Llegan los halcones y las palomas de la nueva era

Llegan los halcones y las palomas de la nueva era

may 3, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Signo de cambio. Los favoritos para llegar a la presidencia tienen un perfil dialoguista. En Mendoza, Cornejo es todo lo contrario

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Halcones y palomas. (Ilustra Diego Juri para UNO).

Aves mayores, Alfredo Cornejo y Adolfo Bermejo. Pajarillos Aranda, Del Caño y Suárez (Ilustra Diego Juri para UNO).

La palabra “cambio” domina hoy el escenario político, ya sea en lo nacional como en lo provincial, con fuerza parecida.

Es el estilete preferido por la oposición para forzar su acceso al poder. Y los oficialismos de cada lugar también deben hacerse cargo de ese “cambio” en danza, aunque más no sea para negarlo, para rebatirlo.

Hasta tal punto ha calado hondo el término, que en las recientes PASO dos precandidatos a intendente del oficialismo peronista lo utilizaron como eslogan de campaña. El ministro Rolando Baldasso prometía “cambiarle la cara a Luján”, mientras que el actual jefe comunal, Carlos López Puelles, le respondía que “el cambio empezó hace tres años”.

Cambia, todo cambia.

Palomas nacionales
En la Nación el cambio es inevitable, por la sencilla razón de que Cristina Fernández ya agotó su cuota de reelecciones y nadie de su familia (Máximo, Alicia, etcétera) está en condiciones de garantizarle continuidad en las urnas a la dinastía.

Vale preguntarse, pues, por el carácter de ese cambio en ciernes.

Lo primero que salta a la vista no es de índole ideológica, partidaria o dogmática sino de estilos. Al culminar un decenio largo de aspereza kirchnerista, la opinión pública se inclina por dirigentes más moderados y dialoguistas, más contemporizadores con los actores sociales.

Dicho de otro modo, pareciera haber llegado el momento de darles vacaciones a los halcones en beneficio de las palomas, en este tironeo clásico.

Pertenecientes al oficialismo o a la alternancia, un signo común caracteriza a los favoritos Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.

Incluso otros presidenciables que marchan en el segundo pelotón como el gobernador cordobés José Manuel de la Sota, se sirven de un mensaje similar: soy “capaz de unir a los argentinos”, declama.

El jefe de la UCR, Ernesto Sanz, no le va en zaga: “Yo estoy convencido de que hay que unir las fuerzas muy distintas en la Argentina”.

Vuelan palomas, o algo parecido, por el cielo nacional.

Palomas y una rara avis por aquí
En el terreno local, si es por las elecciones municipales de hoy, quizá haya sintonía con la Nación.

El miércoles pasado, en un debate de candidatos en el programa Séptimo Día, por Canal 7, el aspirante peronista Carlos Aranda acusó al radical Rodolfo Suárez de no ejercer un liderazgo fuerte como su predecesor, Víctor Fayad.

“Yo no soy partidario de los liderazgos fuertes”, explicó, palabras más, palabras menos, Suárez. “Mi tarea es servir a la gente, ponerme a disposición de los vecinos”.

Después de un halcón muy peleador como Fayad, Suárez propone un tiempo de palomas en Capital.

A menos que ganara el representante de la izquierda, Nicolás del Caño, un pájaro de combate. No se podría esperar menos de un descendiente de Trotski.

San Carlos tiene especímenes propios. El intendente Jorge Difonso, que busca su reelección, no es halcón ni paloma, sino una rara avis, un distinto, abroquelado en su comarca verde, como salido de un capítulo de El señor de los anillos.

Sus desafiantes deben contar con eso, en caso de desplazarlo.

Dos halcones a su modo
Mendoza, en general, ofrece un combate entre ambos estilos.

Hoy el número estelar lo vienen protagonizando el gobernador Francisco Pérez y el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, candidato a sucederlo por el radicalismo.

Pérez, por su furia, por su vehemencia, por el fervor de sus ideas, pudo haber sido un halcón con todas las letras. Pero, debido a su completa subordinación a la Presidencia, terminó como halcón de cetrería. Ave de caza, sí, pero al servicio de la “halconera”, Cristina, la “cetrera” mayor.

En los últimos tiempos intentó un vuelo en solitario. Ya era tarde.

Sufre dicha circunstancia. Por eso una arritmia lo llevó brevemente al Italiano esta semana.

Y ha perdido distancia y oído. El soporífero, indigerible discurso de tres horas, el viernes, en la Legislatura, es síntoma de una disociación con la realidad inmediata, con el hombre de a pie.

Cornejo, en cambio, pese a ir adelante en las encuestas, no afloja. Sigue yendo intrépidamente al frente. Como en Las Heras, donde acusó a la cúpula departamental (Miranda, Ciurca y compañía) de ser funcional a la delincuencia. Brutal.

No es una excepción. Responde a una tradición de gobernadores radicales combativos y rocosos. El mejor ejemplo fue Roberto Iglesias. Felipe Llaver no se quedó atrás.

“Alfredo es así”, explica alguien que lo conoce de cerca. “Pero, además, ha entendido que Mendoza hoy reclama un liderazgo firme, fuerte y frontal, para abordar temas como la inseguridad, las cuentas públicas o la relación con la Nación”.

La paloma, en este escenario, es el candidato peronista a la gobernación, Adolfo Bermejo, que no se ha subido a pendencia alguna.

Podría pensarse que Pérez, con su sobreexposición, lo está sacando de la cancha, le quita protagonismo.

A lo mejor es una ventaja. “Adolfo va a llegar preservado al final de la campaña, sin desgaste. Y puede hacer valer entonces su sciolismo”, entienden en su equipo de campaña.

Halcones contra palomas. O los riesgos, ante el electorado, de ser feroz o de ser manso.

Con una advertencia: “Los violentos no mueren de muerte natural”.

Enseñanza fundamental del Tao

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