“No me jubilo ni me voy a la isla Martín García”

“No me jubilo ni me voy a la isla Martín García”

nov 29, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Aclaración necesaria. Sanz deja el gabinete para privilegiar a su familia. Pero sigue colaborando con Macri: “En esto nos va la vida”

CARICATURA 176 (reducida)

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

En medio de la emoción por el triunfo del domingo, se instaló tempranamente una duda inquietante en el seno de Cambiemos.

Pocas horas después del logro presidencial de Mauricio Macri, el lunes pasado apenas, Ernesto Sanz confirmó distintas versiones veladas declinando ocupar el Ministerio de Justicia mediante una extensa carta en Facebook.

A partir de ahí, hubo un sinfín de explicaciones especulativas entre periodistas y políticos.

Decían –y remachaban– que Sanz abandonaba la actividad política como tal. Lo cual atizaba aún más el estupor, dado todo lo que había conseguido el senador mendocino como presidente nacional de la UCR.

Sanz desmiente esto último con nitidez: “No me jubilo ni me voy a la isla Martín García”.

Concluyente.

La familia es lo primero

El comunicado de Sanz en la red social dejaba un amplio margen para las especulaciones, es cierto.

Encima, lo hacía unas horas después de la victoria histórica de una alianza que él, como pocos, había contribuido a forjar. Peleando, muchas veces, contra viento y marea dentro su propio partido.

No hay nada raro, sin embargo.

“Es una razón estrictamente personal. Una razón de vida. Quiero priorizar en esta etapa a mi familia, después de muchos años de quitarle tiempo por una actividad que me apasiona, como la política”, es su explicación ampliada.

Sanz habla este fin de semana desde San Rafael, que es su lugar en el mundo. Lo hace mientras mira, en primer lugar, a su mujer, Cristina (“una divina”, la llama), a quien intentó ambientar en Buenos Aires.

Fue en vano. Para Cristina vivir en la Capital resultó un calvario.

“Los últimos tiempos pasaba seis días de la semana fuera de mi casa”, relata Sanz, como una oquedad que ya no se considera en condiciones de sostener al borde de cumplir 60 años.

Mira también a sus hijos. A sus nietos. Se enternece. “Es aquí donde quiero estar”, remarca.

Custodio de la coalición

“Estoy en el mejor momento de mi carrera política. Por eso mismo puedo tomar esta decisión”, se ufana.

Pero su paso al costado apunta solo a cargos públicos, en el gobierno de Macri o en su partido.

Va a permanecer adentro, no obstante, como apoyo logístico. Como “custodio”. Así le gusta definirse.

No quiere que haya desviaciones perjudiciales para Cambiemos, una sociedad que tanto costó afianzar.

“En esto nos jugamos la vida”, advierte. “Si el macrismo y el radicalismo fracasamos esta vez, entonces el país quedará en manos del peronismo para siempre. El peronismo se convertirá en el PRI mexicano” (el nuevo gobernador Alfredo Cornejo piensa de manera similar: “El radicalismo sólo tiene una opción: que a Cambiemos le vaya bien”).

La colaboración de Sanz con Macri, por lo tanto, será absoluta para el tiempo que viene.

Sabe que cuenta con la confianza y la comprensión del nuevo presidente. De lo contrario, no hubiera sido Sanz, junto con Marcos Peña, el encargado de hacer los primeros anuncios de victoria, en Costa Salguero, la noche del domingo inolvidable.

Y una prueba de esa mutua colaboración y confianza es que los tres ministros radicales nombrados por Macri, Ricardo Buryaile (Agricultura), Julio Martínez (Defensa) y Oscar Aguad (Comunicaciones), fueron tres de las espadas con que contó Sanz en la determinante convención radical de Gualeguaychú, cuando se impuso su tesis de acordar con el PRO y la Coalición Cívica.

También Susana Malcorra, la flamante y prestigiada canciller, podría colocarse bajo ese paraguas.

Habría que añadir a Lucas Llach (compañero de fórmula de Sanz en las PASO) como integrante del Banco Central bajo la futura conducción de Federico Sturzenegger.

Un riesgo: morir por absorción

El radicalismo ha dado un salto gigantesco en este año electoral.

Aun así, cabe formular una pregunta molesta: ¿no está en peligro la UCR de desaparecer bajo el cuerpo mayor de Cambiemos, cuyo liderazgo indudable pertenece al PRO?

Sanz acepta este grave interrogante. Y lo resume con un título teatral: “El radicalismo estaba a punto de morir por inanición, ahora corre el riesgo de morir por absorción”.

Es la gran apuesta: fortalecer Cambiemos y mantener la identidad como partido al mismo tiempo.

Tiene un buen ejemplo a mano: la Concertación chilena, en donde ni la democracia cristiana ni el socialismo desaparecieron para mantener una fuerza exitosa en el tiempo.

Por eso mismo, su máximo referente es Ricardo Lagos. “Sé que estoy muy lejos en merecimientos para compararme con Lagos. Pero él es mi ejemplo e inspiración”.

Queda un asunto pendiente: Sanz deja la presidencia de la UCR en un momento casi heroico de su gestión.

Pareciera un vacío difícil de llenar.

A Sanz no le preocupa. Ve a dirigentes de su partido con un enorme futuro para esa misión.

Son varios. Él se regodea con un póker de ases: el santafesino José Corral, el cordobés Ramón Mestre, el porteño Martín Lousteau y el mendocino Alfredo Cornejo.

Cornejo, dicho sea de paso, tiene un bolonqui tan grande para resolver en la provincia que, por el momento, no está interesado en probar con la conducción nacional.

Pero esa ya es otra historia.

Argumento para un nuevo capítulo. Esta novela recién comienza.

http://www.diariouno.com.ar/afondo/No-me-jubilo-ni-me-voy-a-la-isla-Martin-Garcia-20151129-0020.html

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