Scioli y Karina: glamour en la Mendoza neogansa

Scioli y Karina: glamour en la Mendoza neogansa

nov 23, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Conservadurismo. Hay cosas que no cambian. Como la fascinación peronista por las parejas de cuento. O la cerrazón provincial

Las parejas glamorosas del justicilismo; Karina Rabolini y Daniel Scioli. Abajo, el gobernador Paco Pérez y su mujer, Celina Sánchez. Ilustra Diego Juri para UNO.

Matrimonios y algo más: Karina Rabolini y Daniel Scioli, Paco Pérez y Celina Sánchez (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Hay cosas que no cambian. Entidades que permanecen fieles a sí mismas, como la fidelidad de los peronistas hacia la conducción vertical, expresada, por lo general, de manera bicéfala.

No hay un líder que encandile, sino dos. Él y Ella. Fuertes ambos. De irradiación casi cinematográfica.

La Mendoza actual es incluso más reacia al cambio. El conservadurismo hermético se volvió el núcleo duro de su carácter sociopolítico. Se modifican solo los actores y los sellos, o sea, el envoltorio. Pero nada se mueve demasiado hoy, salvo para atrás.

Daniel y Karina, “la” pareja
Al peronismo nadie le va a quitar su fascinación por las parejas estelares como conducción máxima.

Perón y Evita han sido la piedra basal de su estructura (con Isabelita como un lapsus fugaz del destino).

Néstor y Cristina, más tarde, restituyeron el ceremonial icónico en toda su magnitud, tras dos experiencias fallidas: Menem le pifió con una Zulema demasiado díscola, y a Eduardo y Chiche Duhalde les escaseó el tiempo; también el glamour.

Para los nuevos tiempos, el peronismo, desde la base ortodoxa que garantizan sus gobernadores, halló una exacta sustitución en la cúspide.

Daniel Scioli, con su leyenda de motonauta campeón mundial y sobreviviente, y Karina Rabolini, envuelta en el charme embriagador de sus perfumes y su silueta, lucen como la dupla perfecta.

Y con un no sé qué mundano (se han casado entre ellos dos veces), un toque siglo XXI superador del setentismo contumaz con que Néstor y Cristina han alimentado, discursivamente, sus once años de reinado.

El acto del PJ mendocino, el lunes, en San Martín, presentando al gobernador Francisco Pérez y al vice Carlos Ciurca como la nueva conducción oficial, confirma que Scioli es el favorito como heredero.

Rabolini se quedó otro día, dejando su marca de elegancia y personalidad, siempre acompañada por Celina Sánchez, la primera dama local quien, si no fuera porque la reelección está vedada y debe abandonar la escena pronto, podría conformar fácilmente, junto a Paco, otro modelo cautivador a la justicialista.

Llegan los nuevos gansos
Mendoza se ganó el mote de provincia gansa debido a la activa huella dirigente del Partido Demócrata.

Cuando éste entró en declive, tras su colaboración con los militares, lo reemplazó el peronismo naranja de Pilo Bordón, que tomó el comando con su Equipo de los Mendocinos.

Los llamaron los perogansos y fueron, ellos también, una fuerza transformadora (por ejemplo, la actual vitivinicultura de calidad comenzó a reconvertirse en aquella época).

Puesto que el bordonismo, que supo desafiar al poder central (Bordón llegó a enfrentar a Menem en una elección nacional), perdió impulso, por sometimiento a la Casa Rosada, ¿a quién le toca el reemplazo ahora?

Radicales, los neogansos
Con el PD evaporándose en el horizonte y la naranja jibarizada, llega la tercera fase a cargo de la UCR. Los neogansos, el conservadurismo árido del dosmil.

Tal vez sea por la desorientación crónica de su partido a nivel nacional, por su apasionado internismo o por otras razones más misteriosas, el radicalismo se volvió una máquina implacable de decir que no: no al presupuesto, no a la minería (cualquier minería), no la reforma constitucional (cualquier reforma), no a la ley de turismo o de educación…

Un no largo, inagotable, aunque sin propuestas que lo compensen.

El último tapón, en la Legislatura, al proyecto de Hierro Indio, en Malargüe, con la habitual complicidad del PJ, hunde a la provincia en el peor escenario porque anula cualquier tratamiento serio, científico, del tema, para llevarlo al terreno de la politiquería, de la prematura campaña electoral y de la superchería.

General Alvear, pongamos por caso, está en pleno derecho de defender su estatus rural; tiene derecho, si quiere, a mantener el nivel de precariedad económica que arrastra desde hace años y su exigua participación en el producto bruto geográfico de la provincia (“Impiden emprendimientos productivos y la generación de riqueza en otros distritos, mientras que son los reyes del mangazo. Gran parte de los 80 millones de pesos de los subsidios del Plan Poda y de los 50 millones del seguro agrícola, fueron para allá”, subraya el Gobierno).

Problema de ellos.

Pero el radicalismo y sus socios políticos han contribuido a avivar la hoguera entre Alvear y Malargüe, que es una tierra minera y petrolera por excelencia, con margen muy escaso para dedicarse, productivamente, a otra actividad.

Con menos de la mitad de los argumentos que le oponen a Hierro Indio, todos ellos -incluyendo al sancarlino Difonso-, deberían oponerse también a la explotación mendocina de Vaca Muerta, cuyo impacto ambiental es infinitamente mayor.

¿Se animarán, sin hipocresía, contra Vaca Muerta, que está remontando a Neuquén a la estratosfera?

William Ospina, en su nuevo libro, En busca de Bolívar, al trazar el itinerario del libertador, cuenta que, en un momento, “Bolívar ha aprendido de golpe que no está comprometido en un ejercicio idealista sino en una guerra, con toda la brutalidad, el barro, la sangre, el dolor y la crueldad que esa palabra encierra”.

A Paco Pérez también se le desmoronan los altos ideales del Espíritu Grande. Chocan contra la pared de una Mendoza conservadora, pero ya sin el hálito visionario de antaño, el que abrió y construyó caminos, canales, diques, centrales eléctricas.

Aprendió tarde la lección. No como Bolívar, que tenía, él sí, aún, todo el hilo en el carretel.

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