haber sido un exitoso presidente de Boca, ahora es árbitro. Árbitro en el terreno nacional y también en la provincia.

El Néstor Pitana de los comicios 2015.

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