Vivimos días formidables para nuestra democracia

Vivimos días formidables para nuestra democracia

nov 1, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Hacia el 22N. Hechos históricos en el país, como el debate presidencial y el balotaje. La UCR y el PJ mendocinos: el día y la noche

Los radicales festejando sus triunfos, Cornejo, Cobos y Sanz. (Ilustra Diego Juri para UNO).

Primera línea ganadora: Alfredo Cornejo, Julio César Cleto Cobos y Ernesto Sanz (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Pasaron más de treinta años de democracia. El tiempo de maduración que necesitó el país para hilvanar una serie de hechos formidables en materia de institucionalidad.

Se necesitaron tres décadas pero, al fin, pudo cuajar un debate presidencial. Con reticencias, al principio. Ahora, el domingo 15, con todos los galones que el acontecimiento merece para la elección conclusiva.

Tres décadas para arribar a una definición cabeza a cabeza -están técnicamente empatados- entre dos candidatos de parecidas cualidades en cuanto a respeto de la pluralidad. Con Daniel Scioli pidiendo a viva voz el voto del pueblo radical y con Mauricio Macri haciendo lo propio con el pueblo peronista.

Treinta años para completar, por primera vez en la historia, la grilla que prevé la nueva Constitución: PASO, primera vuelta y balotaje.

Treinta años para que algunos de los más colosales aparatos del clientelismo criollo -la famosa “vaca atada”- fueran descuadernados una semana atrás por la desobediencia del hombre común en el cuarto oscuro. Por el hombre rebelde.

Será un placer, una distinción ciudadana, acudir a las urnas el 22N.

Mendoza: un final anunciado
Vistos en perspectiva local, los comicios del domingo cumplieron a la perfección los vaticinios: crónica de un ajusticiamiento anunciado.

Y no solo por la tendencia que dibujaron las primarias de agosto, sino también por la catadura que mostraban los candidatos.

La fuerza Cambiemos, con el radicalismo triunfante de Cornejo a la cabeza, unía una serie atractiva de nombres propios, todos brillando en la campaña y en los afiches callejeros: Julio Cobos, Macri, Susana Balbo, Enrique Vaquié, Gabriel Fidel. Cada uno de ellos sumaba en el pozo común.

En el peronismo, al revés, había más restas que sumas. Solo Scioli tiraba del carro. Los demás eran lastre en la sábana, quizá con la sola excepción de Omar Félix, triunfador en el Sur, pero que iba demasiado oculto detrás de Fernández Sagasti; mero actor de reparto.

Conclusión: séptima victoria al hilo del radicalismo en lo que va del año y tres diputados nacionales.

Demasiado obvio. Demasiado desconsolador para un peronismo mendocino que volvió ahogarse en la inanición de la obediencia debida.

Un llamativo trío radical
En el plano individual, pocas veces los dirigentes radicales de Mendoza lograron un acierto tan significativo y tan trascendente como el que se anotó su primera línea: Alfredo Cornejo, Julio Cobos y Ernesto Sanz.

Como una primera línea de Los Pumas.

Cornejo unió y enfrenó, en primer término, al embrollado radicalismo parroquial, para ganar la elección de gobernador tras ocho años de administración peronista.

Cobos contribuyó a despejar la candidatura de Cornejo, se bajó de la candidatura presidencial para evitar fricciones y se anotó como el máximo ganador de todas las elecciones en la provincia.

Y Sanz subió, por primera vez tras el desastre de De la Rúa, a la UCR en un proyecto competitivo a nivel general, superando resistencias internas (incluida la de Cobos) para aliarse con Macri y con Carrió.

Los tres adquirieron gravitación nacional. Por eso acompañaron a Macri, arriba del escenario, en el cierre de campaña en el Orfeo de Córdoba.

Fueron solo éxitos electorales.

Ahora viene lo más difícil. Para Cornejo, gobernar con recursos magros. Para Cobos, integrar en el Congreso una respetable fuerza de alternancia. Y para Sanz, en principio, contribuir al triunfo el domingo 22.

PJ: paradojas de una derrota
Hay una paradoja que ayuda a la conducción del PJ local.

La derrota del domingo descomprimió un par de asuntos. Uno: que ya no quedará como él único oficialismo de ese signo en haber perdido la elección. Lo de Buenos Aires, complementado por lo de Jujuy, alivia de esa cruel excepción. Atenúa la caída.

En segundo término, quedan sepultados los reproches a la conducción partidaria por haber desdoblado las elecciones. Queda claro que caían igual. En junio o en octubre.

Y el domingo hasta podrían haber perdido algunas intendencias clave que consiguieron retener en junio.

El futuro, a partir de estas circunstancias, no se presenta demasiado incierto todavía porque Scioli tiene algo de nafta en el tanque para su carrera presidencial.

De todos modos, la dirigencia local se mueve a tientas, entre la neblina. No entiende los continuos ataques del kirchnerismo duro hacia Scioli. No entiende la elección de Aníbal Fernández en Buenos Aires. No entiende ni digiere demasiadas cosas.

Aun así, un triunfo del bonaerense ayudaría a suturar buena parte de las heridas, que sangran cada vez con mayor profusión. Y probablemente les abra una decorosa puerta de salida al gobernador Francisco Pérez y a su vice Carlos Ciurca.

Un triunfo de Macri, en cambio, acelerará el proceso de reconversión del PJ provincial que, de todos modo, habrá de producirse.

Ha sido un año duro para todos ellos. Puede consolarlos, como subterfugio de diván, el grupo Fuck Up Nights, un movimiento dedicado a enaltecer el fracaso, a convertir la frustración en proyecto de salida.

Se trata de mirar adelante.

Como dice Juan Villoro, valorando el espíritu de Fuck Up Nights, “no hay triunfos sin heridas y sólo gana quien se lleva bien con la derrota”.

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