El PJ, como Paco, con los nervios al rojo vivo

El PJ, como Paco, con los nervios al rojo vivo

may 10, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Necesidades. Para salir del pantano, el peronismo y el gobernador deben bajar un cambio, abuenarse con Cristina y sacar pecho

El gobernador Paco Pérez . (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador Francisco Pérez, Paco (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El malestar cardíaco y digestivo que viene padeciendo el gobernador en estos días no se reduce a su persona solamente.

Refleja, alegoriza, también, el malestar que aqueja al peronismo mendocino desde hace tiempo. Por lo menos, desde la significativa derrota electoral de 2013.

Francisco Pérez, además de ser la máxima autoridad provincial, es el jefe formal del PJ. Y lo es bastante más que antes, no hace mucho, cuando lo único que hacía era ejecutar comandos que le indicaban desde la Casa Rosada.

Últimamente decidió ejercer su mandato con alguna autonomía.

Está pagando las consecuencias.

Lo pagan su mente y su cuerpo, estresados, “pasados de vuelta”, según relatan en su entorno.

Lo paga su gestión. Asfixiada, mortificada, adrede, desde Buenos Aires. Algo tremendo siempre, pero mucho más en tiempos de crisis.

Harta niebla en el camino
La mala salud actual de Pérez -nada grave, por fortuna- puede emparejarse con otros tantos pesares que se le han sumado a su partido.

Uno de ellos sucedió el domingo pasado en las elecciones de Capital. Carlos Aranda, ex ministro de Seguridad de este gobierno y hombre del vicegobernador Carlos Ciurca, fue desplazado al tercer puesto por la izquierda de Nicolás del Caño.

Un golpe duro, por más que traten de disimularlo. Cercano al papelón.

No menos cercana al papelón fue la rencilla entre el intendente de Guaymallén, Luis Lobos, y su antecesor Alejandro Abraham, para dirimir la candidatura en las primarias. Se impuso Lobos por ventaja mínima. Pero quedó flotando un tufillo de desprolijidad en el departamento más poblado de la provincia.

La ausencia “histórica” de Pérez, ayer, en la Fiesta de la Ganadería de Alvear fue la frutilla en el postre de esta sucesión de estampas grises. Es cierto que los dirigentes sureños, con su intemperancia, sumada a la necesidad de preservar al gobernador de un mal rato, contribuyeron a justificar dicha ausencia.

Pero sigue la niebla en el camino.

El pobrecito político
Lo que aqueja al mandatario mendocino es de manual. De cajón.

Nadie, con su carácter atrabiliario, puede salir indemne en el largo plazo sin un cable a tierra.

Como si lo conociera, la entrañable, deliciosa escritora española Rosa Montero -de paso en estos días por Argentina- publicó en El País de Madrid una columna titulada Esos pobres políticos.

Para referirse a ellos, cita un ensayo de Carles Casajuana, Las leyes del castillo: “Creemos que, porque son poderosos, los gobernantes tienen más capacidad que los demás para dirigir los asuntos públicos. Pero no siempre es así. (…) Los gobernantes, de media, no poseen un talento especial para gobernar. Poseen únicamente un talento especial para alcanzar el poder y conservarlo, que no es lo mismo”.

Luego, Montero añade, de su propio colecto, respecto del cansancio del político: “Vive una vida ri­dículamente cargada de trabajo y de compromisos, una agenda tan extenuante y delirante, en fin, que no duerme, no piensa, no lee, no habla con sus hijos, con su cónyuge, con su familia, no pisa la calle, no hace nada, en fin, de lo que hacen el resto de los humanos. Además de estar perpetuamente agotado, pierde todo contacto con la realidad”.

Las tres horas de castigo que nos propinó Pérez con su discurso en la Legislatura confirman esto último.

Cuatro maneras de salir
El peronismo, con Paco Pérez a la cabeza, es el poder provincial. Y no se va a entregar fácilmente.

Para recuperar impulso hay una serie de presupuestos básicos:

1) El gobernador precisa recomponerse. “Se asustó. Ha bajado un cambio. Va a mejorar”, dicen a su lado.

2) Necesitan sanar la relación con la Presidenta. “Cristina dijo que quiere ganar en todos lados. Nos va a ayudar para eso”, aseguran.

Aunque lo desean, no saben aún si ella pisará Mendoza para la campaña. Y se asientan en esta certeza: “Con Cristina sola no ganamos. Pero sin ella tampoco. Es vital el plus que nos aporte Scioli, que, dicho sea de paso, está muy cristinista”.

Pérez estará en Buenos Aires el martes y el jueves, en el primer caso para acceder el desendeudamiento de la Nación.

Respiran, en el Gobierno, por haber superado ese castigo.

3) Necesitan que Adolfo Bermejo, el candidato a gobernador, salga a la cancha con más brío y se haga cargo de los principales temas, desplazando a Pérez del centro de la escena. “No puede hacer la plancha. La plancha que la haga el otro (Cornejo), que va adelante”, explican los operadores. Entre mañana y pasado larga formalmente. Serena expectativa.

4) Unirse, la premisa básica. “Quedamos a 4,5 puntos de Cornejo. Debemos estar todos juntos”, rezan. La conjunción en el cine Selectro entre el PJ y el sindicalismo apunta a eso. Aunque no aciertan a explicar de dónde saldrán los votos que faltan.

Mandarlos a casa
Rosa Montero concluye su retrato de los pobres políticos que enferman en el poder: “No sé, algo habría que hacer, prohibirles trabajar más allá de las siete de la tarde, mandarlos a casa el fin de semana, echarlos obligatoriamente cada tres años. No parece fácil escapar de esta trampa”.

No. No es fácil. Sobre todo tratándose de Paco que, hoy por hoy, ni vicegobernador tiene. Ni propensión a delegar tareas, según protestan, calladamente, sus ministros.

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