“Jefecito” Cornejo: más acción, menos eslóganes

“Jefecito” Cornejo: más acción, menos eslóganes

dic 13, 15 • In Columnas, Política, Tapa

Con don de mando. Concepto central del gobernador: “Soy un empleado público más”. O sea, “la patronal son los mendocinos”

El "Jefecito" Cornejo como Mascherano ordenando la cancha. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El “Jefecito” Alfredo Cornejo y Masche (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El fútbol es una de las mejores metáforas para entender el país. Obsérvese la larga marcha popular de Mauricio Macri que lo depositó en la presidencia.

Boca Juniors fue su privilegiada rampa de lanzamiento.

El flamante gobernador de Mendoza también es futbolero. Tombino, apasionado de Godoy Cruz, como corresponde a un dirigente consecuente con su territorio.

Dicen, los que han visto jugar a Alfredo Cornejo, que tiene don de mando desde el medio campo. Ordena, habla, reubica las piezas.

Es un Mascherano. Un Jefecito.

El típico capitano.

Y, fiel al estilo del Jefecito, sin ser un negado con la pelota en los pies, tampoco es un talentoso deslumbrante, un fantasista.

Despliegue, garra y predisposición son lo suyo.

Gobierno de acción
Según la simbología futbolera, la expresión que define a Cornejo no es la elegancia sino la contundencia.

Orador opaco, igual que Macri; pero sin la cordialidad que posee el Presidente para decir lo suyo.

Cortante, rotundo, sin florilegios, sus frases dejan escaso margen para las interpretaciones. No habla bonito, pero se da a entender.

“Se acabaron los gobiernos de eslogan, viene un gobierno de acción”, dijo el miércoles al asumir.

Esa idea lo resume.

El “empleado público”
Que Cornejo es un jugador de toda la cancha al servicio del equipo y no una vedette solitaria lo grafica este concepto de su oratoria inaugural: “Soy un empleado público más”.

Esta postura es central, mucho más significativa que las otras definiciones sobre las áreas de gobierno o que algunas de las “revoluciones” que desea protagonizar, como las de la educación o la del agua.

Al autodefinirse como un empleado público está devolviendo las cosas a su orden natural, al origen del contrato social por el que se rige la política: el Estado debe estar al servicio de la gente, del ciudadano que lo sostiene, y no como ocurre ahora.

Hoy, la sociedad se está endeudando por encima de sus posibilidades para sostener una carga pública ineficiente, obsoleta, insaciable.

“El dinero es de todos los mendocinos, no es nuestro”, es la noción que lo redondea. “Hay que administrar bien los recursos de la gente. No quiero Gobiernos vendehúmos”.

En resumen: “Que quede claro que la patronal son los mendocinos”.

Se agradece. Nunca quedó tan claro entre nosotros.

Empieza peor que Paco
Hace cuatro años, en esta misma columna se dijo, al llegar el nuevo gobierno, que Paco Pérez necesariamente debía ser mucho mejor gobernador que sus antecesores Cobos y Jaque porque, a diferencia de ellos, no lo recibía un país con viento de cola, creciendo a tasas chinas, sino al revés. La recesión y el parate que iban a carcomer el segundo turno de Cristina ya estaban a la vista.

Pérez no pudo brillar como piloto de tormentas y su ambicioso eslogan Espíritu Grande se terminó pinchando cual globo de cumpleaños.

Ahora ni siquiera hay eslogan. Cornejo no lo quiere. Necesita ponerse el overol porque la situación es peor que cuatro años atrás. Está directamente en medio de la tormenta, acosado por rayos y centellas.

Eso le da una ventaja: la posibilidad de meter el bisturí a fondo en áreas que la pereza mental y la rutina mantenían como intocables.

Un peronismo de la derrota
El peronismo ha mirado las distintas ceremonias de esta semana desde el balcón de los invitados.

Y su versión local fue coherente con su accionar de este tiempo: a contramano del dictamen popular.

El faltazo en el Congreso que dieron los cuatro legisladores nacionales del PJ por Mendoza (Abraham, Carmona, Miranda y Fernández Sagasti) para la asunción de Macri, un presidente que hizo “un enfático llamado a la unidad, al diálogo, al trabajo en equipo, a la racionalidad económica y al respeto institucional”, es prueba de ello.

“Es una pena”, reconoció Abraham. Pero faltó igual.

La conducta de los cuatro ratifica porqué el peronismo perdió aquí todas las elecciones desde 2013 a la fecha. Nueve veces fueron castigados sucesivamente solo este año.

Es evidente que la ciudadanía de Mendoza no comulga con dicha conducta ovejuna.

Hay otro peronismo en curso que abre una ventana refrigerante.

Como el del salteño Juan Manuel Urtubey.

Como el del mismo Daniel Scioli quien, aun derrotado, saludó con pundonor a su rival, le transmitió el mando provincial a María Eugenia Vidal, acudió a la jura de Macri y fue a entrevistarse finalmente con el mandatario entrante.

En Mendoza, el buen ejemplo lo dio uno de sus representantes más republicanos, un caballero de la política, Adolfo Bermejo.

El ex candidato a gobernador puso el jueves en su cuenta de Twitter: “Asistir a la Asamblea donde jure el Presidente es un deber institucional y una obligación moral con el Pueblo que elige a sus representantes”.

Con el valor de un manifiesto.

Javier Mascherano deja una gran enseñanza en su libro Los 15 escalones del liderazgo.

Dice: “Por más que estés pasándola mal, tenés que levantarte cada día con ganas de comerte el mundo. Nunca sabés qué tiene pensado el destino para vos”.

Pensamiento de Jefecito.

http://www.diariouno.com.ar/mendoza/Jefecito-Cornejo-mas-accion-menos-esloganes-20151213-0045.html

 

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