El peronismo mueve sus fichas para la renovación

El peronismo mueve sus  fichas para la renovación

sep 13, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Expectativas. El PJ mendocino apuesta todo a Scioli como presidente fuerte y, luego, a desplazar a los “mariscales de la derrota”

El gobernador y vice siguen los designios de Scioli. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Peregrinos del poder: el gobernador Pérez y su vice Ciurca tras la huella de Scioli (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Aunque falta un mes y medio para la elección presidencial, el peronismo ya está bosquejando la nueva etapa. El peronismo que viene.

Se trata de un ejercicio complejo porque el poder nacional, al revés que el provincial, no pretende darse por enterado del fin de ciclo.

“Si creíste que los K se iban a ir silbando bajito, no entendiste nada. #EsElPoderEstúpido”, escribía por estar horas en su red social Silvia Mercado, una estudiosa del fenómeno peronista.

Las 36 cadenas nacionales apiladas en 2015 más la presencia vehemente de la Presidenta sobre la escena pública demuestran que el síndrome del pato rengo no tendrá lugar.

No se vislumbra una pérdida paulatina, inexorable, de poder o de legitimidad de este gobierno que concluye sin reelección.

No por ahora.

Daniel, la esperanza blanca
El interrogante acerca del carácter que tendrá el recambio presidencial es más agobiante en las provincias.

Es tanta la dependencia que se tiene tierra adentro, que una escueta diferencia de matices en la cumbre puede definir una situación de asfixia o desahogo (obsérvese, si no, la delgada línea roja por donde transcurren las finanzas mendocinas).

Vista desde el peronismo local, la cosa empeora. Porque se ha perdido -feo- el gobierno y el eventual retorno depende de una larga travesía en el desierto. Sabiendo, por otra parte, como confiesa un referente calificado, que “a los peronistas nos cuesta movernos en la oposición. No estamos acostumbrados”.

Por ende, el PJ mendocino reza por un triunfo de Daniel Scioli en las presidenciales. Y peregrina de rodillas para que, una vez instalado en el Sillón de Rivadavia, el bonaerense se haga efectivamente con la totalidad del poder. Sin tutelajes.

Sin síndrome De la Rúa.

¿Cuándo arranca el motonauta?
Gustavo González recuerda que el síndrome del pato rengo (lame duck, en inglés), “es en realidad un término incorporado de la náutica, utilizado de manera peyorativa por los marinos a finales del siglo XVII para designar a los barcos averiados que sólo con ayuda de barcos mayores podían llegar a buen puerto”.

Y si hay alguien experto en materia acuática, en llevar una nave hacia la meta, ese es Daniel Scioli.

No hay nadie, prácticamente, dentro de la cúpula del peronismo mendocino -salvo el camporismo- que esté ajeno a esta expectativa.

“Scioli, en no más de seis meses, terminará de quedarse con todo”, vaticina un ex ministro de Pérez.

Otro hombre, de larga experiencia en las lides nacionales, ratifica el diagnóstico: “No hay otra salida. Es la lógica del peronismo. Debe haber una sola conducción, clara. Luego todos se ordenan detrás”.

¿Cómo sería el derrotero, según estos expertos vernáculos?

“Lo primero que debe hacer Scioli es cerrar con los caciques del conurbano, que son más importantes que los gobernadores porque te pueden armar una explosión en un distrito determinante como Buenos Aires. Luego, siguen los mandatarios provinciales”, es la evaluación.

De aquí se deriva un contratiempo adicional para los peronchos menducos: “Daniel quiere estar en buenos términos con todos los gobernadores. Por lo tanto, nos pedirá que tengamos un buen trato con Cornejo. Lo mismo sucederá en las demás provincias no gobernadas por el PJ”.

El cinturón protector se completa logrando la unificación del sindicalismo. El papa Francisco, dicen, actúa como garante de este acuerdo.

Ahora bien, ¿qué pasa con los gendarmes K que colocaron, supuestamente, en los flancos de Scioli?

Dictamen 1: “Aníbal (Fernández) es un gran histrión. Sabe lo que conviene. Se cuadrará ipso facto”.

Dictamen 2: “El Chino Zannini, que se ha ido volviendo un hombre práctico con los años, no demorará en explicarles a los militantes K más ultras que es necesario respetar los modos y el estilo de Scioli”.

Se apuesta, pues, a un retorno a las raíces, a la identidad peronista.

Mientras tanto, la primera estatua de Perón en la Capital Federal no la inaugurará Cristina sino Mauricio Macri y el Momo Venegas.

Será el 8 de octubre, en la plaza Agustín P. Justo. Cerca de la Rosada.

Un signo de los tiempos.

El recambio mendocino
El panorama local es más confuso que el nacional pues todas las miradas apuntan a los que llaman Mariscales de la derrota, con el gobernador Francisco Pérez y su vice Carlos Ciurca a la cabeza.

Como todavía está en ciernes la primera vuelta presidencial, los aprestos para diseñar la próxima conducción son subterráneos.

Los que pretenden una renovación estiman que, como “nadie quiere retirarse del lugar que ocupa”, habrá de librarse una batalla interna. Que puede ser traumática y larga.

Dos grandes grupos han quedado posicionados para tomar la posta: los azules, que integran los Bermejo (Maipú), Giménez (San Martín), Righi (Lavalle), Aveiro (Tunuyán), etcétera; son los huérfanos del Chueco Mazzón necesitados de hallar un nuevo padre. Y, por otro lado, los hermanos Félix en el Sur.

No sacan firmemente la cabeza aún. Están tanteando el terreno.

Les falta la última prueba. Será el 26 de octubre.

Si ahí ratifican su fortaleza territorial en las urnas, empezarán a soplar los vientos renovadores.

“No me estorba el que llega ni me hace falta el que se va”, dice el refrán.

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