Nadie podrá quitarnos esta noche lo bailado

Nadie podrá quitarnos esta noche lo bailado

nov 22, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Día histórico. Fue un final de campaña con más chicanas que ideas. Emociona, igual, el primer balotaje de nuestra democracia

Macri y Scioli. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Mauricio Macri y Daniel Scioli posando para la posteridad (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Final a todo orquesta para un largo calendario electoral que trajo algunas pocas confirmaciones y varias novedades históricas.

Han sido históricos, entre otros hechos, el doble debate presidencial y el balotaje que se define hoy. Trascendencia que aumenta en emotividad y en contenido debido a la extrema paridad que arrojó la primera vuelta del 25 de octubre entre los dos contendientes, Daniel Scioli y Mauricio Macri.

Resulta histórica, también, en término partidarios, la consolidación, en pocos años, de una fuerza como el macrismo, ajena al tradicional bipartidismo argentino, que logró imponerse en un bastión determinante como la provincia de Buenos Aires y llegar a disputar nada menos que la presidencia este domingo.

El mapa político argentino ya es otro.

Las sensaciones que ha ido transmitiendo el electorado también.

Es la política en tiempos de las redes sociales.

Algo que las vetustas dirigencias, acostumbradas al clientelismo estanciero, a la fullería mazorquera de los punteros, no logra decodificar.

Ha sido tan intensa la carga eléctrica inyectada por estas súbitas innovaciones, que terminó afectando seriamente la discusión pública de estos últimos días.

La terminó ensuciando.

Conclusión: el intercambio de opiniones entre ambos cuarteles partidarios adquirió, tal cual temía Santiago Kovadloff, un “carácter cloacal”. Abundaron los insultos y faltaron las ideas.

Todas las barreras inhibitorias se fueron superando, poco a poco, para llegar a delirios metafísicos o teologales con tal de clavarle una pica al adversario.

Se mentó a Dios y al Diablo. Y hasta Francisco quedó en medio del fuego cruzado, con voceros de uno y otro lado tratando de llevarse a su carpa, subrepticiamente, un anillo o una tira de sandalia papal.

Pese a lo indecoroso de este cierre de la competencia, nada le quita al día de hoy su relevancia histórica.

Nadie nos quitará esta noche lo bailado.

Esperando a mañana
No hace falta que esperemos el conteo definitivo para entender que la Argentina ya es otra.

De todos modos, está clarísimo que si gana Macri el cambio será más efusivo y si gana Scioli el cambio será más afelpado.

También queda claro que la verdadera plataforma política, las medidas prácticas en serio, se empezarán a conocer recién a partir de mañana. En la campaña electoral Scioli y Macri lanzaron generalidades, vagas expresiones de deseo, cuando no chicanas all uso nostro.

Escondieron las cartas principales bajo la manga.

La gente lo sabe y no espera mucho más.

Aunque alguna euforia anticiparon los mercados, con el Merval “en máximos históricos”.

Oh… qué será, será…
Lo que sí cambiará rotundamente a partir de esta noche será la suerte de cada uno de los contendientes y sus respectivos círculos rojos.

Ambos, sin embargo, tendrán por delante un factor común a domeñar, un misterio a resolver: el rol de Cristina Fernández desde la crisálida en donde se envuelva.

Scioli, si gana, deberá rápidamente consolidarse como el macho alfa del peronismo para ejercer el poder sin condicionamientos severos. Su mejores socios serán el PJ, los gobernadores y la cúpula gremial.

Macri deberá efectuar alianzas más amplias, pero tiene una sólida base de sustentación en su liga política, en jefe sindicales como Hugo Moyano y en los gobiernos de Capital Federal y de Buenos Aires.

La derrota, por otra parte, es muy distinta.

Para Scioli significaría poco menos que la muerte política y abriría un fascinante proceso de generación de nuevos liderazgos dentro del peronismo.

Una eventual derrota para Macri sería más benévola. Habrá quedado en el umbral de la proeza y como referente ineludible de la oposición junto a Massa.

Mendoza espera el resultado
Las dos principales fuerzas partidarias de Mendoza esperan el resultado de hoy con gran expectativa.

Para el nuevo gobierno que encabeza Alfredo Cornejo lo más provechoso sería un triunfo de Macri. Han hecho las respectivas campañas electorales abrazados y se descuenta una inmejorable sintonía.

Una victoria de Scioli, a pesar de todo, no sería mala noticia. Los lazos están tendidos y hay voluntad por parte del bonaerense para atender las necesidades provinciales.

Para el peronismo mendocino solo hay un resultado consolador: que Scioli sea presidente. Eso atenuaría, en algo, la tremenda seguidilla de fracasos electorales que se repiten desde 2013, sin tregua, sin descanso.

Hasta tal punto, que han sumido al gobernador Francisco Pérez en una entendible -y respetable- melancolía: durante la semana renunció a cualquier cargo público que haya por delante y delegó anticipadamente el liderazgo partidario en los intendentes Bermejo, Félix, Giménez y Righi.

Dice Alicia Dujovne Ortiz en La más agraciada que “el peligro de las víctimas reside en que no estallan hacia afuera, son bombas que al destruir hacia adentro llenan de culpa”.

Hoy será una fiesta de la democracia. Para unos, con tono de fiesta total. Para otros, con el ambiguo sabor de lo agridulce.

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