Pizzi, Mendocino del Año y su tarea de abrir el debate sobre los grandes temas

Pizzi, Mendocino del Año y su tarea de abrir el debate sobre los grandes temas

dic 28, 14 • In Columnas, Política, Tapa

El rector Pizzi según la pluma de Diego Juri (para UNO)

El rector Pizzi según la pluma de Diego Juri (para UNO)

A Daniel Pizzi, el flamante rector, hombre de consenso y de fe, le preocupan el agotamiento de la matriz productiva y el bajo tenor de la pelea política en Mendoza

En Daniel Pizzi conviven dos pasiones que él considera compatibles y complementarias: la del científico (ingeniero agrónomo) y la del creyente (pastor evangélico).

Hombre parco, dialoguista, se le encienden los ojos cuando aborda cualquiera de esos dos campos. O cuando se refiere a San Lorenzo, una vocación temprana que comparte, en lo local, con Independiente Rivadavia.

Ha trabajado junto a Julio Cobos y a Paco Pérez, por lo que puede darles consejos desde el conocimiento cercano y la familiaridad.

El hecho de ser “el primer rector elegido por voto directo en los 75 años de la prestigiosa” UNCuyo justifica su distinción como Mendocino del Año, según señala el director periodístico de UNO, Rubén Valle. “Un hecho histórico que compromete doblemente a Pizzi y a su equipo. La época marca la necesidad de una gestión que sintonice con lo que está pasando en el mundo”.

-Me contó un pajarito que, cuando le avisaron que lo habíamos elegido Mendocino del Año, no lo podía creer.

-(Ríe) Era imposible de creer. No me imaginaba algo así. Me parece demasiado para lo poco que llevamos hecho.

-Pero fue un hito, este 2014, tener al primer rector legitimado por el voto popular. Además, prestigiar el tema educativo, en nuestra elección, no es poca cosa.

-Sí, la iniciativa institucional de la Asamblea Universitaria fue algo para elogiar. El proyecto, si bien tiene una cantidad muy importante de innovaciones, también entrañaba algunos riesgos.

-¿Qué tipo de riesgos?

-Que la cosa se distorsione por el lado de lo político-partidario. Es un temor que todavía tengo. Hubo, incluso, una capitalización muy fuerte, por parte de los partidos, a favor y en contra, dentro mismo de la Universidad.

-Justamente, el radicalismo tomó la victoria suya en el Rectorado como propia.

-Eso es complicado. Más si pensamos en lo que debería ser una universidad.

-Hasta tal punto se intentó capitalizar lo suyo, que, de inmediato, se empezó a mencionar a Pizzi como candidato a algo para las elecciones del año próximo.

-Hay que trabajar el tema con mucho cuidado y hacerle entender a la gente que una cosa es la política partidaria y otra la política institucional.

-¿No vino nadie del partido a tentarlo, a ofrecerle algo para 2015?

-No. Yo siempre recibí muestras de reconocimiento, de afecto, pero nada más que eso. Yo tampoco he sido muy eufórico en manifestarme en ese sentido. Reconozco, sí, una proximidad muy fuerte, a través de mis amigos del alma. Llevamos más de 35 años juntos. Ellos me acercaron a la gestión. Por lo tanto, el radicalismo me permitió una experiencia muy fuerte en un área que he podido desarrollar y de la cual, después, me he enamorado.

-Claro, porque usted era de otro palo.

-Yo venía principalmente del campo científico. He sido, incluso, director de becas del Conicet. Después, esto fue muy atrapante, especialmente en el ámbito de lo público, como en el IDR (Instituto de Desarrollo Rural) o en la Subsecretaría de Agricultura con el Julio (Cobos). Me maté en la gestión. Pero no dejé la Universidad. Tengo, entre otras cosas, un afecto muy grande con los estudiantes. Y todavía lo siento.

-Sin embargo, ¿no lo tienta apostar por un cargo electoral, aprovechando la chapa que tiene?

-No, porque, en general, los cargos nunca los he buscado.

-¿Y por qué agarró cuando le ofrecieron la posibilidad de ser rector?

-Porque me gustó el desafío. Fue después de analizar exhaustivamente la situación interna de la Universidad. Pero, ojo, también evaluamos la situación política externa. Sabíamos que había una posibilidad cierta de llegar al Rectorado. A mí no me gusta tirarme a la pileta porque sí.

-Por eso mismo es inevitable la especulación política. Ustedes le ganaron al oficialismo. Le ganaron al kirchnerismo.

-Es así, Andrés.

-Otro elemento que promueve las especulaciones es que hay un antecedente muy directo de un conductor universitario, como Cobos en la UTN, llegando a la gobernación.

-Claro. Pero, por ahora, estoy enfocado en la gestión de la Universidad porque me entusiasma mucho el proyecto, es muy lindo. Hemos alcanzado una diversidad que, en algunos casos, hasta es medio exagerada.

-¿A qué diversidad alude?

-Por ejemplo: nuestra obra social, la puesta en marcha del hospital, los organismos artísticos, las unidades académicas con la heterogeneidad de su producción. Y, especialmente, en los últimos años, algunas transiciones o migraciones de relación que hemos tenido de algunos de nuestros equipos con la sociedad.

-Una pregunta clásica en esta sección: ¿a quién la hubiera dado usted la distinción del Mendocino del Año?

-Me ha afectado mucho la situación social de los mendocinos. Hubiera elegido, con más cariño, a una persona que esté más cerca de la inclusión y de la preocupación social. A un emergente fuerte de esos ámbitos, más que del ámbito universitario.

-¿Y usted, como futbolero, no hubiera podido elegir, también, a Enzo Pérez, subcampeón del mundo, o al Seba Torrico, que llegó tan lejos con San Lorenzo?

-(Ríe) Por el Seba Torrico tengo un aprecio muy especial. Mi señora es muy amiga de la mamá del Seba. Pero, la verdad… lamenté muchísimo sus dos pifiadas en el último partido… (vuelve a reír con ganas).

-Ahí le salió el hincha de San Lorenzo. ¿De dónde le viene eso de ser cuervo?

-En mi familia son todos hinchas de River. Pero tenía un tío, muy fanático de San Lorenzo, que me inculcó la vocación desde chico. Además, la fundación de San Lorenzo estuvo muy cercana al trabajo de un miembro de la Iglesia. Y yo tengo, también, un rincón muy cercano al tema de la fe. Yo soy evangélico protestante y los fundadores fueron sacerdotes católicos. Pero cada vez estamos más cerca.

-Esto me lleva a otra pregunta inevitable: ¿de dónde le viene la impronta evangélica?

-Es de familia. Nací en un hogar evangélico.

-¿De qué data hablamos? ¿Evangélicos desde cuándo?

-Desde mis abuelos. Todos los nonos y nonas son italianos. La gran mayoría eran católicos. Y cuando vinieron a la Argentina hubo una impronta importante de cambio.

-Qué raro, siendo italianos. ¿A qué atribuye ese clic?

-Fueron muy fuertes para mí esas historias. Probablemente haya sido la forma de ver, por parte del protestantismo, del evangélico, el desafío a nivel personal. Y, por sobre todas las cosas, la libertad, desde el punto de vista del uso de la conciencia, acerca del comportamiento y de la responsabilidad individual. Eso siempre me lo destacó mucho mi abuelo por parte de madre.

-¿Da más libertad que el catolicismo?

-Hay dos formatos que son importantes para nosotros. Uno, el de la libre interpretación bíblica, que nos trae algunos problemitas, sobre todo en el plano internacional, porque no estamos tan ordenados como la Iglesia Católica. Pero la otra cuestión, que para mí es trascendente, es que nosotros, como protestantes, somos sacerdotes. O sea, no tenemos una mediación. La única mediación entre nosotros y Dios es Jesucristo. En ese sentido, somos mucho más independientes. En realidad, el trabajo de control en el hombre protestante viene, más que a través de la Iglesia o del sacerdote, por la conciencia. Para mi abuelo eso fue todo un descubrimiento.

-¿Y ha seguido esa tendencia en el seno familiar?

-Sí. Somos una comunidad muy grande. No hemos tenido traspasos. Al revés. Con el paso del tiempo se ha consolidado mucho el esquema. En la noche de Navidad somos entre 85 y 90 en la mesa familiar, sin invitar a los externos.

-¿En qué difiere la Navidad de un católico con la de un protestante evangélico?

-En Navidad no hay tanta diferencia. Eso ocurre más bien en Semana Santa.

-¿Por qué ahí?

-Porque el católico pone mucho énfasis en la muerte. Nosotros ponemos mucho énfasis en la resurrección. Para nosotros, por ejemplo, el jueves pasa desapercibido. En cambio, el domingo a la mañana es fuerte.

-Ahora bien, poniendo el énfasis en la resurrección, en la vida, ¿no les pesa demasiado la figura del Cristo sangrante en la cruz?

-Sí, pero desde el punto de vista de la mirada a futuro, nos pesa más la cruz vacía, el Cristo resucitado. En las iglesias nuestras no está el Cristo crucificado, está la cruz vacía. Ojo, el duelo de la muerte es la ofrenda del sacrificio, es la sangre que redime. Lo tenemos clarísimo. Pero la mirada puesta al futuro, en cuanto a la esperanza de la vida eterna, y también de la realización aquí en el mundo, es lo que nos lleva a mirar con más cariño la cruz vacía.

-Y en cuanto a la hora de los premios y castigos, del cielo y del infierno, ¿qué cambia?

-En ese sentido, no hay muchas diferencias desde el punto de vista teológico.

-¿El infierno existe, entonces?

-No existe como un lugar para nosotros. El infierno es el estado sin Dios.

-Un vacío.

-Un vacío, exactamente. Después está el gran asunto de la resurrección, un temazo.

-¿Y el demonio?

-Ahí sí creo que existe. Pablo, que es el gran teólogo del Nuevo Testamento, es muy contundente en términos generales. Dice que la mayor parte de las luchas no se da entre personas sino en términos de cuerpos celestiales. Lo cual es complicadísimo.

-¿Cómo sería eso?

-Hay una batalla, en el terreno de lo espiritual, que para nosotros no es poca cosa.

-Pero, para entenderlo mejor, ¿es una batalla terrenal o cósmica?

-En los dos niveles. Nosotros sí creemos, por ejemplo, en la tercera figura, que es el Espíritu Santo. Y esa es una batalla espiritual. Es decir, entendemos que la mayor cantidad de problemas, en términos generales, que asumimos nosotros, vienen por parte de las batallas que uno da en su mismo espíritu. El hecho de tener plena conciencia, frente a Dios, en cuanto a la responsabilidad que debe asumir aquí en la tierra, en cuanto a mandato, es lo que hace que uno pueda llegar a ser más equilibrado, o no, para vivir.

-¿Y quién va ganando en esta guerra entre el bien y el mal?

-Es muy interesante el tema en cuanto a la batalla final. Ahí viene el segundo símbolo, Andrés. El gran símbolo de la resurrección de Jesús es la batalla contra la muerte. Es decir, que el vencedor final es Dios.

-¿Pero hay alguna posibilidad de que la batalla final se pierda?

-No.

-Entonces ¿cuál es la gracia si el partido ya está ganado antes de entrar a la cancha? Es fácil, me afilio al cuadro ganador y ya está.

-(Risas) Claro. Es así.

-Ahora bien, ¿usted cómo concilia el científico y el pastor, la razón y la fe?

-Es una ecuación muy sencilla. Se trata de una cuestión de complementación. En la ciencia lo que prima es la racionalidad, la razón, y nosotros estamos totalmente de acuerdo con eso. Uno lo que ve, con el paso del tiempo, es la respuesta de la razón a un montón de interpretaciones sobre cosas que ya estaban desde la eternidad misma.

-Pero muchos asuntos se asientan solo en la fe, porque aluden a hechos que no son demostrables.

-Yo entiendo, por supuesto, que en la fe hay un componente muy fuerte en la esperanza de concreción a futuro de algo que uno no ve ni ha podido corroborar. Pero, justamente, esa esperanza lo transforma al científico en una persona mucho más responsable. El Jardín del Edén, que para mí no existe, es una metáfora que representa, sobre todo, la lucha entre el conocimiento y su negación o falta. Por eso los científicos creyentes asumen la ciencia y la investigación con mucha más pasión porque se entiende que la resolución de los problemas reales viene a partir del conocimiento.

-Hay una pregunta, por ejemplo, que nos formulamos todos: ¿cómo empezó el mundo, en el Big Bang o lo hizo Dios en esa primera semana famosa? ¿Me lo contesta el científico o el hombre de fe?

-La ciencia, que es terriblemente dinámica, ha demostrado, hasta ahora, con absoluta certeza, la teoría del Big Bang. Pero, a lo mejor, dentro de 20 años, se descubre que lo que decíamos acerca de la explosión inicial no era tan así. Veamos, yo no creo en eso de los ocho días de la Biblia. Es otra metáfora de la evolución progresiva.

-Una metáfora poética.

-Más vale.

-Lo cual demuestra que, en este tipo de cosas, la poesía es muy necesaria.

-Por supuesto. ¡Es muy importante! (ríe).

-Veo otra diferencia sustancial: los creyentes creen en la verdad a pie juntillas; el científico, no, porque busca la verdad todo el tiempo.

-Podría ser. Pero hay dos cuestiones acá. Una, es el terreno de lo material y de lo científico. Y la otra es el terreno de lo espiritual. En términos generales, el protestante no tiene mayores conflictos con esto, no encuentra un antagonismo, porque sabe que tiene una obligación moral en cuanto a seguir avanzando en el conocimiento, que es el que, en términos generales, nos ha dado respuesta para mejorar las condiciones de vida. Por otro lado, también tenemos en claro que hay una esperanza futura que algún día se va a consolidar. De lo contrario, no tendría sentido la vida.

-¿Cómo ha impactado en ustedes, los evangélicos, y más siendo argentinos, la irrupción de una figura tan potente como la del papa Francisco?

-Lo veo con mucho optimismo. Nosotros, en los últimos tiempos, hemos tenido un acercamiento muy importante con la Iglesia Católica. Estamos persuadidos de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

-La irrupción suya al Rectorado tuvo un impacto positivo pues se lo ve como un hombre dialoguista, de consenso. Lo cual contrasta con el mal clima político de fin de año, en donde el gobernador y la oposición radical se están insultando de la peor manera, con el diálogo totalmente cortado. ¿Qué le dice todo esto?

-Para mí es muy triste porque nosotros, como mendocinos, no nos merecemos una cosa así. Se enfoca mal la cuestión, se ponen por delante las cuestiones individuales antes que el bienestar general. Hay que corregirlo, muy fuertemente, porque si seguimos encerrados en una forma de ver y de hacer la política tal cual se está demostrando, no hay esperanza para nosotros. Así de sencillo.

-Tanto Francisco Pérez como su máximo contrincante, Alfredo Cornejo, son tipos duros, peleadores. ¿Qué consejo le daría al gobernador?

-Le diría que sea un poco más reflexivo. Yo lo aprecio al Paco. Estuve cuatro años trabajando a su lado, porque cuando fui subsecretario él estaba a cargo de la Dirección de Legales de Ganadería. Le diría, por lo tanto, que se tome algún tiempo para pensar, para meditar.

-¿Lo ve muy atropellado?

-Sí, muy eufórico. Y a veces se le sale la cadena y se atropella. Por otra parte, me está preocupando mucho en este terreno el tema de la observación de la ley y el respeto de las instituciones. Aquí hacemos agua.

-¿Por qué lo dice?

-Por ejemplo, si hay una normativa en torno a la discusión del Presupuesto, pues hay que respetarla. En ese punto, creo que el Paco se equivoca.

-¿Y qué le preocupa respecto de la institucionalidad?

-Hay una gran cantidad de organizaciones en la provincia y en el país. Y para construir una política hay que avanzar con las bases. Hace falta discusión, apertura, información, diálogo fecundo ¡y una negociación! Está bien tener objetivos. Todos los tenemos. Pero también hay que aprender a escuchar a los otros.

-La falta de diálogo es hoy un problema del país en general.

-Es, también, un problema de visión política. Para hacer correcciones importantes en el diseño, pero también en la aplicación de la política, hace falta un liderazgo que conduzca. Falta un cambio fuerte de liderazgo para que nos lleve a recrear todos estos escenarios de diálogo y de discusión; que nos lleve, en primer lugar, a identificar la verdad, pero, por sobre todas las cosas, a construir bienestar general.

-Usted también lo conoce bien a Cobos. ¿Lo ve a la altura de su desafío como candidato presidencial? ¿Da el piné?

-Desde el punto de vista personal, podría ser. Me preocupa un poco a nivel partidario y a nivel de equipos. No es tan sencillo llegar a la presidencia.

-¿Y qué consejo le daría a Cornejo?

-En el último año ha tenido un desarrollo importante. Yo conozco al Cornejo de principios de la gestión y me parece que era más autoritario.

-¡¿Sí?! ¿Más que ahora? Es justamente de lo que lo acusan algunos de sus correligionarios.

-(Risas) Bueno… puede ser que le haya aflorado de nuevo un poco… Pero en la conducción de la Municipalidad de Godoy Cruz le he visto hacer construcciones en lo social rodeándose de un muy buen equipo de colaboradores.

-El diálogo en la provincia hoy es pobre. Las políticas de consenso de mediano y largo plazo son casi imposibles. Hay quien dice que, aprovechando que ha llegado usted, insospechado de ser oficialista, la Universidad podría convocar a un amplio encuentro de las fuerzas sociales para estudiar e imaginar la Mendoza del futuro.

-Opino exactamente lo mismo. La Universidad tiene que abrir el espacio, preparar el escenario y, de alguna forma, inducir el debate sobre los temas trascendentales de la provincia.

-¿Cuáles serían los grandes ejes?

-Educación, salud, seguridad y producción económica. Esto último incluye matriz productiva y ambiente, pues hay que tener en cuenta las restricciones que impone el escenario mendocino, fundamentalmente la escasez de agua. No hay un buen análisis de fondo respecto de los pro y los contra que nos podrían generar otras actividades capaces de mover la aguja del producto bruto regional.

-Como la minería.

-Como la minería o la explotación de hidrocarburos.

-Aquí el rol de la Universidad es fundamental, para sacar esta discusión del ámbito de la politiquería, la superstición y los prejuicios.

-Sí, señor, totalmente de acuerdo. Es lo que vamos a hacer ahora.

-¿Coincidimos, entonces, en que la matriz productiva de Mendoza llegó a su techo?

-Está casi agotada.

-Por lo tanto, ¿qué otras áreas deberían desarrollarse? ¿Hacia dónde debería ir la provincia?

-El tema de las industrias culturales es interesante. Mendoza tiene potencialidad desde el punto de vista de los escenarios, de los recursos humanos y de los accesos tecnológicos de los últimos años. También hay que tener en cuenta el tema del software. Y cuatro o cinco puntos que emergen, como la innovación en el sector aeronáutico. Mendoza tiene una potencialidad en este sector que no ha sido explotada.

-¿Cómo qué?

-Además de fabricación, está el mantenimiento de aviones livianos, que hoy es toda una industria a nivel nacional. Mendoza tiene una riqueza muy fuerte en innovación tecnológica en temas de medicina. Es decir, hay una gran cantidad de servicios en los cuales nos podríamos llegar a introducir.

-O sea, multiplicar los Roberto Zaldivar…

-¡Exactamente! Hoy, el problema grave de la Argentina es lo que en economía se llama la renta social. Ha habido una cantidad de programas sociales que son muy interesantes. Pero no alcanzan los recursos genuinos para financiarlos. Estamos entrampados en una matriz de producción de sectores con bajísima incorporación de valor. Prácticamente son todos comodities.

-Y sin trabajar codo a codo con la actividad privada. Al contrario, al privado se lo trata como a un enemigo no como a un aliado.

-Es así. El país se saca adelante sobre la base de un apoyo muy fuerte al sector privado, a las empresas, porque el esquema futuro es sobre la base de construcción de valor y de generación de empleo digno. Hay que generar más innovación, más industrias, más pymes.

-Estamos pensando en el diseño futuro. Le planteo una duda personal: tengo mis serias reservas respecto de la clase dirigente argentina para liderar convenientemente este proceso, esta cruzada común.

-Yo también. Tengo las mismas dudas porque nos cuesta mucho identificar liderazgos que puedan conducir en esta dirección, sobre todo equipos de trabajo que puedan, de alguna forma, colaborar en la reconstrucción del país. De todas formas, los grandes cambios sociales siempre se abordan socialmente. Hace falta un liderazgo que pueda hacer una convocatoria fuerte, especialmente a la gente con capacidad de opinar, de generar conocimiento pero, por sobre todas las cosas, que nos permita armar una discusión de fondo.

-¿Qué lo hace feliz en la vida?

-Tengo un componente muy fuerte de la familia. Pero, por sobre todas las cosas, lo que más me ha hecho feliz es la realización en el ámbito laboral. Algo así como el 80% (ríe).

-¿Y cuál es su desafío en ese sentido?

-El gran capital, el capital intelectual, hoy, son las personas. Por lo tanto, es buscar que las personas se realicen en el lugar de trabajo y en donde estén. Lo cual es complicado, porque confluye una gran cantidad de factores. A mí, por ejemplo, mis hijos me dicen que soy muy aburrido…

-Tipo De la Rúa…

-(Ríe) Sí. Lo mío es mucho trabajo, mucho trabajo y mucho trabajo… Pero es la forma que encuentro para realizarme.

-Todo bien, pero ¿qué lo divierte fuera del trabajo?

-El fútbol me gusta mucho. El fútbol en familia.

-¿Sólo como espectador?

-No. Nosotros, por ejemplo, a nivel familiar, el 25 tuvimos el clásico partido de solteros contra casados. Es un único partido al año.

-¿Usted de qué juega?

-De nueve. Yo era el nueve de la selección de Ciencias Agrarias.

-¿Ningún otro hobby más picante, más excitante?

-El cine.

-¿De qué tipo?

-Romántico.

-¿Una película?

-Una que me gustó muchísimo es Titanic. Debe haber sido por el despliegue, por la magnificencia de lo mostrado, pero también por la historia.

-Ya que es tan romántico, ¿cómo enamoró a su mujer?

-Fue muy especial lo nuestro. A mí siempre me gustó mucho el canto. Había entrado al coro de la Universidad, estando en primer año de Agronomía. Tuve el honor de que me dirigiera el papá de Silvana, don Felipe Vallesi. En ese momento (años 72/73), hubo una convocatoria nacional, de las misiones nuestras, para armar un octeto, con el fin de realizar una recorrida importante por Europa y Estados Unidos. Fui seleccionado como bajo y nos fuimos de viaje. Y otra integrante del octeto era mi futura señora.

-¡Una historia de película!

-Sí, fue muy linda, porque estuvimos un año de gira. Claro, mi padre me quería matar porque dejé la facultad durante todo ese tiempo.

-¿Cuál es la voz argentina que lo seduce?

-Mercedes Sosa me ha gustado mucho. Y siento alguna simpatía por la Sole Pastorutti. Con ella tengo una historia muy bonita. La bisabuela de la Soledad vino junto con mi abuela, las dos huérfanas, en un barco desde Italia, después de la Pimera Guerra Mundial. Una tenía 16 años y la otra 9. Después, la abuela de la Soledad fue la compañerita de banco de mi mamá en Sanford, ahí cerquita de donde es ella, Arequito. Yo nací en Casilda. Pero me trajeron acá cuando tenía dos años.

-¿Qué lo hizo “chacarero”, como le dice usted a su profesión?

-Mi padre, que tenía un campo muy lindo con mi abuelo. Pero le gustaba más la mecánica. Era mecánico agrícola. Se terminó cansando de Santa Fe porque, en ese entonces, no había infraestructura. Lo mataron las inundaciones. Se vino a Mendoza pensando en las posibilidades que había acá.

-¿Qué es lo que más le gusta del campo? ¿Qué le da placer?

-Las plantas. El fruto. Las uvas… Me deleita el hecho de mirar la creación.

-Siempre más las plantas que los animales.

-Sí.

-El Jardín del Edén… aunque no exista…

-Volvemos a él, sí.

-¿Qué ha posibilitado el gran salto de calidad de nuestra vitivinicultura?

-Ha y un componente importante de las variedades. Pero, en verdad, ha habido dos grandes aportes desde el punto de vista de la calidad de nuestros vinos, dos desarrollos tecnológicos que han hecho posible el milagro: el acero inoxidable y el frío, más las levaduras.

-Ese avance maravilloso que se hizo en materia de tecnología, de enólogos, de agrónomos, de arquitectura, de apertura hacia el mundo, ¿no se puede trasladar a otros ámbitos de la realidad mendocina?

-Nos hemos ilusionado muchas veces con eso. Por ejemplo, con la fruta en fresco, con las frutas secas. En el fondo, lo grave es la complejidad que tienen esos mercados y la poca habilidad que hemos tenido nosotros en materia de organización institucional para explotarlos. No hemos sabido organizarnos socialmente. Por ejemplo, los mismos californianos reconocen que a la ciruela mendocina, desde el punto de vista del tenor del azúcar natural que tiene, no hay con qué darle internacionalmente.

-Y sin embargo estamos arrancando los frutales.

-Claro. Pero hay otro componente muy importante, que yo lo he sufrido en carne propia: las condiciones de estabilidad política y el impacto que estas tienen en las condiciones de estabilidad macroeconómica. Y ahí estamos en el horno.

-Para terminar, su deseo de fin de año. Su brindis.

-Que crezcan sanos los nietos. Y que los que estamos, de alguna forma, en posiciones de liderazgo, podamos construir en forma conjunta una Argentina mejor.

-Los dos hemos expresado dudas respecto de los posibles líderes. ¿Ve alguna luz al final del túnel?

-Sí. En ese sentido soy muy optimista. Es cierto que uno se está poniendo viejo y tiene algunas dudas. Pero creo que, realmente, hay algunas posibilidades de cambio, porque tenemos un pueblo muy trabajador.

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