Paco y Alfredo: ¿Vamos rumbo a dejar de pensar?

Paco y Alfredo: ¿Vamos rumbo a dejar de pensar?

jul 26, 15 • In Columnas, Política, Tapa

¿Estadistas o compadritos? La rencilla entre el Gobierno actual y el elenco entrante complica más a una provincia en dificultades

Alfredo Cornejo y Paco Pérez, (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador que llega y el que se va, Alfredo Cornejo y Paco Pérez (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Un articulista mexicano, Alfonso López Collada, se pregunta: ¿Vamos rumbo a dejar de pensar?. La proliferación de contenidos en la red y la posesión de teléfonos “smartphones” podrían hacernos creer lo contrario, que somos cada día más inteligentes.

Pero no.

Los que son más inteligentes son los aparatos. En cambio, nosotros, los usuarios, somos cada vez más dependientes de ellos. Usamos menos la mente.

Vamos rumbo a la esclavitud mental. A dejar de pensar.

Aprovechando la pregunta de López Collada (siempre es bienvenida una buena pregunta), cabría interpelarse, institucional y políticamente: “¿Los mendocinos vamos rumbo a dejar de pensar?”.

Dicho esto no por nuestra dependencia de internet -que la tenemos, como todo el mundo- sino por el espectáculo que brindan las máximas autoridades de la Provincia.

Aquellos que nos deberían motivar a pensar más y mejor.

No sucede, por el momento.

Entre los equipos que comanda el gobernador Francisco Pérez y los que lidera su electo reemplazante Alfredo Cornejo predominan los gruñidos, no el diálogo y el consenso.

Demasiado pernicioso para el conjunto, teniendo en cuenta la transición tan larga que nos espera.

Atenuantes en un país difícil
Hay atenuantes para que el coloquio entre los dos elencos de gobierno -el saliente y el entrante- no sea todo lo fluido y profundo que la delicada situación provincial amerita.

Uno de ellos es que las fuerzas políticas se hallan bajo la fuerte presión del clima electoral que definirá, nada más y nada menos, que el destino de la Nación.

Es muy difícil, en estas circunstancias, mantener la mente clara y el ánimo sereno. La tentación es producir, todo el tiempo, gestos para la tribuna. Se habla más con los medios que con la contraparte política.

Ha sido así casi todo el año y así seguirá siendo, quizá, hasta noviembre.

La campaña eterna embadurna cada uno de los actos de gobierno.

Por otro lado, está el ambiente político general, la temperatura del país, marcada en primerísima persona por la presidenta Cristina Fernández, que ha decidido saltarse todas las vallas del recato en materia de fair play electoral.

Su última decisión de convertir la cadena nacional directamente en un bien de familia, utilizando su trigésima versión de 2015 para apoyar la campaña de su hijo Máximo y la de su cuñada Alicia en el Sur, no deja margen alguno para un tránsito reposado y ecuánime hacia las urnas.

Mendoza merecería ser distinta
En la provincia, por fortuna, existen cortafuegos que atenúan este tipo de excesos que campean en la órbita nacional.

No existen, aquí, cadenas provinciales, Fútbol para Todos o reelección.

Desde 1983, se hilvana una saludable alternancia partidaria en el gobierno, lo que convierte, de paso, a la Legislatura en una bullente institución de la democracia, mal que les pese a los gobernadores de turno.

¿Qué les impide, entonces, pensar, dialogar, a los conductores del destino provincial?

Transparentar los números
Es cierto, por otro lado, que en un país donde para saber a ciencia cierta cuál es la inflación o cuántos pobres hay se debe recurrir a la información suplementaria de instituciones privadas, es farragoso ponerse de acuerdo sobre las cifras del erario.

Sin embargo, Mendoza no es la Nación.

Resulta insólito que ambos clanes, los de Pérez y los de Cornejo, sigan discrepando sobre números que deberían ser puros y duros. No hay justificación para que queden dudas sobre la cantidad de empleados, la deuda pública, el gasto y los ingresos, el financiamiento a futuro, las licitaciones en curso, etcétera.

Sobre las cuentas claras, Pérez y Cornejo deberían cimentar encuentros a nivel de políticas de Estado. Deberían, ambos, mostrarse como estadistas, no como guapos orilleros o gauchos alzados.

A Pérez le queda poco tiempo para dejar un legado a la altura del Espíritu Grande que pregonó durante toda su gestión.

Su próximo destino, si es que lo gana en las urnas, lo llevará al borde de la inexistencia política en ese limbo para jubilados VIP que será el Parlasur. Vivirá en una realidad virtual más lejana aún que la que envuelve Celso Jaque en Colombia, a menos, claro, que Daniel Scioli -si gana, también- le conceda un conchabo en su presidencia.

Y Cornejo, que no promete ninguna “grandeza” a futuro, consciente de la tarea dura que tiene por delante, también se beneficiaría generando un guiño que lo ponga por encima de la chata realidad provincial.

Lo va a necesitar; como líder, rol para el cual ya demostró, hasta aquí, contar con suficiente pasta.

Ninguno de los dos, es verdad, tiene a mano la posibilidad de inscribir una jugada en los libros de Historia como ha hecho Obama, por ejemplo, tendiéndole una mano a Cuba.

Pero, en un plano muchísimo más modesto, este interludio -la transición interminable- es para ellos una oportunidad de oro.

La oportunidad de mostrarse “distintos”.

Como ya tantearon, precariamente, en aquel recordado desayuno, la mañana siguiente de las elecciones provinciales.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/Paco-y-Alfredo-vamos-rumbo-a-dejar-de-pensar-20150726-0026.html

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