Cristina y Paco: un adiós entrando en la recta final

Cristina y Paco: un adiós entrando en la recta final

mar 15, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Divorcio paulatino. El ninguneo de la Presidenta al gobernador en Lavalle refleja el inevitable despegue de los peronismos locales

El gobernador Paco Pérez y Juan Carlos "Chueco" Mazzón junto a Cristina. Ilustra Diego Juri para UNO.

Chau, no va más. Paco Pérez, Cristina y el “Chueco” Mazzón (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El momento simbólico más importante en la provincia, que pinta el fin de una era, sucedió el martes, durante una teleconferencia de Cristina Fernández con el departamento de Lavalle.

La excusa fue un hecho menor, como los que viene utilizando con asiduidad la Presidenta, a lo largo y a lo ancho del país, con tal de captar la atención ante las cámaras: esta vez la ampliación de una planta elaboradora de legumbres.

Tanto el discurso de la mandataria como la televisión pública ignoraron la presencia del gobernador.

Un vacío absoluto rodeó a Francisco Pérez. Expreso y deliberado. Cuestión de que se notara. Que hiciera ruido. Sordo ruido.

Todo lo cual llevó a una exégesis parcial en la mayoría de las evaluaciones periodísticas. “Cristina le cortó el rostro a Paco. Lo ninguneó”, dijeron (dijimos) los comentaristas.

El equívoco parte de haber interpretado el suceso rutinariamente, dentro de los parámetros que han venido rigiendo la vida política argentina durante estos años de kirchnerismo cristinista. Años de un poder fuertemente castigador sobre los subordinados.

Pero lo del martes fue otra cosa.

No fue un reto a Paco como el que podría haberle propinado la seño del jardín a un niñito revoltoso. Ya no.

Fue, por el contrario, la reacción colérica de una diva despechada. El hielo que quema.

Dicho de otro modo: el ninguneo expreso de la Presidenta a Pérez no fue un acto firme de autoridad sino el reconocimiento, tal vez inconsciente, de una autoridad en declive.

Desobediencia debida
“Lo del martes marca el ingreso en la recta final”, interpreta un pope del justicialismo mendocino, apuntando al ciclo político que vive el país.

Lo corrobora el gesto presidencial, cuya acritud fue dirigida, a través de Pérez, a la conducción oficial del PJ local y que ya había tenido, como prolegómeno, la expulsión de Juan Carlos Mazzón como histórico e irreemplazable asesor presidencial.

¿Cuál ha sido el gran pecado, el desliz imperdonable?

Primero, no obedecer ciegamente el mandato bajado desde la Presidencia en cuanto al calendario electoral y a las candidaturas. Para Cristina, debió haberse privilegiado todo lo concerniente a La Cámpora, representado, en este caso, por el diputado Guillermo Carmona (el único parroquiano enaltecido por las cámaras de la tevé pública en Lavalle).

No sucedió. Carmona y la troupe camporista quedaron en la vereda de enfrente, compitiendo contra la fórmula oficial que conforman Adolfo Bermejo y Diego Martínez Palau. Y el calendario se hizo a gusto de los intendentes. Es decir, fue un movimiento desde abajo hacia arriba. Una decisión desde la base territorial del poder.

Esta muestra de independencia resulta intolerable para el hiperverticalismo del esquema K.

Independencia ratificada por el abierto apoyo del PJ local a la candidatura presidencial de Daniel Scioli.

Por si había alguna duda: “Scioli buscará ser candidato presidencial este año con o sin la bendición de Cristina Fernández de Kirchner”, le confesó Pérez, durante los festejos vendimiales, al corresponsal de la influyente cadena Bloomberg, Daniel Cancel.

El despacho de Bloomberg agregaba, como al pasar, que “Pérez ha sido mencionado como un posible candidato a vicepresidente para Scioli”.

Subráyese, por otra parte, el temprano aval del vicegobernador Carlos Ciurca a la ola naranja del sciolismo cuando la campaña electoral estaba en pañales.

Este reconocimiento explícito al gobernador de Buenos Aires es lo que el cristinismo viene pretendiendo retardar hasta último momento en resguardo de su poder de decisión. En demora del pato rengo.

“Lo de Mendoza se irá replicando paulatinamente en las demás provincias”, dicen los jefes políticos locales. “De ahí el enojo de la Rosada”.

Cambia, todo cambia
Nada resulta más ejemplar respecto de los nuevos aires que los dos últimos procesos que vivió al PJ local en el recambio de gobierno.

Recordemos el triste itinerario que padeció el entonces gobernador Celso Jaque en 2011 para que, textualmente, le dictaran la lista electoral.

Jaque y su comitiva fueron citados a la Casa Rosa. Allí debieron esperar largo rato en un pasillo sin que nadie les convidara siquiera un café. Al advertirlo, compadecido, el poderoso Chueco Mazzón hizo pasar a su despacho a sus apocados comprovincianos para mitigarles el plantón.

Finalmente, Jaque volvió a la provincia con la sábana que le anotaron. Él mismo no figuraba en ninguna candidatura (le dieron un premio consuelo en Colombia, lejos de todo). Adolfo Bermejo, el mejor posicionado también en aquel momento, fue bochado como aspirante a la gobernación por ojeriza presidencial. Y la ignota Anabel Fernández Sagasti apareció segunda en el casillero de diputados nacionales en premio a su camporismo prístino.

El peronismo mendocino, en aquel 2011, toleró, mudo y con la cabeza gacha, todas las humillaciones habidas y por haber.

En 2015 no se han repetido tales arrodillamientos. ¿Por enjundia personal, por amor propio? ¿O por simple pragmatismo, algo tan caro al justicialismo?

Se irá develando con el correr de los días.

Mientras tanto, démosle algo de altura a este momento reflexivo con palabras de Fernando Savater: “La filosofía nace con la democracia y representa en el terreno intelectual lo mismo que ella en el político: la autonomía del individuo pensante frente a las veneraciones inapelables establecidas”.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Cristina-y-Paco-un-adios-entrando-en-la-recta-final-20150315-0023.html

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