Días para la melancolía, entre el Banco y el Viti

Días para la melancolía, entre el Banco y el Viti

ago 10, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Pasado y futuro. Fayad fue piedra angular de una UCR que sigue en pie. La vieja idea del banco estatal es un contragolpe a la Nación

La trinidad radical Viti Fayad, José Genoud y Felipe Llaver. Ilustra Diego Juri para Diario UNO.

Tres pilares, reencuentro en la memoria: el Viti, el Pepe y Felipe (Ilustra Diego Juri para Diario UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Dos noticias de gran actualidad nos obligaron a los mendocinos, esta semana, a volver la mirada hacia el pasado reciente.

Ese ejercicio de reflexión, aun cuando abre ventanas animosas hacia el futuro, fue acompañado por el recuerdo de los tiempos idos, con su pátina de dulce melancolía.

El fallecimiento de Víctor Fayad puso en consideración la valía de aquellos dirigentes de fuste que pilotearon los difíciles tramos del reverdecer democrático.

Por otro lado, vimos el retorno de un eterno retorno, con el proyecto oficial para dotar a la Provincia de una entidad crediticia propia.

La evocación, aquí, del Banco de Mendoza, junto a su pariente menor, el de Previsión Social, genera una sensación agridulce. Porque fue un “banco del pueblo”, pero también porque, a lo largo de los años, se constituyó en la suma de todos los errores de la gestión pública, en la mancha venenosa que afea la foja de servicio de todos los partidos políticos, incluyendo el partido militar en sus períodos de facto.

El Viti, esa gran paradoja
Víctor Fayad fue uno de los políticos de mayor peso desde 1983 hasta la fecha. Un adalid de este radicalismo mendocino, que es una singularidad en sí mismo porque nunca estuvo amenazado de extinción como su versión nacional, ni nunca, aun en los peores momentos, dejó de ser una opción de poder ante el PJ.

Lo mismo cabe para dos ilustres predecesores que ya no están, Santiago Llaver, el gobernador del retorno a la democracia -su estro político- y José Genoud, el radical mendocino que llegó más alto en la escala del poder después de Cobos.

Son, Llaver, Genoud y Fayad (Felipe, Pepe y Viti), como una Trinidad laica que sustenta este presente vigoroso de su partido. Vigoroso hasta el punto de que halla a varios de sus integrantes con quilates suficientes como para aspirar a la gobernación en 2015 e, incluso, a dos presidenciables; uno de ellos, Ernesto Sanz, jefe nacional de la fuerza.

Son, ellos, también, el resumen de las contradicciones que envuelven a la política local y a la UCR.

Porque Llaver y Genoud fueron como perro y gato, típicos alfonsinista y balbinista en permanente tironeo.

Fayad fue mucho más allá. Terminó siendo perro o gato o tábano del radicalismo mendocino entero, enloqueciendo a todos sus correligionarios con sus continuos desmarques y excentricidades, con su mordacidad freidora y su sinceridad brutal, tan impropias de la política.

Nunca fue radical K, como Cobos, Cornejo o Biffi, pero se fue de la política y de la vida mimado, como ninguno, por Cristina Fernández. Y, antes, por el Pilo Bordón. Lo que no le impidió fustigar, cruelmente, a Cobos por cosas parecidas.

Fue un rey sin corona, porque nunca pudo aurolear su intensa carrera con la gobernación. Pero, por eso mismo, por esas paradojas de la institucionalidad mendocina, terminó sus días, reelección mediante, ejerciendo largamente el poder desde la Capital (su Casa Grande), algo que permite el régimen municipal y que está vedado a cualquier gobernador.

El Banco, un contragolpe político
El proyecto del Gobierno para reflotar un banco estatal es un tema centralísimo.

Políticamente fue la mejor manera de que Marcelo Costa llegara a la cartera de Agroindustria con alguna proyección. Le queda solo un año de gestión. Y tiene pocos recursos.

Necesitaba un pan bajo el brazo.

El banco fue una idea potente.

En primer lugar, porque es necesario. La Provincia maneja un presupuesto de 40 mil millones de pesos y ese flujo no está bajo su dominio.

Cada vez que quiere activar un programa crediticio debe apelar al Banco Nación. Y allí le pisan la pelota. “No podemos darles nada extraordinario a ustedes, porque las demás provincias terminarán pidiendo lo mismo”, es el argumento.

Además: “El gran ganador de todos estos años ha sido el sector financiero, con beneficios astronómicos. La Provincia está totalmente fuera de este juego”, explican en el Gobierno.

Pero hay, todavía, algo más. Mucho más fuerte. Lo del banco local es una respuesta directa al reciente ninguneo presidencial, al castigo que recibió Mendoza por discutir la nueva ley de hidrocarburos.

El convenio con el Nación, como agente financiero de la Provincia, vence el año próximo. Mendoza es su segundo cliente en importancia. Involucra, aquí, a 1200 empleados.

El anuncio de Costa produjo conmoción. Motivó innumerables llamados desde Buenos Aires. Sobadas de lomo que poco antes no existían.

Como complemento, hubo apoyo de los sectores productivos.

El exgobernador Rodolfo Gabrielli, uno de los responsables de haber cerrado el declinante itinerario de los bancos estatales, acompañó la iniciativa del gobierno de Pérez: “Es una buena idea tener un banco provincial. Que puede ser todo estatal o mixto. Pero hace falta una discusión técnica muy profunda”.

Arturo Lafalla, que vio desaparecer definitivamente el Mendoza, pero ya en manos de Moneta, también puso su granito de arena: “Solo les digo que miren hacia atrás. Para no repetir la enorme cantidad de errores que cometimos nosotros”.

Quedó abierta la puerta. También el derecho al miedo, pues el banco terminó como un botín de la política, de la burocracia y de los amigos chapuceros del poder.

Hay una guía. “El ejemplo a seguir es el Fondo de Transformación, que si bien es muy chico, es muy estricto con sus operatorias. Ostenta un 98% de cobrabilidad”, justifica Costa.

Vale. Será, en todo caso, una herramienta del próximo gobierno.

Que haya un debate en serio. Al menos eso.

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