Yendo de “hermano mío” a “Paco traidor”

Yendo de “hermano mío” a “Paco traidor”

mar 1, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Frenesí. La explosiva renuncia del ministro Roby simboliza el incómodo momento del PJ, que cerró ayer una fórmula ortodoxa

El gobernador Paco Pérez y su ex ministro y ex amigo Matías Roby. Ilustra Diego Juri para UNO.

El gobernador Paco Pérez y su exministro y examigo Matías Roby (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli

Decía Anthony Perkins en su papel del atribulado Norman Bates de Psicosis, el clásico de Hitchcock: “Todos nos volvemos locos alguna vez”.

Sucede. Es humano.

El problema es cuando a uno se le sale la cadena cada dos por tres. Termina fracturando la realidad que lo circunda.

Termina estrolado. Como terminó la relación entre dos supuestos grandes amigos de juventud, el gobernador Francisco Pérez y su ahora exministro Matías Roby.

Extraña pareja esta, en donde Roby decía, sólo un año atrás, “soy hermano de Paco”, pasando, de repente, a calificarlo de “traidor” esta semana, en el momento de su obligada renuncia a la cartera de Salud, zarandeado por la traumática interna del peronismo mendocino que ayer tuvo algunos picos de histeria.

La eyección de Roby y sus flamígeras declaraciones posteriores cayeron como una bomba sobre el PJ en la hora crucial de las definiciones electorales.

Pero no fue una bomba inesperada. Era una bomba de tiempo.

No había ninguna posibilidad de que no explotara.

Son dos personajes coléricos e impetuosos, que viven los avatares de su gestión con los nervios a flor de piel. Pérez, con algún freno de mano en su sistema.

Roby, en cambio, no dispone, siquiera, del mecanismo inhibitorio propio del quehacer político.

Un “imprudente”, así lo consideran hoy sus excompañeros en el Gobierno. Lo dicen con el evidente temor de que Roby siga ventilando intimidades de la cosa pública.

Esta ruptura entre Paco y su delfín explica mejor el estado emocional de la política mendocina que todos los cierre de listas verificados ayer.

Dos traidores, un justiciero

Siendo dos viejos cumpas, ¿por qué el quiebre? ¿Quién le hizo la zancadilla a quién?

“Los dos se traicionaron mutuamente”, explica alguien que conoce la intimidad del poder provincial.

Pérez traicionó porque, primero, tras darle alas diciéndole que iba a ser “su” candidato a gobernador en la interna peronista, luego, presionado por el partido, que aborrece a Roby, lo bajó de la carrera electoral sin decírselo personalmente. Mandó a Pancho García con el mensaje, en vez de hablarlo cara a cara, como cuadraba a sus años de camaradería.

Roby traicionó, entienden, porque ventiló secretos inconfesables. Mostró toda la mugre acumulada bajo la alfombra. Y, recostado en el moyanismo a través de su compañero de fórmula, Ariel Pringles, tiene capacidad de fuego y desparpajo suficientes como para seguir haciéndolo.

¿Cuál es la mayor amenaza?

Que haya surgido otro “justiciero”, como en la época de Lafalla con el entonces fiscal Aldo Giordano, que jugó, con similar teatralidad mediática, la carta de la antipolítica.

Consecuencia lógica: cuando el justiciero despotrica contra la “sucia política”, quien más lo paga es el que ejerce en ese momento el poder.

Por eso Lafalla, luego de tres gobiernos justicialistas consecutivos, le terminó traspasando el cetro al radical Roberto Iglesias.

Roby blande el arma tan temida: “Sustentado por el sindicalismo, voy a ganar las internas. Después, lo voy a prender fuego a Cornejo”.

Y deja parpadeando una última advertencia: “Que no se les ocurra bajarme en la Junta Electoral porque me van a transformar en el Gauchito Gil y la Difunta Correas juntos. Voy a ser Nisman. Van a tener que pegarme un tiro para frenarme”.

Cornejo, un verdadero peronista

El frenesí peronista ante al cierre de listas contrastaba ayer con la calma radical en la cúpula.

Situación, esta última, que impacta aún más en el ánimo oficialista. “El Alfredo (Cornejo) es el que está haciendo verdadero peronismo”, admitía, resignadamente, una primera figura del elenco gobernante.

En efecto, consolidada su fórmula gubernativa con Laura Montero, el cacique radical se ha dedicado, con paciencia, a urdir un bordado transversal que unifique el voto opositor.

Incorporó interesantes figuras de otras fuerzas políticas, que competirán con los propios en las primarias abiertas, en aquellos departamentos donde la elección es peleada. Es el caso de Omar De Marchi en Luján, de Pepe Micheli en Guaymallén, de Chicho Russo en San Rafael y de Alberto Bertón en Maipú.

Bermejo, una opción ortodoxa

El peronismo de Mendoza es el menos peronista de todos los peronismos argentinos. Primero y principal porque desde que se fuera Pilo Bordón no reina por aquí el verticalismo, algo esencial para este movimiento de raíz cesarista.

Eso explica el farragoso cierre de ayer: había que satisfacer al gobernador y presidente partidario Pérez, al vice y cacique territorial Carlos Ciurca, al operador Chueco Mazzón, a los deseos de Cristina y La Cámpora, a los influyentes jefes comunales, a los sureños, etcétera.

Todo bajo el clima poco propicio de correr de atrás en las encuestas.

Finalmente, la fórmula “oficial” Bermejo-Martínez Palau para la gobernación obedece a la salida más ortodoxa. El maipucino llegó a esta instancia como el mejor posicionado en intención de voto y el ministro de Transporte implica un doble guiño: al gobernador, por integrar su gabinete, y a su par nacional, Florencio Randazzo, el rival de mayor fuste para Scioli en la interna presidencial.

¿La juventud maravillosa de La Cámpora? Tras el sonado fracaso en la Capital, insiste con Guillermo Carmona como portaestandarte.

“Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” (Samuel Beckett).

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Yendo-de-hermano-mio-a-Paco-traidor-20150301-0031.html

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