Pasando la escobita en la Argentina “del apriete”

Pasando la escobita en  la Argentina “del apriete”

ene 10, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Evolución. El país necesita un sinceramiento y un modo más civilizado de negociación sectorial. Menos ñoquis y menos déficit

Los intendentes de Guaymallén y Las Heras, Marcelino Iglesias y Daniel Orozco con el recorte. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Los intendentes de Guaymallén y Las Heras, Marcelino Iglesias y Daniel Orozco (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Hace un mes, tan solo, de la asunción del nuevo gobierno, en su versión nacional o provincial. Pero da la impresión de haber pasado un año.

Tal es el vértigo y la intensidad de la agenda pública.

La persecución, ayer, de los hermanos Lanatta y de Víctor Schillaci es un capítulo central e insólito de la alocada agenda veraniega.

Capítulo que no se agota en la problemática policial y de lucha contra el narcotráfico, sino que se extiende a la refriega política, de alto voltaje, instalada desde los inicios de la campaña presidencial.

El hervidero puede seguirse en estos días a través de las redes sociales.

Un emblema del clima reinante es Aníbal Fernández quien ayer, la fecha de su cumpleaños, apenas enterado de la aprehensión de Martín Lanatta, escribió en Twitter: “Lo agarró un bache”.

Ironías, puntazos de este nivel ilustran el tono dominante.

La reconstrucción de la realidad
Por debajo del cotarro que atañe a nuestras fuerzas de seguridad, propias de la novela o el cine negros (¿o la comedia?), hay otro maremágnum de no menor intensidad.

Hace a la cuestión estructural. Al país que necesita volver a mirarse en un espejo que le devuelva una imagen real y no la edulcorada por la lente deformante del “relato”.

La reconstrucción del Indec, en el plano nacional, y de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas, en Mendoza, son parte de este arduo capítulo.

Mientras, habrá que moverse a tientas durante este comienzo clave del año calendario en donde se definen, entre otras cosas, las negociaciones paritarias.

Es un tramo delicado porque, ante la ausencia de números confiables y luego del impacto que significó la salida del cepo, cualquiera lanza guarismos al voleo en función de sus propios intereses, en función de los “aprietes” que tiene en mente.

Demasiado temprano, aún, para que el país se acomode a otra lógica de acuerdo, a un modo más civilizado y técnico de alcanzar consensos.

Pasando la zaranda
Poner en foco la realidad será, entonces, una tareas prioritaria.

El terreno es ambiguo, pantanoso.

Por ejemplo, el excanciller Héctor Timerman, de nuevo en la arena tuitera, afirmó, comentando algunas vicisitudes de las últimas horas: “Represión y regresión. Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner se crearon millones de nuevos empleos”.

Las alusión puede caberle a lo que sucedió en el municipio de La Plata, por la disuasión contra manifestantes que reclamaban contra los despidos; también a la zaranda laboral que se está pasando en el Senado de la Nación, en el Centro Cultural Kirchner, en la Santa Cruz de Alicia Kirchner y en una infinidad de reparticiones, a lo largo y a lo ancho del país, donde se hace complicado diferenciar entre trabajadores cabales, militantes o amigotes ingresados a último momento y meros ñoquis.

La limpieza que el gobernador Alfredo Cornejo realiza en la planta de personal de exfuncionarios políticos de su antecesor Francisco Pérez es parte de este acontecer nacional.

También lo que se da en distintas municipalidades, con Guaymallén y Las Heras como los casos más impactantes de la provincia.

Una verdad: las cuentas en rojo
Todo depende del cristal con que se mire. Según Timerman, en la creación de empleo que alentaron Néstor y Cristina, “más del 80% (fue) en el sector privado”.

Alude a la parte virtuosa del ciclo, básicamente a la presidencia de Kirchner. En los cuatro años finales de Cristina el proceso se degradó: economía frenada, inflación en el top five mundial, sector privado sin creación sustantiva de empleo y el Estado como gran empleador.

Por eso estalló el déficit en todos los frentes: el nacional, el provincial y el municipal.

Nada lo ilustra mejor que el fin de ciclo de Paco Pérez: enormes dificultades para pagar sueldos, endeudamiento progresivo solo para afrontar el gasto corriente, deuda abultada con los proveedores, etcétera.

En municipios como Luján y Guaymallén se llegó al colmo de dejar al vecino en un total abandono: con calles intransitables y la basura sin levantar.

Dentro de este panorama hay que encuadrar la escobita barredora que blanden algunos jefes comunales.

Con más pericia unos que otros.

Marcelino Iglesias, ya que estamos, afronta una situación más delicada pero es un curtido dirigente y demostró una mayor cintura política que Daniel Orozco para algunas situaciones.

En este ir y venir es posible que haya algunas inequidades. Que paguen justos por pecadores, que paguen simples y honestos laburantes por avispados ñoquis.

Pero es inevitable la recomposición del Estado. De lo contrario, el colapso aparece como inevitable.

De las “habilidades para capear temporales”, como dice Mora y Araujo, que demuestren Macri, Cornejo, los intendentes y compañía, dependerá que este itinerario culmine de manera positiva o negativa.

Está en manos de ellos. Y de los demás actores en pugna.

De la Argentina, en definitiva. Hoy, la Argentina del apriete.

Apriete que, según el diccionario lunfa, significa “acción de presionar, oprimir, de conminar, hasta de intimidar”.

Otras maneras de tratarnos han de ser posibles.

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