Scioli, Cobos, Roby y la trampa de ir primeros

Scioli, Cobos, Roby y la trampa de ir primeros

nov 8, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Ambivalencias. Liderar encuestas o estar en el centro de la escena no siempre es una ventaja. Hay riesgos latentes para cada uno

El senador Cobos, el ministro Roby y Daniel Scioli. Ilustra Diego Juri para UNO.

El senador Cobos, el ministro Roby y Daniel Scioli. Ilustra Diego Juri para UNO.

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Ramón de Campoamor y Campoosorio enseñaba, dos siglos atrás, que “en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Y eso que don Ramón no alcanzó a conocer la Argentina de estos días en donde ni siquiera nos queda un cristal confiable a través del cual mirar. Todo cristal está empañado.

Todas las posiciones se exageran hasta el punto de lo inverosímil.

¿Cuál es la magnitud de nuestra crisis?, se pregunta el argentino medio. Se lo preguntan los sindicatos para pedir reparaciones salariales de fin de año. Se lo preguntan los empresarios que redondean su plan de inversiones (o no) para 2015.

Desde el bando opositor se pinta un panorama similar al de las siete plagas de Egipto.

La Presidenta lo ve exactamente al revés: “Mi temor reside en que se instale la idea de que hay una gran crisis para que entonces los que asuman después de las elecciones del 2015 puedan venir con políticas de ajuste”, opina Cristina Fernández.

Tres para poner en foco
Lo que impide efectuar un análisis ponderado de la coyuntura es la competencia electoral, instalada tan tempranamente.

Cada frase de los políticos es una frase de campaña.

Cada encuesta que se difunde pasa a formar parte de esa campaña.

Y, aquí también, mucho depende del cristal con que se mire.

Tomemos por caso tres figuras: el gobernador bonaerense Daniel Scioli, el diputado Julio Cobos y el ministro mendocino Matías Roby. Cada uno de ellos ha venido ocupando distintos sitiales de privilegio en la agenda pública. Pero lo que, en apariencia, les da una cierta ventaja sobre sus rivales de ocasión, también puede implicar una seria debilidad.

Scioli, primero… pero no tanto
Según se viene repitiendo, Scioli lidera la carrera para presidente, con un ligera ventaja sobre sus dos contrincantes directos. La consultora Aresco, por ejemplo, le da al bonaerense una intención de voto del 26,1%, seguido por Mauricio Macri con un 24,4% y tercero Sergio Massa con un 22,9%. Poliarquía da guarismos similares, pero invierte las posiciones de Massa y Macri.

Lo que no se señala es que la elección presidencial se ha dividido, en los hechos, en tres etapas: primarias abiertas, elección general y balotaje.

Y las PASO, más que dirimir la interna de los partidos, donde prima el dedazo de los caciques, es una gran encuesta inicial.

¿Y para qué sirve? Para que el candidato opositor mejor ubicado concentre voluntades, debido al llamado “voto útil”.

O sea, la foto de Aresco o Poliarquía sirve para agosto próximo, no para octubre, en donde un opositor se verá fortalecido en detrimento de los que queden más atrás.

En definitiva, Scioli, con techo bajo, no está tan primero como lo pintan.

Cobos, otro primero en riesgo
Cobos enfrenta la misma amenaza. Hoy reluce como más el votado dentro de la interna de UNEN, con una tendencia a consolidar su ventaja sobre el santafesino Binner.

Y en Mendoza es favorito por una amplia diferencia.

Pero si Cobos llega cuarto en el conteo global de las PASO, lejos de Macri y Massa, luego, en la elección general, puede sufrir una importante sangría a favor del voto útil.

Es lo que están evaluando los radicales mendocinos y los de otras provincias, con expectativas de poder. Por eso se multiplican los acercamientos a Massa y a Macri.

Cobos sufre este tironeo y patalea.

La ruptura, ayer, en el congreso radical de Mendoza es el fruto de ese desconcierto.

Roby, acosado e hiperactivo
Roby, el ministro de Salud, no encabeza las encuestas. Pero adquirió gran visibilidad dentro de la cinchada peronista por la gobernación por su volcánico estilo de gestión.

Consecuencia directa: lo fulminan desde la oposición y le hacen zancadillas desde el PJ por celos naturales y por ser sapo de otro pozo.

Harto de la zaranda politiquera, Roby se bajó de la candidatura para dedicarse, de lleno, a su cartera.

Pero no sacó el pie del acelerador. Al contrario. Además de recorrer la provincia hasta Malargüe e inaugurar servicios se reunió con su amigo Marcelo Saín, extitular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, para analizar alternativas de combate al delito (no estuvo presente el ministro de Seguridad, Leonardo Comperatore, aunque sí el funcionario de Gobierno Mauricio Guzmán).

Se dio tiempo, también, para asistir al lanzamiento del vino de Marcelo Tinelli en Buenos Aires y para sentarse en el banco de la campeona Yésica Marcos en San Martín.

Un Roby recargado que no estuvo muy próximo a Scioli, durante la velada boxística, porque la relación más estrecha no la tiene con él, precisamente, sino con su ministro de Salud, Alejandro Colli, máximo favorito a ocupar la cartera nacional si el gobernador bonaerense accede finalmente a la presidencia.

Conclusión: el paso al costado de Roby es solo aparente.

Pero no la tiene fácil. Esta semana larga con todo Jorge Tanús; Adolfo Bermejo, Omar Félix y Rubén Miranda ya vienen lanzados; el ministro Marcelo Costa aprieta el paso, Guillermo Carmona espera agazapado y el peronismo local lo tiene entre ojos, no lo traga.

La exclusiva red de contención de Roby es Paco Pérez, “mi hermano”, como él lo llama una y otra vez.

Y la gente.

La gente. La única que sigue manteniendo, firmemente, en carrera, a Scioli y a Cobos, pese a los múltiples accidentes del camino.

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