Paco baja a tierra en su tercer año de gobierno

Paco baja a tierra en su tercer año de gobierno

dic 14, 14 • In Columnas, Política, Tapa

Alas cortadas. Queda poco de aquel Espíritu Grande. Mendoza devora todo anhelo de cambio. ¿Alguien podrá torcer la historia?

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El gobernador Francisco Pérez. (Ilustra Diego Juri para UNO).

El gobernador Francisco Pérez (Ilustra Diego Juri para UNO).

El miércoles, al cumplir su tercer año de gestión, Francisco Pérez inauguró una larga tanda de tuits con el siguiente mensaje: “A 3 años de haber asumido como Gobernador renuevo mi compromiso con todos los mendocinos”. Textual.

La frase es de circunstancia. Formal y terrenal. Aterrizada. Un destello de cómo se está sintiendo hoy en su calidad de mandatario, pero, sobre todo, en su papel de líder de un proyecto que nació con otra mística y otros horizontes.

Aquel Paco que llegó al poder con las ínfulas de un Ícaro, hoy luce brioso, todavía -es su carácter-, pero con las alas cortadas.

Su frase subsiguiente tuvo más el perfume de un recuerdo, de un dije vintage, que el de una nave propulsada hacia el futuro, hacia el infinito y más allá: “Me comprometo a profundizar el cambio y la transformación para construir la Mendoza de Espíritu Grande que merecemos”, tuiteó, en segunda instancia, Paco.

El eslogan del Espíritu Grande queda, ahora, flotando adentro de una esfera. Pero no puede trascender.

Mendoza, la Mendoza de hoy, devora cualquier anhelo de cambio profundo y estructural.

¿Qué hay de nuevo, viejo?
El casi medio centenar de tuits que Pérez dedicó a poner en valor su gobierno bajo la etiqueta #3AñosDeGestión es un remedo, afortunadamente condensado, de los habituales discursos que se recitan, el 1º de Mayo, ante la Asamblea Legislativa.

Se trata del básico conteo de escuelas, centros de salud y viviendas, de ambulancias y ferias imaginadas (como La Brújula), de productos regionales (el trole menduco, el canal Acequia, el Memorial de la Bandera), de espectáculos masivos (Pumas, Leonas, Indio Solari) y esas cosas.

Cosas que todo gobernador que se precie de tal está obligado a hacer para no esfumarse en el aire.

Pero, respecto del diseño de fondo de la provincia (y de la Provincia), cabe la pregunta de Bugs Bunny: “¿Qué hay de nuevo, viejo?”.

Pregunta repetitiva si las hay.

Porque… ¿qué hubo de sustancialmente distinto, qué golpe de timón deslumbrante se verificó tras el gobierno de Celso Jaque, con su mapa del delito a cuestas y con el país creciendo a tasas chinas?

¿Y, antes, tras el paso de Julio Cobos con su lema la Cultura del trabajo, también propulsado por números chinos y de la mano de un estadista más perspicaz como Néstor Kirchner?

¿Y, muchos antes aún, tras la desesperada gestión, en tiempos delarruistas, de Roberto Iglesias quien tuvo, al menos, el mérito de reconocer cada Petrom a su precio original?

Pasan los años y los gobernantes. Y Mendoza permanece, globalmente, igual a sí misma. Estaqueada

Un muro contra los sueños
Sin discutir las habilidades propias de Pérez como gobernador, hay datos objetivos, de contexto y de coyuntura, que conspiran contra sus mejores intenciones.

A todos los números negativos que arroja la crisis actual y al eventual fin de ciclo político, hay que adosarle un condicionante estable: la falta de poder del gobernador.

Contribuyen a jibarizar esta tarea los recursos que se concentran cada vez más en manos de la Nación (incluyendo YPF) y la falta de reelección, en un país y una provincia en donde todos los otros se reeligen.

Dicha circunstancia es desfavorable incluso para el sector privado.

Un destacado y activo emprendedor local lo describe en estos términos: “El Estado, hoy, con sus cien mil empleados y su volumen de operaciones, es la principal empresa de Mendoza. Pero no permite trazar un plan de negocios ni siquiera de mediano plazo, pues cada cuatro años cambia todo su management. Cada cuatro años es un volver empezar”.

La elección lo ensombrece todo
Al limitado horizonte político que prefigura la no reelección (lo cual acelera, dramáticamente, el síndrome del pato rengo), se sumó el estiramiento del calendario electoral.

Eso es fruto de las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), un instrumento que, en un país estable e institucionalmente sereno, es virtuoso; pero que, en la Argentina, derivó en vorágine política.

Hace meses que los precandidatos están en campaña.

En febrero ya se votará en Capital y en San Carlos, con lo cual las vacaciones se verán inundadas por el rostro de los postulantes.

Conclusión: Pérez no pudo gozar, siquiera, de su última tregua, que suele ser el año que media entre una elección y otra; el año en donde se puede esbozar algún acuerdo interpartidario sin la presión electoral.

No ocurrió. 2014 es otro año de consenso perdido.

Que no espere generosidad alguna de parte de los radicales.

Tampoco de su propio partido, más preocupado en conjunto, hoy, porque fisgoneen sus propiedades con un dron, la nueva arma de espionaje de Hacienda, de los periodistas inquisitivos o del enemigo intestino.

Es el signo de los tiempos, el del mironeo en red.

Nadie duerme tranquilo.

Ni tiene interés de pensar algo distinto. De pensar en grande.

Por eso al Espíritu de Paco se le derriten las alas.

Al final, en este “caos del mundo” y la creciente “impotencia de los políticos”, sobreviene, en palabras de Jacques Attali, el “adormecimiento de la democracia”.

¿Qué hacer, puestos en campaña?

Viendo el panorama en su Europa natal, el profesor francés aconseja algo que cuadra perfecto también aquí: “Es tiempo de reaccionar, de volver más viva la democracia, de pensar proyectos ambiciosos”.

¿Podrá alguno de los que vienen? ¿Tiene con qué?

Si es así, que lo muestre.

http://www.diariouno.com.ar/columnista/Andres-Gabrielli/Paco-baja-a-tierra-en-su-tercer-ao-de-gobierno-20141214-0038.html

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