“Yo soy Nisman”, un imperativo humanista

“Yo soy Nisman”, un imperativo humanista

ene 25, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Mendoza conmovida. El PJ está sumido en el estupor, con Pérez dando la cara. La UCR se ordena tras una gran jugada de Cobos

El gobernador Paco Pérez y el diputado Julio Cobos ante la imagen de Nisman. Ilustra Diego Juri para UNO.

El gobernador Paco Pérez y el diputado Julio Cobos ante la imagen de Alberto Nisman (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Se presagiaba un 2015 intenso, áspero, por la competencia electoral y por el repliegue, inevitable, de un régimen político fastidiado por la alternancia en el poder. Por el péndulo que hace virtuosa a la democracia.

Enero superó todos los pronósticos iniciales. Ha sido un infierno.

Y en el arco que fue desde el “Yo soy Charlie Hebdo”, por los atentados en París, hasta el “Yo soy Nisman”, por la muerte del fiscal en Buenos Aires, quedó dibujado, como una sombra sobre una pared calcinada, el presente emocional de la presidenta de los argentinos.

El espectral silencio de Cristina Fernández tras los dos hechos que sacudieron, al mundo primero, luego a la Argentina, es una síntesis que no requiere de mayor análisis.

Impacta como un grito estentóreo para quien esté dispuesto a oírlo.

También su falta de compasión, obsesionada solo por ella misma.

Fuera de la dimensión humana primaria, pisoteando el cadáver de Nisman en la huida hacia adelante, todo lo demás es chirrido. Teorías conspirativas, policiales, judiciales y políticas incluidas, de uno y otro bando.

Así “la vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que nada significa”. Shakespeare en Macbeth.

Dos líderes mendocinos
El magnicidio de Nisman, sobre el que nos pasaremos hablando largamente entre la bruma (sumándose a los 21 años de incertidumbre por la AMIA), marcará a fuego una campaña electoral que, en Mendoza, ya dio comienzo formalmente.

Capital y San Carlos muestran sus candidatos para las primarias de febrero, mientras debutó el desfile de famosos. Como la macrista Gabriela Michetti por el Valle de Uco.

Pero estos son asuntos menores al lado de la conmoción (o deflagración) que el caso Nisman causó en la cúpula de la política provincial.

Efecto que puede seguirse a través de sus dos principales figuras, el gobernador Francisco Pérez y el exgobernador Julio Cobos.

Paco poniendo la cara
Al peronismo de Mendoza el fallecimiento de Nisman le cayó como un alud de nieve. Quedó sumido en el estupor y en el silencio. Pero no un silencio bronco como el de la Presidenta, sino alelado, atónito. No hubo nada que decir, salvo asumir, detrás de escena, el torrente de declaraciones de Capitanich, de Berni, de Aníbal Fernández, en su ir y venir de interpretaciones rocambolescas y de rectificaciones sobre la marcha.

Pérez se tomó un respiro inicial, continuó opinando sensatamente sobre la necesidad de democratizar los servicios de inteligencia y finalizó asistiendo al acto de apoyo del PJ nacional a Cristina contra aquellos de “clara posición opositora” que creen estar “ante una oportunidad única para enlodar al Gobierno”.

Era la obligación del gobernador poner la cara en tal circunstancia. Los demás compañeros locales quedaron deambulando en la incomodidad, apretados dramáticamente contra las exigencias del calendario, que se ha vuelto, para ellos, más caliente que nunca. Un búmeran.

A fines de febrero el partido deberá alumbrar candidato o candidatos a gobernador. Pero, hoy por hoy, Nisman ocupa el centro de la agenda y resulta casi imposible instalar cualquier otro tema que cause verdadero interés en la ciudadanía.

El peor momento desde que se lanzó la carrera gubernamental.

Cleto y una jugada maestra
Distinta es la situación del radicalismo gracias a una hábil y generosa movida de su dirigente más popular en la provincia, Julio Cobos.

A Cobos siempre se le achacó su escasa habilidad para manejarse dentro de los códigos tradicionales de la política. Esta vez rompió los pronósticos con un fino chanfle al arco como salido del botín de Messi.

Al declinar sus participación en la elección provincial, confirmando que competirá por la presidencia, mató varios pájaros de un tiro.

Empezó ordenando, de un plumazo, la intrincada interna radical, al bendecir la fórmula Cornejo-Montero para la gobernación.

De paso, cañazo, porque le quitó el principal argumento al PJ, que era apostar por el divisionismo de la UCR, metiendo toda la púa posible.

El resultado es ambiguo, porque el peronismo temía a la figura de Cobos. Se la sacó de encima. Pero al precio de una tropa enemiga unida.

El sinceramiento de Cobos también le ordenó el panorama a su partido en el plano nacional. Ya no tendrá que penar en busca de un candidato alternativo.

Y, finalmente, un aspecto en apariencia lateral pero que, a la postre, puede resultar decisivo. En el gesto de Cobos tuvo que ver, tras bambalinas, Sergio Massa. El diálogo es tan bueno entre ellos como el que mantiene el presidente partidario Ernesto Sanz con Mauricio Macri.

¿Qué puede salir de todo esto?

Primero, que en Mendoza haya una alianza general, encabezada por la UCR, que incluya al PD, al PRO, al socialismo y al Frente Renovador, entre otros.

Lo cual podría ser el germen de la gran interna gran entre los líderes opositores (Macri, Massa, Cobos, Binner) que prohijan algunos, como Alfredo Cornejo, para la elección presidencial, como una manera de cohesionar las fuerzas y de garantizar el triunfo ante el oficialismo.

Estrategias de ajedrez que pueden borrarse de un plumazo en la Argentina imprevisible.

En la Argentina que, durante 2015, repetirá “Yo soy Nisman” como una consigna ineludible. Como un imperativo de la república deseada.

“No estoy hecho para la política porque soy incapaz de desear o de aceptar la muerte del adversario”. Camus. Un gran humanista.

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