Cristina levantó el precio de la elección mendocina

Cristina levantó el precio de la elección mendocina

jun 7, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Recta final. El peronismo se refuerza con la visita de figuras nacionales como Scioli o Randazzo. La UCR se abraza a sí misma

Ilustra Diego Juri para UNO.

Mad Max 4 en el desierto menduco: Cristina, Paco y el Petiso Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El pasaje, a todo trapo, hollywoodense, de la Presidenta, el miércoles pasado, por Mendoza, fue un gran alivio para el peronismo doméstico.

Cristina Fernández les contagió ínfulas de las que ellos carecían para lo que queda de la carrera electoral.

Y les sacó un peso de encima a sus cabecillas, el gobernador Francisco Pérez y su vice Carlos Ciurca.

En caso de derrota, dentro de dos domingos, ella cargará ahora con parte de la culpa. Con buena parte de la misma.

Pérez y Ciurca pagaron un precio caro por ese favor. El primero, aceptando bajarse de las listas de legisladores nacionales, para conformarse con un vidrioso cargo en el Parlasur. “Es como comprarse un lote en la Luna”, lo dibujó con sorna un líder radical.

Ciurca hizo lo suyo agachando el lomo para cederles a dos camporistas las candidaturas al Congreso luego de haberlos derrotado claramente con sus pupilos en las internas locales.

Pero valió la pena. El 21 de junio Pérez, Ciurca y hasta el Chueco Mazzón podrán esperar los resultados electorales sin que penda una espada de Damocles sobre sus molleras, puestas a precio poco antes.

Apostando al apoyo externo
La visita de Cristina y la importante movilización de militantes organizada para arroparla en el acto de Maipú, marcan la estrategia de campaña del partido oficialista destinada a dar vuelta el resultado de las primarias de abril.

El PJ se moverá en dos niveles nítidamente diferenciados, por arriba y por abajo.

Por arriba, se extremarán las presencias y la influencia que puedan ejercer las figuras nacionales. La Presidenta fue la estrella máxima. Y llegó flanqueada por las caras principales de su gabinete, con notoria influencia de Axel Kicillof y de Aníbal Fernández.

Seguirá el desfile, en estos días, con los precandidatos a la presidencia, Daniel Scioli y Florencio Randazzo.

O sea, en dicho rango el peronismo se muestra como una fuerza movimientista, como un todo, como un pulpo que alcanza con sus tentáculos hasta el último rincón del país.

Ese mensaje se alimenta de la combatividad y la arrogancia cristinistas, de su infinita confianza en las propias fuerzas.

Por abajo, mientras tanto, el candidato a gobernador, Adolfo Bermejo, muestra la cara opuesta: su tono es amable, dialoguista, nada pendenciero y hasta respetuoso ante los arrebatos del oponente.

Bermejo se mueve a sus anchas en ese reposado vaivén del estilo Scioli. Candidato Buda o Gandhi. Con un toque de buen tipo barrial.

El volcán Paco
Si Bermejo es tranquilo como agua de estanque, las erupciones volcánicas, en el ámbito local, las aporta el gobernador.

Nadie ha podido ni nadie podrá apartar a Francisco Pérez del centro de la escena, donde le gusta fajarse a trompada limpia con el candidato radical Alfredo Cornejo.

“Así le hemos dispuesto”, dice el propio Pérez, para justificar su protagonismo, que no causa mucha gracia en el cuartel maipucino de Bermejo aunque este, fiel a su credo, no levanta la voz para expresarlo.

Horas después del paso de la Presidenta, Pérez volvió a la carga contra Cornejo acusándolo de haber sido mal ministro de Seguridad, de tener en Godoy Cruz las cuatro principales bandas de narcotraficantes y hasta de fomentar un negocio con la seguridad privada en Luján.

¿Cuál es el riesgo que asume Pérez con esta actitud sistemática? Convertir a Cornejo en una caricatura.

Significa, por ejemplo, que Cornejo “no tiene nada positivo sino que es pura negatividad. No representa realidades contradictorias sino propósitos crudamente perversos. No tiene carisma ni liderazgo ni buenos sentimientos ni por supuesto inteligencia. No es capaz de gobernar, nadie lo quiere, y desde ya que no puede siquiera soñar con ganarte la elección”, fórmula que enseña el experto en marketing político Daniel Eskibel.

Eso representa una caricatura del adversario político.

¿Y cuál es el corolario? Que “si luchas contra una caricatura, tú mismo te conviertes también, a ojos del electorado, en una caricatura. La máquina siempre mata al inventor”.

Cosas parecidas respecto de las campañas políticas negativas deduce Federico Fros Campelo en El cerebro del consumo: al principio, funciona, pero, a la larga, todos pierden.

El bajo perfil de Cornejo
Consciente de lo anterior, Cornejo, después de una brutal aparición en Las Heras tras imponerse en las PASO, ha bajado notoriamente el perfil.

Escuchó a sus correligionarios, incómodos con tanta agresividad (que le es connatural). Escuchó a sus asesores. Y también, seguramente, a su conciencia.

Para mantener su ventaja, Cornejo huye, pues, de la caricatura.

Desatiende los ataques de Pérez y se presenta a debatir educadamente, aunque con palabra firme, en cualquier foro con Bermejo y hasta con Noelia Barbeito, sin colgarse de ningún referente nacional externo.

El radicalismo provincial se cobija sobre sí mismo, respetando la investidura de sus dos figuras nacionales, el presidenciable Ernesto Sanz y Julio Cobos, que será primer candidato a senador en agosto.

Faltan dos semanas para votar.

Mendoza, por la apuesta personal de Cristina, elevó su valor simbólico.

El 21 de junio trascenderá la elección de gobernador.

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